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domingo, 14 de septiembre de 2008 |
Por/Carlos García García Desde la Mesa Mota
LAS PROCESIONES.Desde casi el comienzo de la presencia de la imagen del Cristo en la isla, esta realiza procesiones a través de la misma. En tiempos de sequías, como por ejemplo en 1562, se acuerda por el Cabildo de Tenerife sacar a la imagen en procesión lo mismo que ocurre con la Virgen de Candelaria. Esto se repite en 1556, 1571 y 1577. En 1585 fue llevado el Cristo a la iglesia de Los Remedios, hoy Catedral, para interceder ante una plaga de langostas. De la misma manera, en diferentes epidemias fueron realizadas procesiones por las calles de la ciudad De La Laguna. Pero no solo en estas circunstancias salía el Cristo lagunero en procesión. También para rendir culto al Santísimo, nos cuenta Quirós, el Cabildo eclesiástico de los Beneficiados y otros del clero, hicieron asiento con los franciscanos del convento, para que el día de la Exaltación de la Cruz (que es el 14 de septiembre y se celebra la fiesta del Santo Crucifijo), saliese por las calles mas principales de la ciudad en procesión, y que todos le acompañen juntamente con los religiosos. Desde entonces deriva la costumbre de sacar en procesión al crucificado en el día de su fiesta, aunque la llamada “Procesión del Retorno”, que es la que tiene lugar al mediodía del día principal de las fiestas, es una aportación más moderna y novedosa, de pocos años, con la que el Cristo regresa a su Santuario tras haber permanecido durante varios días en la Iglesia Catedral recibiendo el culto popular de su ciudad. |
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viernes, 12 de septiembre de 2008 |
Por/Carlos García García Desde la Mesa Mota
CAMBIAN LAS FIESTAS.Los primitivos festejos de toros, cañas, comedias y saraos, que antes se realizaban en la víspera, fueron sustituidos por las máscaras y tapadas que solas o en cuadrilla, reunía la extensa plaza a la que se llamaba “Patio del Cristo”. Las mas honestas y comedidas con sus chácharas, excitaban por lo menos la curiosidad de galanes y viejos verdes, sacándoles con donaire, galas y adornos mujeriles que se vendían a subido precio en las tiendas que de éstos géneros se improvisaban, otras mas libres y descocadas, a más de limpiarles los bolsillos con los obsequios de que no se veían saciadas, eran el escándalo vivo que se paseaba por la plaza, situaciones que nos relata Rodríguez Moure. Tras la fundación de la Esclavitud se hace cargo de la organización de los festejos un Esclavo Mayor y dos diputados, según establece la cláusula XII de sus estatutos, y aunque los mismos limitaban los gastos, no pudiéndose hacer mas de dos o tres comedias, unos fuegos de noche antes de las fiestas y algunas danzas, siempre fueron magníficas y de gran esplendor, durando las mismas ocho días como así lo atestiguan las crónicas. |
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miércoles, 10 de septiembre de 2008 |
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Por /Carlos García García Desde la Mesa Mota   La imagen del Santísimo Cristo de La Laguna recibe culto público desde el año 1520 en que fue traída al Convento Franciscano de San Miguel de las Victorias tras haber sido donada al primer Adelantado de Canarias, Alonso Fernández de Lugo, por el Duque de Medina Sidonia.
Es sin duda las más venerada imagen de Cristo de todo el archipiélago canario, teniendo gran devoción por ella desde los primeros momentos en que se expuso al culto, habida cuenta de que se trata “de un pueblo formado por españoles del siglo XV y una cristiandad nueva, noble y de generosos sentimientos cual fuera la de los Guanches”, a decir de Rodríguez Moure.
El origen de los festejos en honor del Cristo de La Laguna hay que buscarlo siglos atrás, prácticamente desde el comienzo de la veneración pública de la santa imagen.
Núnez de la Peña nos cuenta que los mismos eran anteriores a la fundación de la Venerada Esclavitud, que en el año de 1659 fue constituida y compuesta por treinta y tres caballeros en memoria de los años de Cristo.
Los festejos consistían entonces en comedias, saraos, toros, torneos, libreas y luminarias y el Proveedor de las fiestas, que casi siempre era un caballero de la nobleza invitado por los religiosos franciscanos, al final de las fiestas ofrecía un valioso obsequio para embellecimiento del templo. Por ejemplo, en el año 1630, el regalo consistió en la Cruz de Plata que sustituyó a la de madera y que fue realizada por el Regidor de ésta isla y Señor de la Gomera y el Hierro, Don Francisco Baptista Pereira de Lugo.
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viernes, 15 de agosto de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
Motivos típicos de la fiesta.- La romería de antes comenzaba con la llegada de los peregrinos a Candelaria desde el 13 de agosto que, a pie, recorrían los senderos y caminos de toda la isla. Se visitaba el santuario y se ofrecían velas y latas de aceite que, en promesa, se traían, y a cambio se recibían unas diminutas velitas verdes y unas cintas de colores amarillas y rojas. El día 14 se recibía a la mayoría de los peregrinos que, en carros engalanados o a lomo de bestias, se acercaban de los pueblos más cercanos o, incluso, llegaban en embarcaciones desde Santa Cruz. Eran éstos últimos los más alborotadores y animados pues con sus parrandas, animaban la calle de la Arena, que se vestía de turroneras, ventorrillos y un sinfín de puestos verbeneros. La Plaza, antes llamada de la Cera o de las Arenas, se animaba con miles de fieles y se escuchaba el tronar de los voladores. Existía la costumbre de saltar a los claustros del convento, llenándose los corredores de personas que saltaban violentamente sobre los pisos de madera, haciendo crujir y tambalear los mismos. Mientras esta manifestación alegre sucedía, otro grupo de mujeres, más devotas, cumplimentaban sus promesas de caminar de rodillas por la misma arena o dentro del templo con velas encendidas. La culminación de la fiesta llegaba al anochecer con la procesión de la Virgen, quién a lo largo de la playa desfila en compañía de los fieles, alumbrando la comitiva las luces de las bengalas y las antorchas, con sonidos de ajijides y cantos. Pero no solo hay devoción en la fiesta. También lo pagano y popular, lo mundano, tiene cabida en la misma. Las letras de las isas y las coplas que entonan las parrandas tienen fama merecida de cierta amoralidad rozando en lo irreverente. Es la suma de factores como la diversión, las risas, los tragos de vino, el “carro de romeros” que, como cuenta maravillosamente Amaro Lefranc en sus “Turrones de la Fiesta”, hace decir a un forastero mientras escucha los chillidos y ajijides al pasar : |
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miércoles, 13 de agosto de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
 Litigio con los aborígenes.- Los descendientes de los primitivos guanches sostuvieron con las autoridades del Cabildo y con la misma iglesia, un pleito que se prolongó muchos años por mantener el privilegio, que sus razones poseían, de cargar a la imagen en las procesiones. La causa deriva de que el 2 de febrero de 1587, por parte del Cabildo, los guanches fueron despojados de su derecho, habiendo sido maltratados e interrumpidos durante la procesión. Por ello acudieron a la Audiencia, la que despachó una Real ejecutoria, dándoles la posesión y amparo que pedían, con obediencia por parte de todos. Volvieron en otra ocasión a pleitear su derecho hasta delante de Felipe III, quién los amparó y les encomendó la comisión de defender y vigilar el santuario, bajo las órdenes de los Capitanes Generales, los cuales delegaban en los Priores del convento. Los hechos que Rodríguez Moure nos relata parecen haberse desarrollado de la forma que a continuación se refiere. Cristóbal Trujillo de la Coba, Regidor del Cabildo, asistió a la fiesta el 2 de febrero de 1587 en representación de este cuerpo. Era hombre violento y en su calidad de castellano, soberbio y despectivo hacia la raza guanche, como pensara que era mucho honor para los naturales el tener la exclusiva de cargar a la Virgen, trató de arrebatarles esta prerrogativa, ordenando ser él quien sacara las andas del trono. Los naturales rodearon las andas y, tomándolas, sacáronla fuera de la Capilla Mayor, hecho que provocó la ira de Trujillo, quién intentó arrebatar las andas que llevaban los guanches, gritándoles ofensas contra ellos, tales como, vellacos, pícaros y guanches de baja suerte. Con este tumulto el Vicario del convento determinó que dos frailes y dos naturales sacaran a la imagen, por lo que de nuevo Trujillo trató de arremeter contra ellos, cosa que no logró al amenazarle con la excomunión el Vicario de la isla. Cuando ya había recorrido un buen trecho la procesión, de nuevo acomete contra los que llevaban la imagen, diciéndoles insultos y afrentándoles por su origen, actos que obligaron a la concurrencia a amotinarse, en cuyas revueltas se rompieron las andas y resultaron varios contusionados y heridos, entre estos un hombre y un niño a los que se les fracturó un brazo al caer atropellados en la pelea. La sentencia de la Audiencia fue: “Fallamos que Pedro Fernandes, representante de los naturales, queda amparado junto con los naturales a la posesión de sacar a la Imagen de Ntra. Sra. De Candelaria en sus hombros, tomándola desde el altar y restituyéndola a él, bajo multa de 50.000 maravedíes a los que perturvaran”. |
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martes, 12 de agosto de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
Primeros y sucesivos templos.- Alonso Fernández de Lugo encontró, en 1497, a la Santa Imagen en la cueva de Achbinico o de San Blas, celebrando allí la primera fiesta de la Purificación, según lo narra Espinosa, viéndose por vez primera una procesión católica en las playas de Tenerife, portando a la Virgen a hombros de los menceyes de Güimar, Taoro, Anaga y Tacoronte, distinción que correspondía de justicia y en las que, años adelante, los descendientes de los guanches fundamentaron el derecho de pertenecerles el cargar la Santa Imagen, por juro de heredad. Pero ésta cueva no fue el primer asentamiento donde permaneció la Virgen. Antes, y desde el momento de su aparición, fue venerada por los aborígenes de Chinguaro, en el auchón propio del mencey de Güimar, donde por acuerdo de todos los menceyes de la isla, permaneció y recibió culto y veneración. Se estima que la estancia en este lugar fue de cincuenta y cuatro años. La intervención de Antón Guimares, al conocer la existencia de la Virgen en este entorno, condiciona el traslado de la misma a la cueva de Achbinico o de San Blas, por no ser decente el lugar donde se encontraba, y donde el mismo Antón y Pedro de París, sacerdote francés, quedan al cuidado de la cueva, lugar conocido por los naturales ya que el lugar era utilizado para ordeñar sus ganados. En esta cueva permanece la Virgen hasta después de la conquista, sumando unos cincuenta años de permanencia. En 1526, treinta años después de que Lugo localizase en Achbinico a la Virgen, por orden del 2º Adelantado, Pedro Fernández de Lugo, se le construye el primer templo de fábrica, a escasos metros de la famosa cueva, aunque este no parece del agrado de la Señora, pues, según cuenta la leyenda, por la noche se restituía la imagen a su primitiva morada, hasta que por fin, mediante ruegos y oraciones, se logró que la misma quedara fija en el templo. Desde ese momento y al salir la Virgen de Achbinico, se coloca en el altar la imagen de San Blas, por lo que, el 3 de febrero se celebra su fiesta y comienza a conocerse la gruta con el nombre del santo. Esta se convierte en iglesia parroquial, a partir de 1543, hasta la nueva construcción de la parroquia de Santa Ana. Junto a esta cueva-templo, y en vista de las frecuentes romerías, se construyen algunas dependencias para los capellanes y para los peregrinos que no encontraban donde guarecerse. No obstante, debido a la mala gestión y cuidado de los capellanes, los fieles comenzaron a retraer las visitas a la Virgen, razón por la cual el obispo Luis Cabeza de Vaca pone al santuario bajo el cuidado de los religiosos de Santo Domingo en el año 1530.
El siguiente templo fue obra del obispo García Ximénez quién, en 1672, mandó a construirlo, más o menos donde hoy se encuentra la actual basílica y que fue destruido en el incendio de 1789. Estuvo protegido y vigilado por un fuerte que defendía el santuario de cualquier ataque exterior. Se volvió a construir el convento con dos pisos que albergaban las celdas de los religiosos y las habitaciones de visitantes y romeros. E incluso existió en sus dependencias una biblioteca y los archivos.. Hoy podemos contemplar de esta época el único elemento que perdura y que es la puerta del convento,
Y de aquí, pasó a ocupar la capilla del convento de los Dominicos en el año de 1803, manteniendo su presencia hasta la inauguración de la Basílica en 1959.
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lunes, 11 de agosto de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
 Recuerdos históricos.- Vano sería el intento de incidir sobre la aparición de la Virgen de Candelaria pues este hecho es suficientemente conocido por todos, aunque tampoco está por demás el recordar, sucintamente, como se desarrollaron los mismos para así poder comprender mejor todo lo relacionado con la celebración de las fiestas y, máxime, si se puede incluir algún dato que resulte novedoso para alguno.
Fue el padre Espinosa el primer cronista de Canarias que trata este tema, haciéndolo en 1594, siendo posteriormente copiado por otros historiadores.
La versión muy resumida, cuenta la aparición de la Virgen sobre una peña a la orilla del mar, a dos guanches en una playa desierta, que llamaban Chimisay y más tarde conocida por El Socorro, en el término municipal de Güimar. Al pretender uno de los aborígenes que se alejara, intentó arrojarle una piedra, quedándole paralizado el brazo; el otro, al querer cortarle con una tahona, sufrió en su mano el efecto del corte intencionado. El Mencey, al ser informado de estos sorprendentes hechos y verificarlos, decidió llevar a la extranjera a la cueva donde habitada.
Pero existe otra versión escrita, antes de que lo hiciera Espinosa, y que expuso Emilio Hardisson, que parece ser del Padre Juan González de Mendoza realizada en 1585.Esta dice que un pastor guanche, al intentar guardar sus cabras en una cueva, éstas salían espantadas por una gran claridad que brillaba en su interior, siendo la imagen de la Virgen quién la producía. El pastor trató de tirarle una piedra con el mismo resultado de la primera versión.
En realidad son pocas las variantes que diferencian a los dos relatos, cambiando solo el lugar de la aparición y el número de guanches a quienes se apareció.  Ambas fueron posteriormente refundidas y sumadas por el resto de cronistas, encontrando, por ejemplo, a Cairasco de Figueroa que nos dice en su Templo Militante:
A la orilla del mar, en una cueva aconteció una cosa extraña y nueva y fue que habiendo un guanche apacentando un rebaño de cabras que tenía....
También Antonio de Viana une ambas versiones: |
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sábado, 09 de agosto de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
La fiesta litúrgica que celebra el día de la Virgen de Candelaria es el 2 de febrero, recordando la fiesta de la Purificación de la Virgen o de Las Candelas. Pero es el 15 de agosto cuando en Tenerife se celebra la auténtica fiesta, con la presencia de numerosos peregrinos que, “en romería”, acuden a ver a la Virgen desde todos los puntos geográficos de la isla.
No existe un evidente dato histórico que nos permita conocer cuando comenzó a celebrarse dicha festividad, que no tiene que ver con la del 2 de febrero, que sí está documentada con la historia de la Virgen. No obstante, esta costumbre es muy antigua y parece clara su relación con la época del verano y con el buen tiempo, que permite el traslado de los numerosos fieles, de los romeros, a la villa mariana.
El hecho de la relación existente entre la Virgen de Candelaria y los guanches, nos hace suponer que el 15 de agosto pudo ser la mejor excusa para cristianizar ciertas costumbres paganas adquiridas de la cultura aborigen, pues no olvidemos que en ese mismo periodo de tiempo se celebraba el “Beñesmen” o fiesta de las cosechas, coincidente con el buen tiempo del estío. Pero también podría tratarse o deberse a la influencia que el Obispo Illesca pudo ejercer, ya que en la Bula de Pío II de 7 de octubre de 1462 se indica: “como hemos sabido, tú eres (el obispo) muy atento con toda tu mente a esta festividad...”, en referencia a la fiesta de la Asunción de la Virgen, el 14-15 de agosto. |
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martes, 24 de junio de 2008 |
Por/Carlos Garcia García Desde la Mesa Mota
Taberna de Ernesto.-Fue lugar frecuentado por una serie de personajes pertenecientes al equipo de don Juan Penedo, gran humorista y del que se recuerdan numerosas anécdotas. Estaba localizado en la calle de la Carrera esquina a Tabares de Cala, en el lugar donde hoy se encuentra el Banco de Vizcaya, y tenía dos frentes o entradas, una abierta a cada calle mencionada.
Además de su buen vino, se recuerda y hay quien hecha de menos, un sabroso bacalao que allí preparaban de forma extraordinaria.
Venta de Antonio “el matancero”.- Fue otra de las numerosas ventas de La Laguna, aunque su fama y prestigio no gozó de la importancia de las anteriores.
Se localizó en la calle de Tabares de Cala antigua de los Alamos, una esquina antes de desembocar en la Carrera, al lado justo donde hoy se encuentra una tienda de ropa. Taberna de Antonino “el cuijo”.-Es una de los pocos locales que continúan existiendo hoy día en La Laguna, encontrándose la misma en frente a la Plaza del Cristo, haciendo esquina a la carretera que asciende hacia el risco.
Taberna de don José “el esperancero”.- Situado muy cerca del anterior, en la misma Plaza del Cristo, pero esquina a la calle Tabares de Cala, frente a la Capilla de la Cruz .Hoy en su lugar se encuentra una cervecería de estilo alemán.
Casa de Pepe “maquila”.- Otro de los establecimientos que aún perduran entre nosotros, aunque eso sí remozado y modernizado .Está localizado en el llamado callejón de Maquila, entre la calle Herradores y la calle Manuel de Ossuna.
Taberna de “la frangolla”.- Fue una taberna frecuentada por los carreteros del norte que bajaban a La Laguna de madrugada con mercancías agrícolas para la venta .Se ubicó en la calle Herradores, esquina a la calle de la Silla o de Antonio Zerolo ,al lado de donde existe la tienda de Gámez.
Venta “el castañero”.- Estuvo dicha taberna en el principio del Camino Largo esquina con la antigua calle de el Remojo, en la intersección con la actual Silverio Alonso. Era una casita terrera con un techo a cuatro aguas de tejas canarias, donde como en las anteriores se despachaban alimentos además del vino.
El Café Central.- Aunque no entra de lleno en lo que venimos denominando como venta o taberna, sí que cumplió el papel de lugar donde se reunían tertulias de algunos personajes, tanto del mundo de las letras como artistas y variopintos ciudadanos. Tuvo un carácter más señorial y distinguido.
Fue frecuentado por don Patricio Estévanez, por Jacinto Terry, así como por don Aurelio Ballester, que junto con Ramón González de Mesa y don José Oliva Blardony, participó en una de las más renombradas tertulias.
Fue su sede en la calle de la Carrera frente a la plaza de la Catedral, donde con posterioridad estuvo la tienda de Tabacos Álvaro, al lado de la cafetería Alaska, y que hoy se encuentra en fase de restauración. La Olivera.-Localizado este establecimiento frente a la actual dulcería de López Echeto, antes también dulcería La Olivera, en la calle de la Carrera, y al lado de la antigua venta de Antonio “cambica”. Tuvo ese nombre al ser su propietario D.Manuel Olivera, mancebo de la farmacia de Piñeiro. No se trató de una venta como las que venimos mencionando, sino más bien de una charcutería, en la que en sus bajos, de vez en cuando se realizaba alguna que otra animada participación gastronómica con la presencia del buen vino. Este mismo propietario regentó una tasca al lado del Teatro Leal, hacia la Concepción, en la casa donde aun se conserva un balcón de madera y frente al Hotel Aguere, que hoy es una tienda de zapatos. Llevó en algún momento también la propiedad de una casa de comidas de más seriedad y porte que fue La Valenciana.- En la calle de la Carrera, al lado de la librería El Águila, y cuya edificación aún podemos contemplar. Fue ya denominado restaurante, aunque también se vendía vino, tal y como reza el cartel que daba frente al mismo, donde se lee: “Hijos de Agustín Blázquez .Cosecheros y Exportadores. Vinos Criados Natural de sus viñas. Teléfono 130”.A su lado se encontraba una barbería. |
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lunes, 23 de junio de 2008 |
Por/ Carlos Garcia García
Desde la Mesa Mota
El fuego de las hogueras.- El fuego siempre ha sido considerado como un elemento mágico, uno de los mas importantes para dominar “los poderes maléficos”, habiéndose usado, como dice Frazer en La Rama Dorada, contra la magia negra y las brujerías, así como contra las enfermedades o desgracias.
Fueron prohibidas las hogueras por el culto cristiano desde el Concilio de Constantinopla en el año 680, aunque tal prohibición no resultó efectiva pues la tradición se mantuvo hasta nuestros días.
Es elemento imprescindible para festejar la noche de San Juan el realizar hogueras en honor del santo, aunque el ritual va dirigido a preservar la armonía de los hogares, calles, barrios y ciudades, purificando lo contaminado, destruyendo lo viejo, a decir de Galván Tudela. Estas hogueras se realizan por la población infantil rivalizando en tamaño con la de los barrios vecinos, y sobre las llamas de las mismas se realizan saltos y cabriolas que sirven como remedio de diferentes males o para presagiar una próxima boda... Salten niñas casaderas fuego del Señor San Juan la que no se salte el fuego soltera se quedará.
(La flor de la marañuela. Juan del Río Ayala).
Se acostumbre también la quema de cohetes acompañado de gritos y el sonar de los bucios y caracolas, pensando algunos que esta costumbre deriva de que San Juan fue también pastor y solía tocarlas.
Y se cree pecado el escupir o insultar en la hoguera, y allí se reza un Padre Nuestro y un Ave María a “nuestro padre San Juan Bendito”. Se tiene por juego el saltar el fuego diciendo:
Salto por San Juan salto por San Pedro para que me abran las puertas del cielo.
En ésta noche se suele coger una escoba a la que atan una cuerda del puño y, después de encenderla, la hacen girar describiendo un círculo luminoso en la oscuridad de la noche.
La bruja por esta noche no tendrá en que cabalgar que le quemaron la escoba que barría en el pajar. (La flor de la marañuela )
No hay que olvidar que existen también en Canarias otras manifestaciones con el fuego como protagonista. Es éste el caso de los “Hachitos de San Juan” que se celebran en Icod de los Vinos, en donde con antorchas o hachos, hoy de petróleo y antes de tea, iluminan bajando las lomas desde la Vega hasta el Amparo, y en el que se baila, a ritmo de tajaraste, mezclas de la danza y el baile corrido. También en Garachico se celebra la noche con carozos encendidos que alumbran toda la montaña, o se tiran los “Fuegos del Risco” desde el Mazapé, en San Juan de la Rambla, haciendo rodar bolas de fuego montaña abajo. Arraigo popular.- Tiene San Juan un arraigo especial en el pueblo canario, tanto en su aspecto religioso como popular, viniendo expresado éste sentimiento por distintas manifestaciones que lo demuestran: Viene mayo con sus flores San Juan con sus clavellinas Santiago con sus duraznos y agosto con sus vendimias
Todos los Santos son buenos y San Juan es el mejor porque éste tuvo la dicha de bautizar al Señor |
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