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Canarias, Arte y Tradición
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domingo, 07 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero ANTONIO DE ORBARÁN Y SU LEGADO ARTÍSTICO EN TIJARAFE APUNTES BIOGRÁFICOS
Dentro del panorama artístico durante el segundo tercio del siglo XVII, se nos presenta un excepcional momento para la retablística en Canarias, y más concretamente en la afortunada Isla de La Palma.
Antonio de Orbarán - meritorio arquitecto, escultor y dorador “supuestamente” donostiarra -, aparece en la historia del municipio palmero de Tijarafe en 1628, año en el que este polifacético maestro ejecutó, probablemente, el monumental retablo mayor. Estamos ante la llamada figura cumbre de la primera generación de escultores barrocos asentados en Canarias, establecido en La Palma desde 1625, con algunas interrupciones, hasta aproximadamente 1660.
Llegó a erigirse como una de las figuras más completas del siglo quien, posiblemente, se ejercitó en el arte de tallar figuras con su progenitor Martín de Orbarán, entallador natural de la villa de Vergara (Guipúzcoa). Como hemos dicho, nos encontramos ante uno de los artistas más completos de cuantos trabajaron en el Archipiélago durante el siglo XVII. Se llegó a autotitular en su testamento “maestro mayor de todas las facultades que abarcan las Bellas Artes” y, efectivamente, trabajó en todos los campos del arte.
Su lugar de nacimiento está envuelto en un halo de misterio y controversia. Algún investigador ha llegado a confirmar su origen mejicano. Se basaba en el hecho de que cuando Orbarán contrae matrimonio, sus padres declaran en la partida ser vecinos de Puebla de los Ángeles. De ahí que don Pedro Tarquis afirmara que “contribuyó al adelanto de nuestras artes plásticas, aportando las influencias del otro lado del Atlántico”. También se dijo que había nacido en La Palma, pero en ningún templo de la Isla se ha encontrado la correspondiente partida de bautismo. En cuanto a su origen vasco, el profesor Pérez Morera señaló que, en 1651, el artista dio un poder a Miguel de Aristiegeta y Antonio Zuloaga para que “ante la Justicia de la Provincia de Guipúzcoa se hiciera información de la legitimidad, tanto de su persona como de su padre, abuelos y bisabuelos”. Ello da pie para situar su nacimiento en Euskadi.  La ceremonia de su boda con Ana de Aguilar tuvo lugar en el suntuoso templo palmero de El Salvador en 1625. Tres años más tarde consta trabajando en Tijarafe. A pesar de la extensa producción de este artista, gran parte de la misma ha desaparecido, o bien tan sólo se conservan algunos detalles. Un ejemplo lo tenemos en el retablo mayor del desaparecido convento de San Miguel de las Victorias de La Laguna, quemado junto al cenobio en el siglo XIX.
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domingo, 07 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
En el Libro de Defunciones, folio 25, año 1863 se puede leer: “su muerte acaeció a consecuencia de una caída, que dio casi a los umbrales del Santuario Parroquial, viniendo de su casa á horas de las tres de la madrugada de ese propio día á celebración de la Resurrección del Señor. No se administró otro Sacramento que el de la Extrema-unción, a causa de hallarse enteramente privado del uso de los sentidos”. El sepelio se ofició con toda solemnidad en El Salvador, asistiendo todas las autoridades de la Isla. Su cadáver permaneció en el templo durante todo el día del Domingo de Pascua, recibiendo pruebas de cariño y respeto de todo un pueblo al que amó. Fueron varios los túmulos funerarios que se alzaron en honor y gloria del finado y al paso de la procesión, “de balcones y ventanas eran arrojadas al paso multitud de flores y coronas que caían como una lluvia sobre el ataúd que conducía los preciosos restos”. Fue enterrado al día siguiente de su muerte en el cementerio municipal acompañado de la banda de música y de un público muy numeroso vestido de riguroso luto. En la nave izquierda del Campo Santo –si el espectador está de frente a la Capilla- se encontraba su tumba, muy próxima a la de Nicolás de las Casas. Se trataba de un banco de piedra, de poca altura, sin decoración alguna. En la cabecera se alzaba una pequeña cruz de madera de la que pende un letrero que da a conocer el nombre del amado y añorado Cura Díaz. Una buena definición de su talante la expresaba con escuetas palabras el cronista de la ciudad, Jaime Pérez García: “este sacerdote, que vivió para la Religión, la Libertad, La Caridad y el Arte...”
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viernes, 05 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
  LA VIRGEN Y EL DIABLO.LA FIESTA, EL ARTE Y LA TRADICIÓN SE FUNDEN EN TIJARAFE. La tradición oral nos cuenta que la talla de la Virgen de Candelaria, Patrona de Tijarafe, había llegado a La Palma en el siglo XVI con destino a su vecino pueblo de Puntagorda. Tuvo que ser escondida en una cueva del Barranco de Pino Araujo para protegerla de los feroces piratas que merodeaban por las costas. Una vez disipado el peligro, algunos lugareños fueron a recogerla a su escondite. Cuando trataron de llevarla por mar a su destino final, era tal el insólito peso de la imagen que tuvieron que desistir en su empeño de proseguir el viaje. Fue imposible. La interpretación de aquel prodigio fue que la “Señora” quería permanecer en Tijarafe. Este supuesto deseo divino fue rápidamente obedecido. Se cuenta que brotó una fuente en el aquel preciso lugar, en la llamada “Cueva de la Virgen”, y los numerosos romeros que, desde entonces acuden a celebrar las fiestas marianas de septiembre, rememoran esta bonita historia que se ha transmitido de padres a hijos en aquel orgulloso pueblo norteño. En esta edición de 2008, el día 4 de septiembre es el elegido para que tenga lugar, a las 18:00 horas, la peregrinación a la Cueva. Luego tiene lugar la tradicional Eucaristía y una merienda compartida por los presentes. UNA FIESTA DE FUEGO EN EL VERANO DE LA PALMA
VIRGEN DE CANDELARIA |
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viernes, 05 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
También en La Palma se le recuerda por su práctica filantrópica. Ya desde 1822 había trabajado con mucho esfuerzo para conseguir la traslación del Hospital y la Cuna de expósitos al monasterio de Santa Águeda, que ofrecía mayor espacio y luminosidad, etc. También había solicitado al Cabildo la expropiación del convento de monjas dominicas para establecer la Casa de Maternidad y el de religiosos franciscanos para la Casa del Socorro, quedando siempre el de Santa Agueda destinado a la Hospitalidad. Aunque estos objetivos no fuesen alcanzados, fueron una prueba de su preocupación social y, en cierto sentido, hasta de sus ideas liberales. El 21 de enero de 1836, con la reorganización de la Real Sociedad Económica de Amigos el País de Santa Cruz de La Palma, Díaz fue elegido Director de la misma. Tampoco se puede olvidar sus esfuerzos de cara al fomento de la enseñanza: “Su amor a toda ilustración le había hecho trabajar sin descanso en unión de otros buenos patricios por introducir en su pueblo la enseñanza mútua bajo el método de Lancaster, y en una de sus pláticas parroquiales ensalzaba la instrucción y deseaba que se abriesen en las escuelas clases especiales donde se enseñase la doctrina cristiana esplicada”. |
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sábado, 06 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
LA VIRGEN Y EL DIABLO.LA FIESTA, EL ARTE Y LA TRADICIÓN SE FUNDEN EN TIJARAFE. EL DIABLO
Tal vez por este motivo, al tijarafero de “pro” no le guste excesivamente el que las fiestas patronales en honor a su “Virgencita” pasen ya a conocerse y llamarse de forma generalizada por los forasteros como “Fiestas del Diablo”. En todo caso, las “Fiestas de la Virgen” o “Fiestas de La Candelaria” son su denominación original y verdadera. El Diablo es un acto.
En la madrugada del día 8 de septiembre, puntual con su cita con la multitud que anhela su presencia después de todo un año, el “Diablo de Tijarafe” hace su entrada sigilosa en la gran plaza de la Iglesia, cubierta a modo de cúpula de banderitas de todos los colores. En el programa se lee: “2,30 H. suelta del Tradicional “DIABLO” acompañado de gigantes y cabezudos”. Normalmente se hace esperar y aparece entre las 3:30 y 3:40.
La orquesta lleva un buen rato amenizando la verbena de la larga espera y el gentío tiene ya ganas de disfrutar con el baile de fuego. En estos últimos años, la organización ha estimado en más de 5.000 personas las que se dieron cita en la plaza y aledaños. Algunos mascarones (gigantes y cabezudos) anuncian la entrada del “machango negro” y marcan la cuenta atrás. La emoción se desborda. La hora ha llegado. Un elemento que también aporta más tensión a esos instantes es el hecho que nadie, excepto los miembros de la organización, sabe por dónde va a hacer su aparición el Diablo. Es una sorpresa y el secreto se guarda hasta el final. De repente, entre los claros y sombras de la plaza, surge la diabólica figura negra de grandes ojos rojos llamativos. El griterío de la sorprendida y asustada concurrencia es ensordecedor mientras la música de la orquesta arrecia con sus mejores piezas. El “bicho” entra en la plaza escoltado por un grupo de voluntarios, a modo de cordón de seguridad, que trata de velar por que el acto se desarrolle según lo previsto, sin incidentes. Cada año se convierte en una tarea más difícil, por la aglomeración de público dentro del recinto. Otro gran obstáculo que encuentra el sufrido bailador, con una carga a cuestas de más de setenta kilos, es la acumulación de botellas, zapatos y otros objetos que deja el público en la plaza en su carrera y que puede hacer que el Diablo tropiece.
Una gran cantidad de voladores y fuegos de artificio van estallando desde el exterior de la carcasa que protege al valiente voluntario que lo baila. En estas últimas ediciones ha sido el tijarafero Ricardo García Castro quien ha hecho vibrar a su pueblo con su frenético baile de fuego. Un orgulloso lugareño que empezó bailando dos años los cabezudos y luego otros nueve los gigantes. A estos era más difícil manipular por su peso, ya que eran de yeso, y nadie quería bailarlos. Ahora son de fibra y pesan menos. Según cuenta Ricardo, el Diablo pesa entre 70 u 80 kilos, después de que se le ha colocado encima unos 30 o 40 kilos de pólvora. Cuando ésta prende, la temperatura interior puede alcanzar entre 50 y 60 grados.
Primero se enciende la horqueta, luego el rabo y poco a poco se van quemando las distintas partes del cuerpo. Aproximadamente en los veinte minutos que tarda la danza, más de quinientas piezas de fuego de artificio salen disparados de la carcasa para iluminar el cielo en el ya “Día de la Virgen”. En la edición de 2004 estuvo encendido dentro de la plaza unos dieciséis minutos; en la de 2003 unos catorce y en la de 2002, debido a un error, tan sólo ocho minutos; en 2001 la quema duró diecisiete minutos… Ricardo decía: “sería feliz si pudiera estar una hora allí dentro corriéndolo con la gente”. |
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sábado, 06 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
Una de las hipótesis que se barajan en cuanto al origen de su liberalismo nos lo cuenta el biógrafo y amigo de Díaz, el también palmero Antonio Rodríguez López. Nos cuenta que en 1810 habían llegado a la Santa Cruz de La Palma un grupo de franceses hechos prisioneros en la Guerra de la Independencia. Don Manuel, consciente de que la “religión católica, que posee un idioma para todos los pueblos del mundo, la caridad, tenía necesidad de hablar á los prisioneros ese universal lenguaje y llevar á su ostracismo los consuelos de la penitencia sacramental”. Para ser el intérprete en la misión, procuró aprender el idioma francés para poderlos confesar y “traducirles el divino idioma cristiano”.
En la imprenta Ibarra de Madrid se encuentra el original de una alocución llamada Exhorto, pronunciada en el púlpito de El Salvador en 1820, “con motivo de haberse leído y jurado la Constitución de la Monarquía Española” en dicha parroquia, tras el triunfo del pronunciamiento de las Cabezas de San Juan.
“…Falsos políticos, rencorosos fanáticos, ¡qué vergüenza para vosotros! Esos liberales á quienes tratasteis de impíos y enemigos de todo bien, esos mismos han honrado el siglo presente con una revolución, que por sabia y virtuosa, grande y sublime no cupo jamás en la idea. Y vosotros los llamados leales, que ostentabais el título de defensores e la religión y el trono, vosotros deshonrasteis el mismo siglo con una revolución que principió en Valencia el 4 de mayo de 1814, y feneció en Cádiz el 10 de marzo de 1820. No digo mas que me lleno de horror…” Este mitin-sermón trajo consigo las mayores acusaciones de sus enemigos políticos, quienes lo acusaron de –como recuerda Paz Sánchez- “infidencia, motivo por el cual tuvo que abandonar La Palma en 1824, fijando su residencia en Tenerife hasta febrero de 1835”. El Padre Díaz había dado claras muestras de sus inclinaciones políticas desde que fue nombrado junto a David O’Daly, en 1808, representante de La Palma en la Junta Suprema de Canarias, en La Laguna. |
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jueves, 04 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
La Cofradía del Carmen quiso encargar una nueva talla como titular de la misma y el Cura Díaz estimó que no debía de salir de su gubia, sino que era preciso encargársela a su gran amigo Estévez del Sacramento. La antigua pasó a la ermita de San Telmo, y cambió de advocación en Virgen de La Luz. El propio beneficiado hizo las gestiones para que la nueva imagen mariana fuera adquirida en La Orotava y desde entonces se venera en la capilla lateral de la Epístola de El Salvador. Consciente de sus limitaciones y de su incapacidad como buen imaginero, su mentalidad abierta y talante humano originaron que “no hiciera del arte un escudo móvil de su fama, sino supo plantear una cuestión educativa”. Su arte es eminentemente clasicista, pero sin esquemas fijos, “en cuanto que tanto se inclina hacia soluciones barrocas como se ciñe a los programas escultóricos del siglo XIX”. La antigua efigie de María Magdalena, modelada asimismo por Díaz en pasta de papel, había sido retirada de la procesión del Viernes Santo hacia 1945. Tras ser sustituida por la talla de Estévez -venerada actualmente en la parroquia de San Francisco- Poggio Capote nos recuerda que “se cuenta alguna anécdota como fue la rotura de su nariz y posterior aderezo por Félix Martín en los años que se conservó en el umbral de la puerta de la sacristía de El Salvador. La estela de esta santa se prolonga más tarde en la ermita de San Sebastián de Santa Cruz de La Palma, donde su rastro terminó por desaparecer”. El propio Poggio nos informa de que en la década de los sesenta se empleó como Dolorosa en la Cruz de Botazo durante las fiestas de mayo. El investigador palmero menciona otra de las obras de Díaz: el Señor Muertito. Una imagen “de aspecto amable, aunque carente del exhaustivo modelado anatómico de la imaginería procesional del barroco. La técnica empleada para la misma era la del modelado en papel encolado”. Una venerada imagen que desfiló en Santa Cruz de La Palma hasta el Viernes Santo de 1948. La talla era llevada unos días antes a la casa de la familia Vandewalle y Álvarez para su adorno. Se cubría con un mantón de manila y se presentaba a la adoración de los fieles. “Entrada ya la noche, acompañada por la cómplice intimidad de la oscuridad, la imagen era devuelta a la parroquia matriz”. Una anécdota curiosa se ha transmitido por tradición oral. Se dice que doña Rafaela Álvarez Álvarez (1856-1934), dama de la mencionada familia que se ocupaba del ornato del Señor en su casa principal, murió precisamente el 28 de marzo de 1934, cuando ya la imagen se encontraba allí. La capilla ardiente instalada en el salón de su domicilio estuvo presidida por el Señor Muertito y al lado, el féretro de doña Rafaela. |
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martes, 02 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
Las obras de la parroquia de El Salvador, iniciadas en 1818 y llevadas a cabo con el legado del mecenas indiano Cristóbal Pérez Volcán, se realizaron gracias al celo de los sacerdotes, Manuel Díaz y José Martín de Justa. Precisamente también a don Manuel se deben – según el alcalde y cronista Lorenzo Rodríguez – “todas las pinturas de jaspes, cortinajes, maquinarias del sagrario, escabel, velo negro y al segundo, toda la parte de arquitectura, en cuyo arte sobresalía”. El contraste con el retablo barroco que poseía la capilla mayor – célebre en el Archipiélago- fue notable. A aquél, dividido en tres cuerpos, con abundancia de elementos decorativos tallados y exceso de hornacinas para esculturas, se opone a la pureza de líneas del nuevo retablo, simple y a su vez grandioso marco arquitectónico de una pintura. Asimismo, el acondicionamiento de las capillas tuvo por objeto cambiar totalmente el aspecto que ofrecía el interior del templo, con profusión de altares barrocos y flamencos, adquiridos a través de los siglos anteriores. Las polémicas obras se realizaron con vistas a su adaptación a las nuevas exigencias del neoclasicismo que tanto amaba Díaz. Toda aquella decoración anterior, tan distinta a la actual, desapareció para dejar paso a un interior dominado por la severidad y simetría del arte clásico. Pérez Morera continúa diciendo que “orden, equilibrio y proporciones armónicas fueron, en efecto, las ideas que inspiraron a sus promotores, los presbíteros Díaz y Martín de Justa, para la reforma que dio por resultado el templo tal y como hoy lo conocemos”. Manuel Díaz influyó profundamente en todo el ámbito artístico de La Palma. Por ejemplo, hasta la lejana y antigua ermita de San Mauro – o San Amaro- Abad, del municipio de Puntagorda, llegaron las intervenciones dirigidas por el sacerdote, con la sustitución de los antiguos retablos perdidos durante el incendio acaecido en 1811, por los elementos neoclásicos ya en boga en ese momento. Lo mismo sucedió con el desaparecido retablo mayor de la parroquia de San Francisco de la ciudad estrenado el 8 de julio de 1848. Su ático estaba formado por una alegoría al Santísimo Sacramento realizado por el célebre religioso. Su influencia sobre los nuevos proyectos constructivos y estéticos era indiscutible. En uno de sus viajes a Tenerife llegó a pintar al óleo el cortinaje de la capilla mayor de la parroquia de la Peña de Francia en el Puerto de La Cruz, hoy desaparecido; también el de Santa Catalina de Tacoronte y las pinturas teatrales de la iglesia de la Concepción de La Laguna. Su visión técnica también lo llevó a colaborar en la planificación de la canalización del barranco de Martíanez, cuyas aguas se habían desbordado en 1826. Otro de sus logros más interesantes fue, en el sentido filantrópico, la creación de una “sopa económica” tras las desolaciones que afectaron a todo el Valle de la Orotava en 1828, con la que “pudo complacerse con la dulce satisfacción de alimentar diariamente a más de doscientos pobres”. En La Laguna dio muestras de su notable ingenio, pues en abril de 1831, “se acordó poner en funcionamiento la máquina de hilar seda costeada por esta Sociedad y dirijida por el Venerable Beneficiado Dn. Manuel Díaz, aceptando la oferta realizada por éste de enseñar una persona este nuevo método de sacar la seda con más perfección”. Precisamente en esta ciudad tinerfeña llegó a residir en un cuarto de la mansión del marqués de San Andrés. Recordemos que los avatares del rigor absolutista le obligaron a trasladarse a Tenerife durante dos lustros y allí contactó con José Agustín Alvarez Rixo (1796-1883), entonces alcalde del Puerto de La Cruz, el cual posteriormente redactará la biografía de nuestro clérigo. |
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martes, 02 de septiembre de 2008 |
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Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
 
....Así mismo, se dedicaría en cuerpo y alma a una de sus pasiones: el Arte. Si bien ha sido conocida su labor como escultor, es precisamente esta faceta artística la que menos trabajó. De ahí el pequeño catálogo de obras suyas. En ellas, nuestro autodidacta, refleja una poca formación, tanto en dibujo como modelado, con la que contó desde sus primeros comienzos. El único maestro que pudo dejar en él cierta huella artística, según el profesor Fuentes Pérez, “fue Marcelo Gómez, cuyas formas barrocas servirían de base al iniciado Díaz. Pero los dominicos fueron los que marcaron su inclinación por todo lo relacionado con el arte”. Este polifacético religioso ocupaba su tiempo en varias cosas a la vez, lo que conllevó una falta de atención hacia su labor escultórica. Sin embargo, sus feligreses se lo perdonaban. No ya porque el resultado fuese una obra de alta calidad artística, que no lo era, sino porque procedía de una persona muy querida y admirada. Su arte se iba convirtiendo en una mescolanza de tendencias y estilos, sin una clara y precisa orientación. En Gran Canaria conoció al maestro Luján Pérez, que estaba concluyendo una de sus obras: el San Pedro Mártir de Verona para la iglesia de San Juan Bautista de Telde. El Padre Díaz pretendía con estos contactos recoger el máximo de ideas y soluciones técnicas posibles para poder ir concluyendo con sus propios proyectos y su ambicioso programa de restauraciones. No puede ser amparado dentro del alumnado de Luján, porque, aunque aprendió mucho con el polifacético maestro grancanario de las técnicas y la calidad del dibujo, se alejó bastante de él en cuanto al modelado. Don Manuel conocía muy bien sus limitaciones en el campo de la escultura. No se atrevió a realizar una obra que estuviera fuera de su alcance artístico, si bien más se aproximaba al estilo de su querido amigo Estévez que al de Luján Pérez.
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lunes, 01 de septiembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
...El padre de Manuel, Francisco Díaz, natural de Villa de Mazo, había buscado fortuna en América y había muerto en Cuba. Desde allí había otorgado poderes a su futuro cuñado José Hernández Carmona, para casarse con Francisca, su prometida, natural de la capital palmera. El acta matrimonial se firmó el 8 de abril de 1770 en la parroquia de El Salvador. Si bien no se conoce la fecha exacta en la que regresó de sus viajes, se conoce que ya estaba en la Isla a finales de dicho año, pues su primer hijo nació el 9 de octubre de 1771. Es curioso lo que nos dice Pérez García sobre el nombre del biografiado: “don Manuel Díaz, Beneficiado de El Salvador, personaje de feliz recuerdo para los habitantes de Santa Cruz de La Palma [...] ha pasado a la historia de su isla natal como Manuel Díaz Hernández por el empecinamiento de los historiadores del siglo pasado en aplicarle el apellido paterno y materno tal y como se legisló con posterioridad a su fallecimiento; su biógrafo, sin embargo le menciona en todo momento como Don Manuel Díaz. La realidad es que siempre firmó Manuel Díaz, sin añadir segundo apellido”. Efectivamente, en los documentos públicos de aquella época aparece en la mayoría de las veces, “en la mención hecha por el escribano de turno, Manuel Díaz Leal (los dos apellidos paternos), de igual manera a como figura su hermano”. Su hermano Francisco, en su partida de defunción en 1845, figura con los apellidos Díaz Leal. Hasta 1777, Francisco estuvo en Santa Cruz de La Palma, fecha en la que nace su tercer y último hijo, Mariana. Los padres de Francisco, José Díaz y María Leal, procedían de la Villa de Mazo y habían fijado su domicilio en las cercanías del templo matriz. Una familia humilde puesto que su esposa, tras una nueva partida de Francisco al Nuevo Continente, tuvo que pedir ayuda a su tío abuelo, don Agustín, que regentaba una herrería, para que la amparase económicamente. |
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