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El origen de la fuga
Lo que no está del todo claro es la relación que la fiesta de San Diego tiene con la tradicional fuga de los estudiantes.
Por lo que he podido averiguar no existe nada que aclare tal circunstancia por lo menos de manera escrita y expresa. Por tanto, la única referencia que se puede dar viene de indagaciones personales que realicé una vez con D. Enrique Romeu Palazuelos, quien me ofreció algunos datos sobre el particular y con los que creo se puede elaborar una muy probable teoría del origen de la fuga estudiantil.
Se puede calcular que el comienzo de la fuga tiene lugar entre los años de 1.919 y 1.921 entre los que arribó al Instituto de La Laguna un catedrático llamado D. Diego Ximenez de Cisneros y Hervás y del que he podido averiguar, a través de las memorias de curso del instituto de aquellos años, que obtuvo su nominación por Real Orden de 17 de Febrero de 1.919 en cumplimiento de lo dispuesto en las Reales Ordenes de 18 de Junio y 23 de Diciembre de 1.918.
Se le acumuló la cátedra de Física y Química con la remuneración anual de 2.000 pesetas, tomando posesión de la cátedra el 3 de marzo de 1.919 cesando con igual fecha D. Vicente Vallino Balaguer que la venía desempeñando. En el año 1.921 ya estaba encargado de los alumnos de preparatorio de Medicina y Farmacia.
Pues bien: las noticias que se tienen abogan por la hipótesis de que éste profesor foráneo impidió en algún año de éste periodo referido, el que sus alumnos asistieran como era tradición a la romería del día de San Diego, costumbre adquirida y arraigada en la vecindad como hemos reflejado por las crónicas anteriores.
 Aula 1920 Ante ésta postura intransigente del citado profesor con las tradiciones locales, los alumnos, quien sabe si en connivencia con sus propios padres y familiares, llegaron a la convicción de que lo mejor era fugarse de clase y asistir en romería a San Diego del Monte, cosa que así hicieron, dando comienzo y provocando, sin proponerlo nadie expresamente, el origen de la famosa fuga estudiantil a San Diego, que no fuga de San Diego. Parece totalmente verosímil ésta teoría de como pudo ser el comienzo de la fuga de los estudiantes laguneros, pues, lo que sí está completamente claro es que ésta fuga comienza y tiene su arranque en el Instituto de Canarias o de La Laguna y que desde éste centro docente va pasando con el transcurrir de los años al resto de Centros, Universidad, Normal, Politécnica, Colegios, etc...
Fueron los cursos más avanzados del Instituto quienes comienzan ésta tradición, ejerciendo con el paso de los años diferentes presiones sobre el resto de los cursos y alumnado para impedir las clases en ese día, no permitiendo el paso a las aulas de los más pequeños, quienes poco a poco fueron sumándose a la ya iniciada fuga estudiantil.
Esta fuga fue por tanto fruto de un hecho casual y no premeditado por parte de nadie, pero que anidó en los espíritus rebeldes de aquellos alumnos que mantuvieron el recuerdo de aquel año en que un profesor no permitió la asistencia a la fiesta patronal de San Diego.
Las diferentes tradiciones de la fuga. En los días que precedían a la fuga y al aproximarse la víspera del 13 de Noviembre, empezaban a aparecer algunas pintadas sobre muros y paredes recordando la máxima tan esperada por los estudiantes y avisando del hecho de incuestionable cumplimiento:
“Día de San Diego Fuga General”
Existió siempre un soterrado beneplácito por parte del profesorado para con la fiesta de San Diego. Y así cuando los alumnos de la Universidad llegaban al Instituto con el ánimo de sacar a los que estudiaban allí el bachillerato entonando con fuertes gritos la cantinela de... “Día de San Diego fuga general las buenas costumbres hay que respetar”
...el director del mismo en aquel entonces, D. Agustín Cabrera Díaz, aunque poniendo cara de pocos amigos permitía finalmente la fuga de sus alumnos.
 Instituto de Canarias años 20 Más adelante las cosas cambiaron y algunos profesores comenzaron a prohibir la ausencia de clase por lo que las pintadas en las paredes comenzaron a cambiarse, posiblemente por parte de ellos mismos, con lo que entonces se podía leer...
“Día de San Diego cero general las malas costumbres se han de terminar”
A pesar de todo ello, aquella manifestación espontánea estudiantil de años anteriores terminó por consolidarse y fue permitida por el profesorado con lo que quedó definitivamente institucionalizada, perdiendo desde entonces el hecho peculiar que la definía y originó, por lo que comenzó un retroceso inmediato en la misma.
 Junta Suprema y camino de San Diego 1922 Los estudiantes aquel día subían en romería a San Diego del Monte donde tradicionalmente se abrían las puertas de la ermita. Se realizaban machangos, una especie de haragán que luego se quemaba. Incluso se subía con carros o carretas enramados, que confeccionaba maestro Hilario, en claro recordatorio a las primitivas romerías. Se hacían bailes en la misma plaza de San Diego y ya, cuando más modernamente aquella desapareció, se efectuaban en la pista de tenis que allí se construyó y que amablemente cedían los dueños del lugar. Incluso se montaba algún que otro ventorrillo.
Según me comentó la actual propietaria del recinto, era costumbre que el primer grupo de estudiantes que llegaba ofreciera a los dueños de la estancia un ramo de flores, reservando con éste gesto la pista de baile para el curso al que pertenecían.
En otras ocasiones estos bailes fueron alejándose cada vez más de su entorno original y legítimo en una fase de plena regresión de la fiesta, celebrándose en el Ateneo de La Laguna e incluso en el Aeroclub de Los Rodeos. Como mayor peculiaridad y tradición de ese día estaba la entrada a la ermita para rezar en la capilla y con esta excusa poder contar los botones de la camisa de la estatua de Juan de Ayala, pues contaba la leyenda que aquel estudiante que lo hiciera aprobaría ese curso. Hoy en día San Diego ha dejado de ser lo que era y me gustaría que ésta pequeña historia que he relatado del mismo, sirviera para hacer reflexionar a todos, a los alumnos, a los profesores, a los padres, para que entre todos divulguemos y hagamos conocer la verdadera realidad de la fiesta de San Diego, y que podamos ver abiertas, próximamente y de nuevo, las puertas de la ermita.
Porque las tradiciones históricas hay que respetarlas e intentar conservarlas aunque las condicionemos a los tiempos actuales, pero nunca adulterarlas o cambiarlas como hoy en día parece que ocurre con la introducción tan extraña y anómala del lanzamiento de huevos, pues con estas actitudes lo que conseguiremos es hacer que desaparezcan.
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