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Textos: Julio Torres Santos Fotos: Antonio Rueda, Noberto Rodríguez, Tony Cedrés y Urbano Barber Friend
Una vez más, la Semana Santa en San Cristóbal de La Laguna ha convocado a sus habitantes en celebración vivenciada de estética, sentimiento, pasión y devoción. Una vez más hemos vivenciado esa manifestación religiosa popular que lleva la carga secular de la Historia, de lo religioso, del arte, de lo afectivo,… todo entretejido a modo de complicado ensamblaje en nuestra ecléctica, y por tanto idiosincrásica, visión.   Nuestra Semana Mayor se inició en la mañana del Domingo de Pasión, cuando las pesadas puertas de tea, primorosamente trabajadas por carpinteros laguneros en el siglo XVIII para engrandecer aún más la Parroquia Matriz de la isla de Tenerife, Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, fundada en el siglo XV, se entreabrieron a modo de pórticos de fe, arte, cultura y devoción, tesoros que ha custodiado desde su fundación la Muy Noble, Leal, Fiel, de Ilustre Historia, Episcopal y Universitaria Ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad. Entonces resonaron, solmenes sobre el suelo, las llamadas de vara del maestro de ceremonia y los primeros cofrades empezaron a procesionar por las todavía húmedas calzadas laguneras. Y es que, aunque el día amaneció con una ligera llovizna, las nubes se entreabrieron, cual telón, para dar paso a nuestra representación de la Pasión, que comenzó con la tempranera procesión del Cristo del Rescate, seguida por la vespertina del Cristo de Burgos. En el paso de El Cristo del Rescate y La Dolorosa contemplamos las dos imágenes que lo integran: el Cristo, también denominado “Cristo de la Antigua” o “Cristo del Buen Viaje”, y la Dolorosa, también conocida como “La Predilecta”, por ser la imagen preferida del gran imaginero canario José Luján Pérez (1756-1815). Mientras Ella, bellísima y austera, volvió a procesionar, en solitario, el Martes Santo y en la Procesión Magna, ésta fue la única oportunidad que tuvimos de ver en la calle al Cristo, una de las imágenes más antiguas de La Laguna, talla de Francisco de Sosa anterior a 1558. El paso de El Cristo de Burgos aparece cada vez más cuidado, en su austeridad y escasez de medios. Es una reproducción de la talla policromada del artista canario Lázaro González Ocampo (1651 – 1714), realizada por el orotavense Ezequiel de León (1926 - ), pues la primera se perdió en el trágico incendio de la iglesia de San Agustín.
 Esta antesala de nuestra Semana Santa se abría con augurios vacilantes para unos, resolutos para otros. Estos últimos defendían la creencia popular, según la cual un Domingo de Pasión soleado presagia una Semana Santa en casa y en algún caso tuvieron razón…. Mientras Sevilla, Córdoba, Granada, León, Valladolid, Zamora… miraban hacia el cielo amenazadas por borrascas cargadas de agua y frío, en La Laguna pudimos vivenciar una Semana Santa en términos generales buena, con el cielo entre nubes y claros por lo que ocurrió en otras ciudades españolas envidiable,… con los pasos en la calle. Nuestra Semana Santa es casi secuencial, día a día, paso a paso, representamos y vivimos la Pasión. En el Domingo de Ramos palmas y olivos dan la bienvenida, como entonces, al Rey de Reyes. Nos hallamos ante La entrada de Jesús en Jerusalén (paso antiguamente denominado Cristo Predicador), un grupo escultórico compuesto por cinco imágenes, todas obra de Ezequiel de León (1926 - ), excepto la de Jesús, talla del reconocido imaginero lagunero José Rodríguez de la Oliva (1695-1777). Recuperar la tradición de los elaborados palmitos es importante, incluso los de la solapa o “barrilitos”, como contara el insigne Nijota.
En la tarde del domingo, la ciudad se hizo plegaria para recibir, en el largo entramado de sus calles, esos pasos con sabor andaluz que llegan justo con los jazmines y las santasnoches de la Vega. Nuestra Señora de la Amargura y Nuestro Padre Jesús de la Sentencia procesionaron por una ciudad que se hizo plegaria para acogerlos. La iniciativa tiene detractores (alguno vomitando odio, xenofobia, y hasta el más puro fascismo en sus "escritos"), no podía ser menos en una ciudad tan peculiar. No deja indiferente a nadie. Desde nuestro punto de vista, hay que apoyar un trabajo tan serio, constante, generoso y desinteresado. En una ciudad como San Cristóbal de La Laguna deben tener cabida todas las concepciones y visiones sobre la Semana Santa. Las Caídas no procesionó el Domingo de Ramos pues las lluvias intermitentes amenazaron durante toda la jornada la salida. Finalmente se impuso la climatología y la Junta de Gobierno con buen criterio suspendió la procesión, pues su recorrido es el segundo más largo de la Semana Mayor lagunera. El Lunes Santo es el día de los conventos laguneros. Guardadas todo el año en el arca de nuestras rancias iglesias, perfumadas por el olor a incienso y la tea antañona de las techumbres mudéjares, fueron saliendo de los conventos las emotivas imágenes en las que el arte isleño hizo cristalizar el realismo tranquilo de José Rodríguez de la Oliva. Desde la Parroquia Matriz de la Concepción, sede accidental de la S.I. Catedral, procesionó el Cristo del Amor Misericordioso, talla del año 1830, aproximadamente, realizada por el orotavense Fernando Estévez (1780-1854), aventajado discípulo del “escultor de las Dolorosas”, José Luján Pérez. A los pies del Cristo, María Magdalena, también obra de Estévez. La orfebrería (no en vano La Laguna fue el centro plateril del archipiélago durante el siglo XVIII) prestó al cortejo de las Insignias de la Pasión el frío brillo, señorial, de sus repujados.
Desde “las Catalinas” (coloquialmente “las monjas de la Plaza de Abajo”) procesionó el paso denominado “Las Insignias de la Pasión”, compuesto por la Virgen de la Soledad (de autor anónimo, fechada en el siglo XVIII) y los elementos u objetos representativos de la Pasión de Cristo. Sin duda un hermoso paso que refleja el cariño y el mimo que siempre le ha prestado por su cofradía, que recientemente ha celebrado sus bodas de oro. Desde “las Claras” procesionó “La oración del Huerto de los Olivos”, paso compuesto por cinco imágenes: Jesús (obra del insigne imaginero de Guía–Gran Canaria- José Luján Pérez, 1756-1815), el Ángel (obra del orotavense Ezequiel de León, fechada en abril de1960 y claramente inspirada en la talla de Salcillo) y los apóstoles San Juan, San Pedro y Santiago, imágenes de candelero del polifacético José Rodríguez de la Oliva (1695-1777), apodado “el del moño”.  En el Martes Santo, las flores se abrieron en leves ramilletes como queriendo paliar un poco la sagrada desnudez del Señor Atado a la Columna, la lividez del Cristo de los Remedios, el dolor y la soledad padecidos por “La Predilecta” y la Virgen de las Angustias y la debilidad de Pedro. El Stmo. Cristo de los Remedios (que ha presidido, casi desde su fundación, el altar mayor de la entonces Parroquia de los Remedios –hoy S.I. Catedral en obras-, la segunda más antigua de la isla) es una talla en madera policromada del siglo XVI, de autor anónimo, aunque probablemente canario, pues guarda gran parecido con el Stmo. Cristo de La Laguna. Nuestra Señora de los Angustias es una obra de candelero del maestro sevillano Gabriel de Astorga (1804- ?), hijo de Juan de Astorga (1779 – 1849), conocido imaginero sevillano de cuya gubia emanaron imágenes como Nuestra Señora del Subterráneo y Nuestra Señora de la Esperanza Macarena. El Señor atado a la Columna es una talla de autor anónimo, aunque con toda probabilidad de origen genovés, concretamente del taller de Filipo de Parodi (1630 –1702). Las lágrimas de San Pedro es un paso compuesto por dos imágenes, auténticas joyas del arte religioso tinerfeño: el Señor “de los grillos” o “de los grilletes” y San Pedro, realizadas por el orotavense Fernando Estévez del Sacramento (1780-1854). A este imaginero también corresponden, entre otras, tallas tan relevantes como la actual imagen de Nuestra Señora de la Candelaria, Patrona General de Canarias, y la Inmaculada Concepción de La Laguna. Como ya dijimos, la Dolorosa conocida con el sobrenombre de “La Predilecta” fue la imagen preferida del gran imaginero canario José Luján Pérez (1756-1815), quizá porque Ella refleja mejor que ninguna el eclecticismo entre la raigambre hispana y el sello particular de carácter insular, característico del maestro: una inmensa dulzura impregnada de melancolía. Siempre está bellísima, destacando sobremanera la melancólica dulzura de su rostro, demostrando que Luján está, por méritos propios, entre los mejores representantes de la imagineria barroca española. El Miércoles Santo de nuevo mirando al cielo lagunero. Como ocurrió el Domingo, la lluvia impidió las salidas de la Hermandad de la Sangre, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad y de La Verónica y la Santa Faz.
En la tarde del Jueves Santo, los últimos rayos del sol hicieron compañía a Los Santos Varones y a La Soledad, las meditaciones de la Humildad y Paciencia y el sacrificio de Jesús en el Calvario, precedido por su consciente inmolación en La Cena. La Santa Cena es un paso compuesto por un total de trece imágenes, todas ellas tallas de candelero realizadas en el año 1664 por Antonio de Orbarán (1625 – 1671), caracterizadas por su hieratismo, inexpresividad y uniformidad en los rasgos (esto último parece indicar que fueron copias de un mismo modelo). El deterioro sufrido por las tallas de Jesús, San Pedro y Santiago obligó a que fueran intervenidas y muy retocadas por José Rodríguez de la Oliva en el siglo XVIII. El Señor de la Humildad y Paciencia es una talla atribuida al escultor Antonio de Orbarán (1625 – 1671), que data aproximadamente de 1640. Imagen de gran devoción entre los fieles es, según Cioranescu, una talla de aspecto basto, de técnica imperfecta, pero cuyo realismo brutal no carece de fuerza expresiva. Nuestra Señora de la Soledad es una imagen de origen incierto pues, por un lado, se la considera una talla sevillana del siglo XVII, pero, por otro, se cree (quizá más acertadamente) que es obra de José Rodríguez de la Oliva (1695-1777) y por tanto dataría del siglo XVIII. Los Santos Varones, San Juan y la Magdalena es el tercer paso que procesionó el Jueves Santo desde la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo. Sólo hay certeza de que San Juan y la Magdalena son obra de Fernando Estévez (1780-1854) y, por consiguiente, datan del siglo XIX. En esta última sobresale el patetismo de su rostro. Últimamente se ha incorporado Nuestra Señora del Mayor Dolor, obra de un novel escultor andaluz. El paso de El Calvario está integrado por seis imágenes: Jesús Crucificado, el buen ladrón, el mal ladrón, la Dolorosa, la Magdalena y San Juan. El Cristo Crucificado es obra del gomero Francisco Alonso de la Raya y está datado en el año 1670. Los ladrones son de autor y orígenes desconocidos y las tres imágenes restantes son realizaciones de Ezequiel de León (1926 - ) entre los años 1985 y 1987. Este paso constituye el único Calvario que procesiona completo en las Islas. Alabamos la labor de esta cofradía que ha crecido en número, cuidando enormemente sus hábitos (especialmente el antifaz, perfectamente ceñido al capirote), ejemplo que se debería seguir. Asimismo ponderamos que se desconecte el alumbrado público cuando el paso procesiona, pues se recrea una atmósfera muy apropiada. El Viernes Santo fue, como siempre y con mayúsculas, la madrugada del Stmo. Cristo de La Laguna. Aunque de autor y orígenes inciertos, de lo que no cabe duda es de qué se trata de una talla gótica que llegó a la ciudad en los albores de su fundación, como regalo del duque de Medina Sidonia al Adelantado, don Alonso Fernández de Lugo. Desde entonces ha aglutinado la fe y la devoción del pueblo canario. No existe en todo el Archipiélago Canario una imagen del Crucificado tan venerada como ésta, orgullo y blasón de los laguneros y laguneras durante más de cinco siglos. Iba precedido del paso de La Dolorosa, San Juan y la Magdalena, imágenes de probable origen americano de mediados del s. XVIII, que fueron traídas al monasterio de Santa Clara desde el convento de San Miguel de las Victorias con motivo del incendio de este último en 1810. El cambio en la vestimenta, tocado y sol de la Dolorosa nos pareció acertado, no así el rostrillo (sería más canario que luciera una mantilla). De cualquier forma, felicitamos a los responsables de este cambio que recupera una tradición en el atavío y ornamentos. Al mediodía procesión la Cofradía del Lignum Crucis, fundada el 11 de febrero de 1955, acompañando al paso de La Piedad, compuesto por dos imágenes: la Virgen, de autor desconocido y probablemente de principios del siglo XX, y el Señor Difunto, una de las mejores obras del güimarero Lázaro González de Ocampo (1651 – 1714), datada en 168. Probablemente fuera empleada como Cristo difunto, ya que presenta los brazos articulados a base de tela encolada. Después, la Procesión Magna protagonizó la tarde del Viernes Santo de la capital de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, tal y como lo viene haciendo desde 1927. La percibimos y vivimos elegante, señorial y exquisita, muestra de la encomiable labor de todos los responsables, en particular de la Junta de Hermandades y Cofradías (donde como en todas partes tienen sus "garbanzas negras"), a quienes alentamos que continúen su trabajo de recuperación (sin tirársele al cuello “pa” asfixiar a nadie que no escriba a su dictado, bueno para ello habría que saber dictar) Semana Santa Lagunera, orgullo de la fe, cultura y tradición de un pueblo.  Y… por la noche se hizo el silencio. El Señor Difunto o Santo Entierro procesionó por las calles laguneras en su urna de plata repujada, donada por el corsario Amaro Pargo, acompañado por todas las cofradías en riguroso orden de antigüedad. La imagen, de autor desconocido, data del siglo XVI. Añoramos la época en la que se sepultaba bajo el sordo ruido de una pesada lápida. La Semana Santa 2011 dijo adiós con la procesión del Santísimo Cristo Resucitado
La Real y Venerable Hermandad del Santísimo Rosario, Nuestra Señora de la Soledad y el Santísimo Cristo Resucitado. Estrenando nuevo paso y cuadrilla de costaleros, ha acompañó la última procesión de la Semana Santa de La Laguna 2011, |