Nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti Con la precedente cita nos permitimos se la apliquen algunos ciudadanos de la Isla de enfrente y otros de San Sebastián de La Gomera, a quienes le resultan molestos los relojes y las campanas de las iglesias, procedente de la dedicatoria a Martha Gellhorn que aparece en el libro sobre la Guerra Civil española, de Ernest Hemingway, titulado: Por quién doblan las campanas, pareciéndonos adecuado para que determinado “Premio de Canarias” tome buena nota y sea capaz de dedicarle uno de sus poemas que sirva a la vez, de examen de conciencia para los que han denunciado por molesto y por ¡ maldita ansiedad al reloj de la parroquia matriz de La Laguna!
Asimismo nos será permitido que recordemos unas estrofas del viejo cancionero español que dice: reloj no marques las horas porque voy a enloquecer porque mi vida se apaga- como se apagó la de nuestro celebre y popular costumbrista, Nijota que no fue, como otros Premio Canarias, afortunadamente-. Ese popular Nijota nos ha dejado un poema de las campanas de La Concepción que tanto molestan hoy a ciertos y determinados residentes que tienen su habitáculo en el edificio Belem, del cual nos permitimos entresacar algunas estrofas, por considerarlo adecuado y oportuno:
Torre de mi parroquia, vieja torre vecina
¡No hay poema más dulce que ese broncíneo coro,
de tus campanas, cuando en la paz pueblerina;
derraman en el aíre su replique sonoro!
Habrá cosa más espiritual, para nosotros los cristianos, que el sonido de esas campanas y de ese reloj que nos llama cada día a la oración, a ese recogimiento que se da cuando el Espíritu del Señor efectúa un gran cambio en el corazón de las personas, de manera que ya no tienen más deseos de obrar mal, de hacer daño al prójimo, sino de seguir las vías de Dios, y en especial ahora, cuando estamos celebrando el nacimiento de Cristo, ese ser supremo de los nacidos sobre la tierra que, ¡no lo dudemos!, volverá en poder y gloria para reinar la tierra, este mundo. AMEN