DR. CARLOS GARCÍA Traumatólogo Delegado de Intersindical Canaria
Casi todos los políticos mienten sistemáticamente. Por eso no hay que creerles. Es un hecho demostrado en la actividad política diaria. Ocultan la verdad, cambian los argumentos frecuentemente por motivos dispares, tergiversan datos y situaciones, son parciales y partidistas en sus mensajes y en lo que deciden y dictan.
Al aplicar las decisiones políticas que toman, sabemos que, en muchas ocasiones, nos engañan. Lo comprobamos en sus promesas, con mucha más incidencia en periodos electorales donde, en sus programas y discursos, nos dan su palabra y nos ofrecen todo y más. Luego, cuando llegan al poder, se olvidan de lo dicho y nos vuelven a engañar. No podemos darle credibilidad porque votamos en función de las promesas y creyendo en lo que nos dicen y luego no lo cumplen. Y caemos siempre en la trampa. Nos hemos acostumbrado, o nos han acostumbrado, a ser unos crédulos, unos creyentes, a asumir como cierto lo que nos cuentan y dicen. Pero mienten mucho. Y no debemos creerles. En referencia a los servicios públicos de obligado cumplimiento, por ser derechos y no privilegios, como la sanidad, educación y prestaciones sociales, son parcelas donde se engaña mucho al ciudadano. Y miren que nos prometen y nos ofertan logros, cambios, ayudas y beneficios cuando estamos en época electoral. Y luego se olvidan y lo incumplen. Y hasta nos rebajan lo que ya nos habían dado con anterioridad. Nos quitan lo que teníamos y de lo que disfrutábamos. De nada sirve recordarles que nos habían prometido..., que nos dijeron..., que nos ofrecieron...De lo dicho, nada. Donde dije digo, ahora es Diego. En Canarias sabemos mucho de esto, lo sufrimos frecuentemente. Y es que los ciudadanos por estas tierras somos unos benditos. Somos buena gente, somos pacíficos y tranquilos. En otros lugares del mundo una mentira o promesa política incumplida puede hundir y hacer desaparecer a un gobernante o representante político.
Aquí no. Aquí volvemos a premiarlos en las elecciones siguientes en que nos volverán a engañar y daremos nuestro voto para que, durante cuatro años más, sigan con el mensaje ambiguo y diferente a la realidad, con la mentira. Y como tienen carta blanca para otro periodo electoral durante el que los ciudadanos no podemos expresar nuestra opinión ni criticar sus actuaciones, pues se creen con la patente de hacer lo que les viene en gana o les interesa electoralmente, olvidando en ocasiones a sus propios votantes a quienes prometieron cosas que luego no cumplen. Solo expresamos nuestra opinión un domingo cada cuatro años. Y como votamos listas cerradas de partidos y no a las personas, peor todavía.
Y ante todo este panorama... ¿que hacer? ¿ para cuando un cambio electoral? Es difícil acertar con la solución que puede pasar por abstenerse de votar, por votar en blanco, por votar otras opciones diferentes (¿a cuales, Dios mío?) o a mantener actitudes de rebeldía social, con manifestaciones, concentraciones, salidas a la calle, o sea... el pataleo. Porque ni siquiera nos permiten, ellos mismos, los políticos elegidos democráticamente por nosotros, ejercer y propiciar lo que nos posibilitan las leyes y la democracia con las iniciativas legislativas populares que, en sus feudos parlamentarios, ni siquiera tramitan y aceptan. A menos que lleguemos a plantear una revolución como última posibilidad como último remedio….
Son dueños absolutos del poder y casi de nuestras vidas. Controlan y deciden nuestro trabajo y empleos, nuestros salarios, nuestras pensiones, nuestra sanidad, nuestra educación, nuestras prestaciones, nuestra seguridad, nuestros transportes, nuestro propio dinero. Son los que legislan y dictan las leyes. Son los señores feudales de nuestro siglo, dueños de vidas y haciendas. Aunque dicen que lo hacen por nosotros, por los ciudadanos, en un acto de servicio al prójimo y por vocación personal de prestar una ayuda a la sociedad de forma abnegada y sacrificada. Pero ellos mienten, no lo olviden....
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