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LA FUGA DE SAN DIEGO EN EL RECUERDO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrador   
jueves, 10 de noviembre de 2011
 Los estudiantes laguneros celebran mañana el día de "La Fuga de San Diego"
 
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                                            Instituto de Canarias-La Laguna (Foto:1923)
 
Hace ya unos años que desde las páginas de La Laguna Treinta Días explicábamos el origen de esa masiva y tradicional fuga instituida todos los 12 de noviembre, allá por 1919 ó 1921, por unos estudiantes rebeldes a las imposiciones de un catedrático destinado al entonces Instituto de Canarias. Sentados los antecedentes históricos, conviene ahora traer a la memoria de todos algunos aconteceres y anécdotas de la fuga a través del recuerdo de:
ELFIDIO ALONSO QUINTERO

 Un catedrático de literatura mutó el lema:

“Día de San Diego, fuga general”
por el de “Día de San Diego, cero general.
Las malas costumbres se han de terminar”.
 
Mis primeros recuerdos se remontan al año en que entré en el Instituto, cuando tenía diez años -¡ahí es nada!-. Los de 7º, los mayores -entre los que recuerdo a Pedrín, que jugaba al fútbol en el Hespérides-, se ponían en la puerta del Instituto para forzar la fuga de los “pequeños”, que teníamos que huir bajo la amenaza del cinturón que se sacaban a tal efecto. Entonces nos “apremiaban” para ir todos juntos en peregrinación hacia San Diego; una vez allí entrábamos en la iglesia con un gran respeto y mirábamos al santo. Teníamos toda clase de facilidades para entrar en la ermita. Recuerdo que me asombré al ver en la ermita una barca con remos -parece que la estoy viendo ahora-; pregunté para qué servía y me contaron que se usaba para surtir a las gentes de San Diego, cuando, con las inundaciones, la zona quedaba aislada del resto de la ciudad durante dos o tres días. El embarcadero estaba ubicado donde estaba la serrería de Núñez, (el edificio de D. Luis Rodríguez Figueroa), justo detrás de “La Oficina”. En aquel entonces no había baile; simplemente, una vez habíamos disfrutado del día (alguno llevaba incluso su bocadillo), regresábamos a nuestras casas a la una de la tarde.
   
 
En años sucesivos hubo catedráticos que prohibían que nos fugáramos. El “primer grafitti” que recuerdo es el que escribíamos, llegado el día señalado, y que rezaba “Día de San Diego, fuga general”. D. Pablo Pou, catedrático de Literatura, lo modificó y escribió en la pizarra del aula: “Día de San Diego, cero general. Las malas costumbres se han de terminar”.
    
Luego empezaron los bailes en San Diego y la dueña de la finca, Dña. Blanca Ledesma, daba facilidades, siempre que nos portáramos bien. Recuerdo, ya siendo alumno de 7º, asistir a alguno de estos bailes, que eran al mediodía.
    
Después me dijeron que habían degenerado las cosas, que el vandalismo había entrado en escena y la dueña, con buen criterio, cerró a cal y canto la finca. Por aquél entonces ya vimos que la fuga de San Diego, que era única porque era sólo del Instituto de La Laguna, se había extendido a la Universidad y a Las Palmas, haciéndose costumbre general, cuando en realidad era una cosa muy local y muy reducida y con un significado que hoy no tiene, desgraciadamente.
Modificado el ( viernes, 08 de noviembre de 2013 )
 
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