JULIO TORRES.-La Verónica, El Nazareno (ambos anónimos) y La Dolorosa procesionan el Jueves Santo y el Viernes Santo. Acompaña a estos pasos la cofradía de La Verónica, que viste túnica negra y capirote y cíngulo blancos.

cofradía de la Veronica (Tejina)
El Cristo, obra de Ezequiel de León (1926 - ), procesiona en la madrugada del Viernes Santo (y en la procesión magna del mismo día) acompañado por La Dolorosa. Se trata de la procesión de madrugada, una de las más sentidas y representativas de la Semana Santa en Tejina. Comienza en la parroquia de San Bartolomé, desde donde se dirige a El Pico, donde es recibida con hachones de fuego dispuestos a lo largo del camino, para concluir en el lugar de origen. Acompañan a estos pasos la cofradía de El Cristo, que viste túnica negra y capirote y cíngulo rojos.
El Santo Entierro, imagen anónima, procesiona en la procesión de El Silencio (anochecer del Viernes Santo) y, antes, en la procesión magna.
Existe un elemento muy peculiar en la Semana Santa de Tejina. Parte del trayecto procesional se cubre con una planta denominada romanillo, que los fieles recogen en La Atalaya (cumbres de Tegueste y Tejina) y que, al pisarla, desprende un peculiar aroma, similar al de lavanda. Se trata de una tradición ancestral que se ha recuperado en nuestros días.

Cofradía del Stamo. Cristo de la Agonia (Tejina)
De todas las imágenes que integran la Semana Santa tejinera brilla con luz propia La Dolorosa. Si bien popularmente se atribuye al escultor grancanario Luján Pérez (1756-1815), entre los expertos existe una honda controversia en torno a su paternidad. La razón la esboza claramente el historiador y cronista lagunero De la Rosa Olivera (1943, p. 9): “la similitud de muchos de los trabajos de Luján y de Estévez hace muy difícil, por no decir imposible, afirmar que una determinada obra, sea de uno o de otro, de no haber documento que lo pruebe, como ocurre en este caso”. Sin embargo, el estudio de Padrón Acosta (1943) resulta sumamente aclaratorio.
La atribución de esta imagen a Fernando Estévez (1788-1854) al parecer partió de Rodríguez Moure. Pero una nota del primer libro de fábrica del Archivo de la parroquia de Tejina, escrita por el párroco, don José de la Concepción Quintero, el 31 de enero de 1803, reza: “ Y por último, por mi mano, y ayudado del carpintero Bartolomé Rodríguez se ha armado y dado de yeso el retablo de Nuestra Señora de Los Dolores, cuya santa imagen queda en poder de D. Manuel Antonio de la Cruz para que éste la vista y estofe, cuya paga tiene en su poder que fueron ocho fanegas de trigo donadas, tres por la dicha doña Ana Rodríguez, una por el conde de Salazar, otra por el capitán don Tomás Suárez y tres por mí el infraescripto José de la Concepción Quintero y Estévez”.
Esta nota niega la atribución de la imagen a Fernando de Estévez, puesto que el escultor orotavense frisaba entonces los 14 años de edad.
Quedan entonces dos posibilidades: que sea obra de Luján Pérez o de Miguel Arroyo.
El Rvdo. P. Pablo Cerezo (en Padrón Acosta, 1943) escribió en 1925 que a este escultor, procedente de la Península, casado en Santa Cruz de Tenerife con doña Angustias Castellano y que talló la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, que se venera en la iglesia del Pilar “se le atribuye una imagen de La Dolorosa, venerada en Tejina”.

La Dolorosa Luján Pérez (1756-1815)
Concluye Padrón Acosta (1943, p. 14) que: ”La técnica de La Dolorosa de Tejina es distinta de la de la Virgen de las Angustias. Luego no puede admitirse (su) atribución a Miguel Arroyo. La hipótesis de Luján Pérez nos parece la más aceptable, puesto que la fundamentan una serie de circunstancias de gran fuerza”.
Así pues, podemos afirmar que La Dolorosa de Tejina es obra de Luján Pérez, fechada en 1802. Es una magnífica imagen de talla en la que su autor logra dar cima al difícil tema. El rostro de la Virgen es de extraordinaria delicadeza. Las manos, que se superponen delante del pecho son obra maestra. Los pliegues de la túnica y el manto, plenamente barrocos, están bellamente resueltos. El dolor resignado que refleja el semblante, la naturalidad con que cruza las manos, el gesto de la cabeza, la perfección del modelado hacen de esta imagen una verdadera obra de arte. Todo ello porque el escultor, tan estoico en sus Cristos, entendía que el dolor de la Virgen precisaba de una representación barroquista. Las vestimentas están realizadas con la técnica denominada estofado, consistente en imitar en madera las verdaderas telas bordadas. La espada de plata que hoy tiene fue donada por el sacerdote don José Nicolás de León, según consta en la inscripción que hay en ella.
Señala la tradición que el conocido como “escultor de las Dolorosas”, usaba como modelos a jóvenes que entristecía contándoles penosas historias.