Por ello, y por todos los logros conseguidos, quiero comenzar dando la enhorabuena al alcalde, a la Corporación y al pueblo de Tegueste.
Tegueste puede presumir de muchas singularidades que lo hacen destacar entre los pueblos y ciudades del Archipiélago y del Estado. Entre ellas, la de ser el único municipio rodeado completamente por otro, La Laguna, que lo envuelve en un abrazo fraternal.
No en vano, el Menceyato de Tegueste fue el germen de La Laguna, de modo que podemos decir que sin uno, la otra no habría podido existir ni desarrollarse. Esa simbiosis se ha mantenido a lo largo de la Historia, por lo que ambos municipios comparten muchos elementos comunes.
Pero volvamos a los orígenes, a la esencia, a todo aquello que ha hecho de Tegueste el lugar en el que se conservan las tradiciones más ancestrales, que han conformado la identidad colectiva de Canarias: la vendimia, la lucha canaria, la Librea y, por supuesto, la Romería, que exalta a los frutos de la tierra y a quienes, con esfuerzo, los recolectan.
Todo se mantiene, se valora y se conserva en esta tierra, que, consciente de su importancia en el pasado histórico del Archipiélago, mantiene ese papel en la actualidad para que las generaciones futuras no pierdan aquello que nos define y que nos hace más grandes.
El pueblo guanche llamó Tegueste a estos valles --que comprendían a la actual ciudad de La Laguna y a sus pueblos costeros-- dándoles el nombre de su Mencey, también conocido en las crónicas primeras como Tagaste o Teghest.
En sus barrancos quedan vestigios arqueológicos de ese pasado glorioso y en sus montes se escondieron los alzados, guanches que se negaron a someterse tras el triunfo de los conquistadores consiguiendo vivir libres durante al menos dos décadas.
Y, como dice el poema La Tierra y la Raza, de Ramón Gil Roldán. Entonces… llegó el de Lugo. El Adelantado que repartió las tierras de toda esta zona a través de las "datas" por las que concedía a quienes lo acompañaron el derecho de aprovechamiento de tierras, aguas, bosques... El mismo Adelantado que fuera crucial en la fundación de La Laguna y que no se llevó a la tumba un grato recuerdo de este pueblo teguestero, puesto que su gente, noble pero brava, no le dio cuartel y se declaró en rebeldía contra el conquistador, que, finalmente, se impuso.
Las primeras tierras que se repartieron, según cuentan las crónicas, fueron las de El Portezuelo y El Socorro y en ellas, que siguen conservando su esencia agreste y fértil, se instalaron todos aquellos que siguieron en su aventura a Fernández de Lugo. Y se construyeron las primeras iglesias, y todo el territorio comenzó a cambiar.
Así, comenzó a crecer un lugar que nunca abandonaría la agricultura y la ganadería, primeras actividades que aquí se desarrollaron y que, afortunadamente, subsisten gracias a la generosidad de su geografía y el empeño de su gente.
Y me gustaría hacer hoy, de nuevo, con ustedes, el recorrido que hemos hecho juntos teguesteros y laguneros, a través de ilustres personajes que han sido fundamentales en la historia de estos dos municipios, hermanos en tantas cosas.
El Adelantado fue esa primera figura que, llegando a la Isla con ánimo de conquistarla, sellara entre Tegueste y La Laguna una alianza que iba a llegar hasta nuestros días y que comienza, justamente, con el establecimiento en La Laguna del culto a la Virgen de los Remedios, figura central de la Catedral y Alcaldesa Honoraria y Copatrona de Tegueste, que luce en su vestimenta el fajín con los colores y el escudo oficial de la Villa.
Ella protagoniza, además, una tradición que conservamos, como preciado tesoro etnográfico, ambos municipios: la Librea, que en Valle de Guerra, sin embargo, tiene como centro a la Virgen del Rosario.
Junto con el antiguo culto a San Marcos, la Virgen de los Remedios llega a Tegueste para tener un lugar privilegiado. En los primeros inventarios de la Ermita del siglo XVI, junto a la talla del Patrono, San Marcos, aparece ya una primera representación de esta Virgen, cuya devoción parte del propio pueblo, de los vecinos, y, con el transcurrir de los años, su fiesta se convierte en una de las más destacadas.
La Virgen de los Remedios, que adquiere más protagonismo en estas tierras desde el siglo XVII, es objeto de la veneración no solo de los teguesteros, sino también de los laguneros, que acuden a su fiesta, el 8 de septiembre, desde los pueblos vecinos de Punta del Hidalgo, Tejina, Valle de Guerra y desde el propio Casco.
Y es, precisamente, otra figura representativa de los dos municipios, el Prebendado Antonio Pereira Pacheco, el principal impulsor de su fiesta, que alcanza gran solemnidad en la época en que éste rigió la parroquia.
La figura del Prebendado Pacheco, nacido en La Laguna en 1790, que fuera racionero y secretario de la Catedral, merece ser conocida por todos los laguneros y teguesteros puesto que es una de las personalidades más destacadas dentro de la Historia de Canarias.
Nadie como él impulsó y defendió a este pueblo que consideraba el suyo, puesto que se trasladó a esta Villa en 1842. Alfabetizó a su gente, que luego subía a completar sus estudios a La Laguna, y fue el primer defensor y conservador de sus tradiciones. Y, excediendo en mucho su labor como cura-párroco, se preocupó por las obras públicas, la educación, la pobreza y austeridad de los miembros de su parroquia, por los que trabajó para darles condiciones de vida lo más adecuadas...
En tiempos como estos en los que se hace necesario volver a los orígenes, el ejemplo del Prebendado Pacheco debe servirnos para avanzar y ser conscientes del valor de la humildad y de la necesidad de compartir, de ser solidarios. Antonio Pereira Pacheco fue, mientras vivió, un fiel notario de su tiempo y pidió, con coherencia, ser enterrado en un humilde ataúd de pino.
Totalmente distinta, pero igualmente apasionante es otra figura que dejó su impronta tanto en La Laguna como en esta tierra: El Corsario --que no pirata-- Amaro Pargo, nacido como Amaro Rodríguez Felipe en La Laguna, ciudad en la que está enterrado. Un personaje a caballo entre lo real y lo legendario, entre lo religioso y lo profano, que tuvo en Tegueste una hacienda principal, por la que sintió predilección, trabajada por vecinos del lugar, viñas, de singular fama y tierras de cultivo.
Amaro Pargo costeó obras religiosas de gran calado en uno y otro municipio y tenía devoción a la Sierva de Dios Sor María de Jesús, cuyo sarcófago encargó y mandó inscribir con su nombre oculto en él. Del mismo modo, aparece su nombre en la iglesia de El Socorro, como huella perenne de su contribución al templo.
Somos pues, dos pueblos unidos no solo por la geografía y la Historia, sino también por tradiciones y herencias que, afortunadamente, se han mantenido y preservado hasta nuestros días.
Es mucho y muy grande ese acervo común.
Y una de las personalidades que mejor lo recogió en el ámbito de lo musical fue Fermín Cedrés Hernández, nacido en Tegueste en 1844 y formado como organista, pianista y compositor en la Capilla de Música de la Catedral de La Laguna. En nuestra ciudad se ocupó, entre otras muchas formaciones, de la pequeña Orquesta y Coro del Ateneo de La Laguna, siendo su paso por ella uno de los capítulos más relevantes de la historia musical del Archipiélago.
Don Fermín Cedrés, compositor del más bello villancico jamás cantado en esta tierra, Lo Divino, transmitió sus conocimientos musicales a su hijo, del mismo nombre, que, continuando la tradición de su antecesor participó en el engrandecimiento musical y cultural de La Laguna fundando, junto a otros músicos, el Orfeón La Paz.
Como vemos, hay nexos que se hacen más patentes si hablamos de las tradiciones compartidas.
La Lucha Canaria es otro de esos puntos que nos unen, puesto que aquí se ha conservado y proyectado el deporte vernáculo, igual que en lugares singulares de La Laguna, como Valle de Guerra o Las Canteras, gozando de una afición que no solo no disminuye con los años, sino que es transmitida a los más chicos, de tal modo que podemos decir que la exhibición de su nobleza se mantiene.
Recordamos ahora los tiempos gloriosos del Pérez Abreu, equipo teguestero que llevó el nombre de uno de sus mejores puntales y que se batía en el terrero contra nuestro legendario Hespérides, que contaba con figuras de la talla de Pollo de las Canteras, El Estudiante, Félix Herrera o el Pollo de Tejina.
Pervive su recuerdo y su semilla, que podemos ver hoy en el terrero de lucha Mencey Tegueste, sede del club del mismo nombre, que recoge la mejor herencia de otros muchos clubes de la zona como el Rival, el Teguise, el Socorro, El Saco o el Mencey.
Nombres como el de Emilio Rivero, Víctor Rodríguez, Jeremías Reyes, José Ramallo, Manuel Perera, Felipe del Castillo, Andrés "Cañero"… que ya están escritos con letras de oro en la historia deportiva de la Isla y que hoy, con ambiente ya de Romería, traemos hasta aquí porque son parte destacada de este pueblo.
Las Romerías son las más brillantes expresiones de lo popular, que tanto en La Laguna como en Tegueste destacan de manera especial.
Como ésta de San Marcos, que el próximo domingo 29 llenará las calles centrales de la Villa de colorido, tipismo y, sobre todo, de tradición.
Los barcos tirados por una yunta son, sin duda, un elemento definitorio de la fiesta del Nordeste de esta Isla, conservados como una reliquia en Tegueste y también en los valles laguneros de Tabares y Jiménez.
Los navíos de los tres barrios (San Luis, Pedro Álvarez y el Casco) compiten, pues, entre ellos, en su vistosidad y rapidez y llenan de colorido el recorrido romero, que guarda la esencia de un pueblo que no renuncia a sus orígenes.
Desde que se recuperara en 1969, gracias al celo y al cuidado de los vecinos, que no quisieron que se perdiera una tradición tan genuina, el domingo más cercano al 25 de abril, festividad de San Marcos Evangelista, la Romería lo llena todo cada año y en ella se muestran, como joyas patrimoniales únicas, lo mejor que esta tierra puede dar.
La Romería de San Marcos es la primera. Y, después de ella, en el calendario vienen otras muchas citas destacadas que en La Laguna tienen su culmen en San Benito, donde se lucen, también, los barcos teguesteros.
San Marcos cuida aquí a hombres y animales, a cosechas y sembrados, a la viña, parte fundamental de este pueblo… y lo hace desde que en el siglo XVI se construyera la primera ermita con su nombre y bajo su advocación.
San Marcos, que se erige en señor de todo lo auténtico, de la belleza de las carretas participantes, que mostrarán, como siempre, sus paneles artesanales expresivos del costumbrismo del municipio. Auténticas obras de arte que tienen en cada uno de sus detalles el corazón de los teguesteros, que con mimo y esfuerzo les van dando forma a lo largo de todo un año.
San Marcos, que contempla la bellísima y singular Danza de las Flores --conservada con unas características únicas-- los barcos, las parrandas y los buenos grupos de la tierra.
San Marcos --guardián de una tradición que exalta nuestro pasado agrícola y ganadero-- es quien nos ha traído hasta aquí para que recordemos todo lo que nos une como pueblo y sigamos avanzando de la mano, como hemos hecho hasta ahora.
San Marcos, patrono alegre de la Fiesta que trae, de nuevo, el folklore a Tegueste, cuna de cantadores y bailadores que tendrán ocasión de medirse con buena gente del resto de la Isla y de todo el archipiélago.
Estamos en abril, de romería
Cantando vamos todos pa’ Tegueste
Porque en un lindo pueblo como este
Dan ganas de cantar de noche y día
Ganas de cantar, como dicen Los Gofiones en esta bella estrofa, ganas de compartir la fiesta y de decir, con el alma en la boca:
¡Viva San Marcos!
¡Viva Tegueste!
Muchas gracias y feliz Romería a todos.