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viernes, 01 de febrero de 2008
 
Por/Hortensia Viñes

El análisis de las fiestas populares en un hijo del 98

"Personalmente creo que casi todas las formas de ritual que poseen un valor estético mínimo tienen grandes garantías de resistir los embates del tiempo, advirtiendo que considero el dominio de las sensaciones estéticas como muy amplio y que las que se obtienen de modo más sensible me parecen las más importantes".

Julio Cara Baroja: El Carnaval
 
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El antrapólogo e historiador Julio Caro Baroja, junto a sus tío maternos, el novelista Pío Baroja y el pintor Ricardo Baroja, figuras importantes en el 98 español, forman una trilogía humanista familiar en el siglo XX. E] investigador Julio Cara Baroja también creaba.

Así ha dejado una serie de pinturas de humor abarrotadas de personajes grotescos rezumantes de realismo muy cercanos a lo nanrrativo novelesco. Pero su especificidad era otra lo etnológico, el pasado operante de los pueb]os, la otra historia que casi nadie cuenta.
 
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"Yo cerca de cumplir setenta años -decía en una entrevista a comienzos de los ochenta- fui un niño de la burguesía que conoce en Madrid, desde que tiene uso de razón, a toda la intelectualidad española", a ]a fuerte intelectualidad española anterior al 36 y a los visitantes extranjeros, maestros europeos con quienes se inicia en el deseo de saber.

Fue un niño que en un intenso ambiente cultural aprendía, un adolescente que tomaba notas. Su madura ancianidad, más tarde, dio frutos importantes gestados en aquellos años juveniles. Asomado a la orilla de los famosos fue iniciando un camino personal, original, lleno de aportaciones relevantes. Las últimas generaciones de jóvenes estudiosos, entre la década del setenta y el ochenta, siguieron con avidez su magisterio granado, en las aulas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la calle del Duque de Medinaceli en Madrid.
 
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Su obra "El Carnaval", hoy agotada, se hermana con otras dos obras sobre fiestas populares, de gran interés: "La estación del amor, fiestas populares de mayo a junio" y "El estío festivo, fiestas populares de verano". Tres libros de temas calientes elaborados por un estudioso de biblioteca.
 
Desde el frío análisis de quien no se mezcla con el bullicio, la ruptura, el desmadre, lo pasional de las fiestas, muestra un sin fin de ritos, simbologías, orígenes festivos, comparaciones cuya lectura enriquece y lleva a la reflexión.

Las fiestas populares están todas ellas tiranizadas por el tiempo, el ciclo solar. Giran en Europa según el calendario eclesiástico y en torno a los ciclos agrícolas.

"El Carnaval -nuestro carnaval- quiérase o no, es un hijo -aunque sea pródigo- del Cristianismo; mejor dicho, sin la idea de la Cuaresma, no existiría en la forma concreta en que ha existido desde las fechas oscuras de la Edad Media europea". (Julio Caro Baraja: "El Carnaval").

El Carnaval tiene diversos nombres en nuestra lengua: carnaval, carnal, carnestolendas y antruejo. Así ucurre con Brueghel, Goya, Gutiérrez Solana en su célebre entierro de la sardina. En escritores. por citar algunos, como Shakespeare, Goethe, nuestra Zorrilla. sin olvidar a los clásicos antiguos como el Arcipreste de Hita y su célebre batalla de "Don Carnal y Doña Cuaresma". Fiestas que al parecer comienzan sus inicios tras la Navidad.

Los Carnavales en el espacio que les dio origen, en Europa, tienen estructuras comunes entre las que figuran las bromas y escarnios ocasionales, sátiras públicas, críticas al poder y a las costumbres sociales, músicas, cambios de papeles, representación de fantasías. Por supuesto el disfraz que ayuda a satisfacer deseos, libertades y el anonimato intrigante de la careta, la máscara.

Julio Caro Baraja escribe su obra "El Carnaval", su tesis doctoral, en el momento en que él cree que la fiesta ha decaído, que está en regresión sobre todo en los núcleos urbanos peninsulares y él, con obstinado espíritu de investigador. persigue la fiesta en ámbitos rurales.

En uno de sus capítulos nos informa del carnaval de Lanz, un pueblo del bajo pirineo navarra, un rito de origen francés y que nunca perdió su tradición. Julio Caro Baraja nos lo ofrece perfectamente estructurado por figuras protagonistas: el gigante "Miel Otxin", El "Zaldico" "Guirrio' o el hombre caballo, el "Ziripote", un pelele atiborrado de ropa que gesticula con una escoba, el cortejo de los "chachos", gentes del pueblo disfrazados con pieles de animales y tres o cuatro "herradores". Personajes que se dirigen a la plaza del pueblo en donde tiene lugar un juicio.

En la obra de Julio Caro Baraja por razones obvias del momento en que se elabora, dificultades en las comunicaciones entre otras, no hace referencia a los carnavales de Canarias. Él se perdió la vivencia. Sin embargo el derroche de belleza, el esplendor de los trajes, la alegría de los carnavales canarios parecen suscribir las palabras de Caro Baraja con que encabezábamos el artículo: "casi todas las formas de ritual que poseen un valor estético mínimo tienen grandes garantías de resistir los embates del tiempo".
 
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