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El gofio benemérito y pobre PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrador   
miércoles, 30 de mayo de 2012

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JUAN PÉREZ DELGADO (Nijota) La Laguna (1898-1975). Como alumno externo estudia, en el Seminario Conciliar, Latinidad y Humanidades. Después, en el Instituto General y Técnico de su ciudad natal, se hace bachiller. Pasa a la Universidad de San Fernando y cursa los estudios de Derecho. Sus primeros versos, humorísticos, aparecen en el semanario lagunero La Verdad, sobre 1916, con el seudónimo «Nijota,>. Comienza luego su colaboración en distintos diarios y revistas de las islas. En 1921 inicia su sección fija «Musa Cómica» en el diario La Prensa, del que será más tarde redactor. Desaparecido dicho periódico, continuará desempeñando este puesto en El Día hasta su jubilación en 1968.

 Por Nijota

Manuel Alcántara (1918-2011), como otros compañeros suyos de las Jornadas Literarias, ha sintetizado en un breve trabajo periodístico sus impresiones de nuestras islas. El Bodegón canario que ha publicado «Ya» y que nosotros hemos reproducido, es una buena crónica de viaje en la que se vierten atinadas observaciones, certeros puntos de vista y originales imágenes de nuestra tierra y del modo de ser y de estar de las gentes canarias.
 
Primero, los panes y los peces de la mesa común de la hospitalidad isleña, compartida cordialmente con los huéspedes peninsulares. y las viandas y el vino: «El salcocho (denominación exacta del canario sancocho) y el caldo macho. El terrestre rostro de la papa arrugada (un crítico dijo del poeta español Miguel Hernández, sin ninguna intención peyorativa, sino todo lo contrario, que tenía un rostro de patata). La papa arrugada, apta para el chapuzón en el irascible mojo. Y el gofio benemérito y pobre». He aquí una versión de la mesa típica, que culmina en los dos felices adjetivos aplicados a nuestro viejo alimento primordial. Al adjetivo sustantivado 'pobre», pocas veces suele unírsele de palabra o por escrito el calificativo de «benemérito», a pesar de que las divinas palabras dieron a entender que no es el rico -y por tanto debe ser el pobre- el que tiene más probabilidades de entrar en el Reino de los Cielos. Benemérito y pobre, el gofio, cuando tiene precio asequible a todos los bolsillos, es, ha sido y será el pan de cada día del modesto hombre del campo isleño. Benemérito, porque siendo comida de nulas finuras gastronómicas, de poco relevantes sabores, ha repuesto, generación tras generación, las fuerzas del trabajador de las islas para su diaria tarea en pro del sostén de los suyos. Pobre, porque sólo en la mesa y en la mochila de los pobres subsiste como alimento de primera fuerza, como manjar básico y no como simple curiosidad culinaria, sin ser desplazado por otras viandas más caras y más apetitosas que al hombre del gofio parecerán siempre inaccesibles golosinas.

Pero volvamos a Manuel Alcántara y citemos dos verdaderas greguerías: .El timple, esa especie de guitarra disfrazada de Toulusse Lautrec.. .La suelta botonadura de las lapas., sencillo botón de muestra -añadiría yo- de la elemental mariscografía canaria.

y después, esta halagadora impresión de nuestras islas: .Buena tierra para vivir y para morirse tarde: para arrimarle agua y comunicaciones». Sí, exacto. Pero ito demasiada agua, sino la necesaria para beber y practicar la higiene y para hacer menos pobre y dura la vida de los laboriosos agricultores. Si tuviéramos el agua abundante que nunca tendremos, correríamos el riesgo de que el Archipiélago se convirtiera en ese paraíso, hasta ahora falsamente supuesto, .de la comodidad canaria, de la vida fácil, el abanico y la larga siesta., y nos llegaríamos a dormir sobre o bajo los laureles, como los viejos indígenas hawaianos, tendidos bajo el árbol en espera de que caiga de él el fruto que ha de alimentar nuestra modorra... Ni demasiadas comunicaciones, sino las suficientes para las necesidades del trabajo y la enseñanza, de la restauración de la salud y la gestión de los asuntos que cada profesión exija. Un exceso en la facilidad de comunicaciones haría de las Canarias un paraíso superpoblado, con lo cual dejarían de ser absolutamente un paraíso.

Y aquí terminamos estas líneas de agradecimiento al escritor por lo cierto y lo bueno que de nosotros dice, líneas sugeridas más que nada por el deseo de subrayar esa feliz calificación de benemérito y pobre. dada a nuestro gofio. Porque -y lo dice un tinerfeño, refiriéndose concretamente al gofio de Tenerife -nuestro gofio fue siempre un producto del moreno trigo de La Laguna o del mismo cereal importado, hasta que fue en gran parte desplazado, creemos que transitoriamente, por el maíz, de más fácil adquisición comercial. Y del trigo, que produce gofio, se hace el pan nuestro de cada día, el pan que todos los hombres debieran comer aunque tantos de ellos muchas veces no puedan comerlo. Y del trigo se hace el Pan de los Angeles, que es el cuerpo de Cristo presente en el misterio de la Eucaristía. Pero el gofio tinerfeño es además un producto del trigo tostado, del trigo que ha pasado por la prueba del fuego, lo cual es también sacrificio y purificación.

Modificado el ( martes, 29 de mayo de 2012 )
 
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