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Por/Carlos Garcia García
Desde la Mesa Mota
A pesar de que el origen del Carnaval es algo que continúa siendo discutido, cabe pensar que el mismo tiene orígenes muy remotos, sin poder precisar donde surgió por primera vez ni cuando lo hizo.
No obstante, su carácter universal lo relaciona con diferentes fiestas religiosas que todos los pueblos han celebrado con el propósito de hacer propicio y bondadoso el comienzo del nuevo año. Cuenta la historia que en el antiguo Egipto se realizaban fiestas con la presencia de máscaras, en las que la figura sagrada de un buey recorría las calles, pintado y adornado, llevando a modo de cabalgadura a un joven, y tras el cual seguían hombres y mujeres con máscaras y disfraces realizando cánticos y danzando. En otros países antiguos como Mesopotamia, Nubia o Etiopía, también se acostumbraba este tipo de tradiciones de donde se transmitió a Grecia, adoptando allí el nombre de Bacanales, derivado del Dios Baco, y en las que un hombre disfrazado del Dios, paseaba las calles montado en un carro mientras le seguían hombres y mujeres que bailaban y cantaban estruendosamente. Dichos festejos pasaron poco a poco a Roma, donde cambiaron su nombre por el de Lupercales (derivado de luperci, jóvenes desnudos que corrían azotando a las mujeres) o también Saturnales, que llegaron hasta el año 492 en que el Papa Gelasio I las suprimió cambiándolas por la fiesta de la Candelaria, con el fin de sustituir una fiesta o rito paganizado por uno de carácter cristiano, aunque existen otras teorías que aseguran que la Candelaria fue superpuesta a la fiesta pagana de Ceres, que celebraban las mujeres, portando antorchas y velas encendidas a mediados del mes de febrero, tal y como se realiza en la actualidad en la fiesta cristianizada de la Purificación de la Virgen. Sea como fuere, las Lupercales continuaron hasta el 625 D.C. y hay quién afirma que las mismas fueron instituidas por los propios Rómulo y Remo en honor de la loba que los alimentó, suspendiendo durante una semana toda actividad en la ciudad (escuelas, tribunales, etc.), circulando por las calles carros tirados por los animales adornados y desfilando comparsas y disfrazados. Fueron fiestas nacidas en honor de la fecundidad en las que los sacerdotes, desnudos, corrían por las calles azotando con la frebua (tira de piel de macho cabrío) a las mujeres, que salían a su encuentro para hacerse azotar en un afán de aumentar su fertilidad, con un claro rito de fecundidad. Todas estas fiestas paganas tenían como denominador común la de ser fiestas de libertinaje y desenfreno absolutos y, sin duda alguna, vienen a ser los claros antecedentes de los Carnavales.
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