Por/Carlos García García Desde la Mesa Mota
Anécdotas y peculiaridades del carnaval en Tenerife.- Muchas son las características propias del carnaval de nuestra isla que la diferencian de otros carnavales y que la especializan y distinguen.
La presencia de agrupaciones musicales de corte humorístico, satírico y crítico como las murgas, solo se dan en estas latitudes dándole la gracia y la sal a nuestras fiestas que, solo una vez al año, censura con sus letras y música de instrumentos roncos y fañosos, a lo acontecido en lo referente a lo político, a lo social, a lo cultural y a todo lo que atañe con la vida isleña.
Datan estas murgas tinerfeñas del año 1.915 en que un buque cañonero, el “Laya”, se encontraba varado entre la marquesina, el muellito de carbón y el antiguo fuerte de San Pedro, con dotación compuesta, entre oficiales y marineros, casi todos gaditanos, y que, en aquellos carnavales organizaron una “chirigota”, que participó por las calles de Santa Cruz obteniendo un éxito inusitado, constituyéndose en nuestra primera murga, aunque las crónicas la mencionaban con el nombre de rondalla. Se acompañaron de instrumentos realizados de cartón imitando a clarinetes, bombardinos, trombones y flautas que confeccionaron ellos mismos en las dependencias de la “Juventud Republicana” que les facilitó el local y la materia prima para construirlas. Y cantaban una letra que recordemos decía así: Esta pipa que aquí veis tan elegante fue comprada en la feria de Alicante está hecha con varios ingredientes, aceitunas sevillanas, aguardiente, y polvos de arroz. Zumbalé, zumbalé, zumbalé. Otra de las primeras murgas conocidas fue la del “Flaco” que tuvo mayor popularidad y años de existencia, que salía a la calle con sus componentes, de clase baja y popular, vestidos con sacos, caras tiznadas, instrumentos de lata, cartón y cañas, con formas burdas y groseras, pero que causaban gracia y humor. Junto a ésta también existió la del tío “Chucho” el de Valleseco, o la del “Manco”, que tras sus interpretaciones, pedían, poniendo el sombrero a la audiencia que a su alrededor se congregaba, por lo que existió un refrán que decía “ pides más que la murga del Flaco en la que cinco tocan y siete piden”. Estas murgas se reunían en el mercado viejo, la antigua recova, desde horas muy tempranas para deleitar con sus picantes canciones. Desde entonces derivan las actuales que, con su sonido marcial de bombo y platillos, llevan la alegría y buen humor a los vecinos chicharreros  Orfeón La Paz 1927 Las rondallas son las principales agrupaciones musicales del carnaval; conjunto de bandurrias, laúdes, guitarras y cantores, todos ellos disfrazados, que cultivan la parte lírica y clásica de las fiestas, siendo muy características de estas islas.
Derivan de las parrandas que desde el siglo pasado conformaban los vecinos para su diversión y que frecuentaban las calles. Parece ser que la primera agrupación musical creada fue en la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, en el año 1.891, y en años posteriores el resto de clubes y sociedades recreativas y culturales, lo mismo que en los distintos barrios de la ciudad, en que comenzaron a florecer. Ejemplos de lo dicho lo tenemos en el Frégoli, Club Tinerfeño, Masa Coral o Juventud Republicana, Casino, Círculo de Amistad, Centro de Dependientes, Orfeón La Paz, Luz y Vida, la del Cabo...
Estas agrupaciones se consolidaron en la década entre los años 1920-30 y se integraron en el programa de las fiestas del carnaval como número fuerte y prestigioso realizándose concursos entre las presentadas.
La presencia de personajes populares en las calles de Santa Cruz, que animaban con su presencia, sus disfraces y sus ocurrencias, fueron la sal y pimienta en aquella sociedad de principios del presente siglo y que han quedado en la memoria escrita para conocimiento de todos. Entre algunas anécdotas recordemos algunas que nos han legado otros autores. Un pintor de brocha gorda, conocido por todos como Peñita, tuvo la ocurrencia de afeitarse toda la cabeza, las cejas y el bigote pintándose con purpurina desde el cuello hasta arriba y cuando se le preguntaba de que iba disfrazado respondía que de “perilla de escalera de casa rica”.
Otro personaje fue Pepe García, conserje del Gobierno Civil, que se disfrazó de mujer con un solo camisón encima, sin nada más debajo y que paseaba por la ciudad jugando al trompo y, cada vez que se agachaba para recogerlo, dejaba al descubierto todas sus partes bajas, situación que le ocasionó dormir en la comisaría más de una noche.
Un cocinero de un buque mercante alemán atracado en el muelle de Santa Cruz, totalmente calvo, gordo y colorado, en los carnavales de 1.917, se colocó una vela encendida encima de la cabeza y chorreando de esperma toda la cara, paseaba arriba y abajo de la plaza de Candelaria, disfrazado de “candelabro “.
En un baile popular que se celebró en la fábrica de tabacos Victoria de la plaza de la Paz, se originó un temporal con relámpagos, granizo y truenos, con apagón de luz que ocasionó un revuelo generalizado con gritos, carreras y un desmayo de una señora asistente que, al no disponerse de un frasco de sales para su reanimación, alguien pidió a gritos un calcetín sudado que fue aportado por un muchacho que llevaba horas sin parar de bailar y que resultó apropiado para que la señora volviera en sí. Costumbres practicadas entre los vecinos santacruceros que tanto arraigo popular tuvieron y que viene a refrendar el desenfreno y algarabía que definen desde antaño a las fiestas del Carnaval.
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