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miércoles, 06 de febrero de 2008 |
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Durante las "Fiestas de Invierno" se trucaba el calendario para que el día del entierro de la sardina -por supuesto, prohibido- no coincidiera con el Miércoles de Ceniza. Reconquistadas las libertades, rescatamos los "carnavales" y un grupo de entusiasta restauró tal doloroso evento, recitando el lema:
"La sardina se murió ya la vamos a enterrar cuarenta palanquines, un cura y un sacristán" Uno de los principales artifices de la recuperación del entierro de la sardina fue Tomás Morales, entonces Concejal de Fiestas del Ayuntamiento de La Laguna. En la imagen posa ante una de sus magistrales sardinas; corría el final de la década de los setenta.
Ya en la calle de la Carrera, el cortejo fúnebre, perfectamente organizado, aparece encabezado por (de izquierda a derecha): Ignacio -con bigote-, José Luis -de cura, con barba-, Miguel "el rana" -de cura "del oeste"-, Rubén -de obispo-, Tomás Tejera -Concejal de Cementerio-o el tristemente desaparecido Chuchin "el cuijo" -de dormilón-, Pedro "pecuario" -de desconsolada viuda-, Agustín Laguna -también de viuda- y Alfonso.
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