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 Las calles más antiguas de la ciudad, desde San Benito a la plaza del Adelantado, acogieron un año más la Romería Regional de San Benito Abad, Santo Patrón y protector de las sementeras de Tenerife.
Tras la función religiosa oficiada por Bernardo Álvarez, Obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, en honor de San Benito Abad, Eucaristía cantada por la Real Hespérides, y la posterior bendición del ganado, también efectuada por el Obispo, partió la Romería desde la ermita de San Benito para adentrarse en el casco histórico de la vieja ciudad de Aguere con los rebaños de cabras, rebaños de ovejas, las danzas de cintas y de flores, los bailarines de El Hierro y la ofrenda floral de siete parejas de las islas, acompañadas de la rondalla de San Benito y de la hermandad de Señoras de San Benito, así como de los representantes de la hermandad de San Isidro Labrador de la Villa de La Orotava, las andas de baldaquino y entre flores, trigo y frutos la venerada imagen de San Benito Abad, Patrón y protector de las sementeras de Tenerife, el mismo que fuera custodiado y venerado por el gremio de labradores de esta Isla y tras este el párroco de San Benito y la corporación municipal acompañados por una banda que interpretaba los aires de la islas, para continuar con los típicos barcos laguneros, la carreta cargada de trigo como ofrenda al Santo Protector, las carretas cargadas de romeros venidos de diferentes puntos de la Islas, las rondallas y los grupos de baile, las parrandas, los grupos de amigos entorno a los carros de olorosos y de sabrosos "pinchitos" y vino de la tierra. Un año más la alegría desbordo a la Ciudad de Tenerife la señorial Laguna, La Laguna abrazó de nuevo a sus campos con los que vive en un maridaje perfecto. ¡Viva San Benito! ¡Vivan las vacas, los bueyeros y el alcalde! ¡Viva la Romería! San Benito Abad es patrón de Europa y de Tenerife desde 1534. Ayer se desarrolló su fiesta, fiel a su tradición y con especial alegría; los miles de vecinos y visitantes que se dieron cita ayer en La Laguna participaron, comieron y bebieron de las más de sesenta carretas tiradas por sus yuntas, de los guachinches y tascas de la ciudad, sin olvidar los buenos restaurantes con que cuenta la misma, además de cientos de fiesta celebradas en los amplios patios y jardines de las casas solariegas o el "salón" de muchas viviendas. A lo largo de la tarde noche desfilaron parrandas, amigos que sólo vez una o dos veces al año, estudiantes otrora de la Universidad lagunera y que regresan cada año al encuentro con sus amigos de siempre y a la ciudad de sus amores y mejores recuerdos.
La comitiva que formó la Romería regresó a la ermita de San Benito, desde la plaza del Adelantado, pasando por las calles de El Agua, San Agustín, plaza de la Junta Suprema y calle Lucas Vegas con llegada a la plaza de la ermita de donde partió.
Durante todo el camino la alegría se adueñó de la vieja Ciudad, con los sonidos de timples, bandurrias y guitarras, principalmente, que lanzaban al viento lo más hondo del folclore de Canarias.
Los magos y magas con sus mejores galas hicieron las delicias de los amantes de la fiesta y romería lagunera. Durante el recorrido, los cánticos de las parrandas fueron compartidos desde las ventanas y balcones por donde pasó la Romería de San Benito Abad, la Romería de Canarias.
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