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EL INFIERNO COMO RECHAZO DEFINITIVO DE DIOS Imprimir E-Mail
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domingo, 10 de febrero de 2008
 
Por/Fidel Campo Sánchez
        A vista de Berode
 
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“Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno» (Juan Pablo II papa)

Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida

Como quiera que nos hayamos en Cuaresma, sabemos que debe durar 40 días, dando comienzo el miércoles de Ceniza y finalizando el Jueves Santo, nos parece oportuno, a la vez que indicado, escribir unas líneas sobre el Infierno.

El infierno en la antigüedad era considerado como la estancia de los dioses subterráneos. Lugar de ultratumba destinado al suplicio de los condenados.

El Infierno de Dante, alusión a la primera parte de la “divina Comedia”, la expresión de “Infierno de Dante”, se utiliza para expresar gran dolor, gran tortura, siendo espelundante la lectura, de principio a fin, de esta obra en la que imaginariamente Dante Alighire inicia su viaje al infierno a la mitad de su vida, describiendo el infierno en 9 círculos a cual más tenebrosos.

 Jesucristo, en Mateo 16,18 instruye al apóstol Pedro indicándole que la Iglesia, la Iglesia de Cristo, triunfará sobre las potencias de la muerte

Infierno, traducción del vocablo hebreo Seol y de la voz griega Hades, éste vocablo se usó para significar el reino de los muertos en su vida de ultratumba. La doctrina cristiana mantiene esta acepción en algunos de sus textos, por ejemplo, en el Credo. En la revelación se habla del infierno por lo menos en dos sentidos: (1) la morada temporaria en el mundo de los espíritus de quienes fueron desobedientes en la vida mortal. A esos espíritus se les enseñará el evangelio y, en algún momento después de su arrepentimiento, resucitarán e irán al grado de gloria del que sean dignos.

(2) La morada permanente de aquellos que no son redimidos por la expiación de Cristo. En este sentido, el infierno es permanente. En las escrituras, a menudo se hace referencia al infierno como a las tinieblas de afuera. La iglesia católica mantiene que la existencia del “fuego” del infierno no puede ser negada sin menoscabo de la fe pero deja libertad a sus fieles de interpretar la naturaleza del mismo. Por otra parte el dogma católico afirma que el infierno es eterno.

El Corán descubre con detalle la doctrina del infierno de la de la religión islámica, en donde son patentes las influencias judeo-cristianas. Alguna escuela islamista afirma la eternidad de las penas, otras ya antiguas y la mayoría de las actuales creen que la misericordia de Dios pondría fin a sus tormentos.

El tema de los infiernos ha inspirado de manera extraordinaria las artes y el folklores de los pueblos ortodoxos del cristianismo, islámico, católico…

No obstante lo manifestado no creemos en ese terror que representa el infierno sobre todo siendo conscientes que el amor de Dios es profunda devoción y afecto. Ese amor que comprende devoción, adoración, reverencia, ternura, misericordia, perdón, compasión, gracia, servicio, gratitud y bondad. El máximo ejemplo del amor de Dios hacia nosotros, sus hijos lo encontramos en la expiación infinita de Jesucristo, nuestro hermano mayor
 
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