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Por/Pedro R. Gutiérrez Hernández
 Santa Marta Sevilla
¿Cómo fue, es y... será nuestra Semana Santa? Ante todo, considero necesario aclarar que cuando me refiero al término "Semana Santa", y específicamente en el presente artículo, lo hago en relación a los cultos externos de la misma, es decir, los desfiles procesionales y no me refiero a los cultos internos, donde la liturgia está definida según criterios de la jerarquía eclesial y, lógicamente, no considero que pueda ser objeto de comentario o debate desde esta página. A esa Semana Santa externa es hacia donde lanzo la pregunta de arriba. Pregunta que surge espontáneamente en frecuentes tertulias y/o discusiones cofrades, pues es un hecho que preocupa.
Creo que nos encontramos en un momento de auge y que si somos capaces de encauzarlo adecuadamente, lograremos desarrollar una potencialidad que nos sorprendería positivamente, pero si nos encorsetamos en actitudes cerriles y de escasa visión, corremos el peligro de dar al traste con tantas ilusioncs, empeños, ganas, trabajos y esfuerzos.
Mucho se ha dicho del estilo de nuestra Semana Mayor, algunos opinan que es castellano, otros la ven más bien ecléctico, como la propia cultura canaria, otros parecen desear que fuera andaluz (¿o debería decir sevillano?). Con relación a esto último, me siento en la obligación de hacer las siguientes puntualizaciones: ni la Semana Santa sevillana es tan bullanguera (por aquello que allí lIaman la bulla), ni la castellana es tan recogida. Para quienes lo duden les sugiero que vean el procesionar de cualquiera de la mitad de las hermandades hispalenses, llamadas serias o de silencio (Amargura, Amor, Santa Marta, Vera Cruz, Quinta Angustia, Valle, Pasión, Gran Poder, Calvario y Silencio, entre otras), en medio de una masa de más de un millón de personas. Y, por otro lado, vean la procesión de las turbas o los borrachos en la madrugada del Viernes Santo de Cuenca.  Las Turbas Cuenca Pero volviendo al tema que nos ocupa: hace un par de años, disfrutando de la Pre-Semana Santa sevillana, comentaba con una hermana de la Vera Cruz, el debate existente sobre cuál debería ser nuestro estilo y me contestó: deberían indagar en su pasado y, en base a ello, desarrollarse hacia el futuro. Aquello me dejó pensativo y aún sigo pensando al respecto.
Quizás Ana, ese es su nombre, tenga razón y lo primero es conocer más y mejor cuál es el pasado de nuestra Semana Santa. La literatura al respecto no es tan escasa como poco difundida y asequible (interesante tarea a desarrollar por una vocalía de propaganda de la JHC). Miremos hacia atrás, analicemos el presente y caminemos hacia el futuro, con una mentalidad abierta y receptiva, ¿qué hay de malo en que miremos al exterior para aportar valores que, una vez adaptados a nuestra idiosincrasia, mejoren y enaltezcan nuestra celebración externa de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo?.
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