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domingo, 16 de marzo de 2008
 
Por/Julio Torres Santos
De mi libro Semana Santa de La Laguna
 
Al llegar el Jueves Santo no existe otro apelativo que describa mejor a La Laguna que el de “monumental”.
 
Urna del Santo Entierro, La Laguna siglo XVII
Urna del Santo Entierro, La Laguna siglo XVII


Si bien, traspasado el ecuador de su Semana Mayor, cada ciudad erige un Monumento para custodiar la Sagrada Forma, como conmemoración de la Institución de la Eucaristía y Día del Amor Fraterno, los de La Laguna son colosales y majestuosos. Los Monumentos del Jueves Santo lagunero se distinguen por ser sublimes exposiciones que los distintos templos hacen de sus más valiosas piezas de orfebrería en honor al Cuerpo Consagrado de Cristo, que permanecerá encerrado en ellos hasta la tarde del Viernes Santo, cuando nuevamente los fieles puedan comulgar.

Orfebreria lagunera siglo XXI
Orfebreria lagunera siglo XXI
Pero no se trata de una simple exposición, pues andas, sagrarios, cantoneras, columnas, etc. se entremezclan originalmente con cirios, flores y los más diversos símbolos para conformar una peculiar construcción, no ajena a la maestría de quienes la compusieron. Todos los años, cada templo erige un nuevo Monumento del Jueves Santo, pero siempre sobre una misma base. Así, la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción exhibe, junto al tabernáculo de inconfundible estilo isleño, las inapreciables andas barrocas labradas por José Antonio Rodríguez y estrenadas en 1754; el Monumento de la Santa Iglesia Catedral se apoya siempre sobre las tablas flamencas insertas en el gran retablo de Pedro Alonso Mazuelos; el de la parroquia de Santo Domingo sobre el retablo de plata y metal repujados por distintos orfebres, siendo César Fernández Molina el último de ellos - década de los cincuenta -, y en el que destaca el manifestador de Pedro Merín (1715); la hornacina del Stmo. Cristo de La Laguna es el marco habitualmente elegido por el Santuario donde ésta venerada imagen recibe culto; sobre sus altares mayores componen siempre sus Monumentos el Hospital de Dolores (cuyo tabernáculo para disponer el Santísimo fue costeado por el comerciante francés Bernardo de Fau en el siglo XVII) y los conventos de clausura de Santa Clara y Santa Catalina, éstos últimos siempre destacables por su delicada ornamentación a base de flores.

La idiosincrasia  de los Monumentos laguneros radica en la particular conjunción de la imaginación, el talento y la maestría de sus artífices, que no escatiman en adornos florales, con la riqueza de la orfebrería de la Ciudad, pues no en vano ésta contó con talleres como los de Antonio Juan Correa Corbalán (una de las figuras más descollantes en el arte de la platería del Archipiélago y cuyo taller fue el que contó con el mayor número de oficiales de la época), Ildefonso de Sosa (a cuyo taller debe mucho la fama de la orfebrería lagunera de esta época) o Antonio Agustín Villavicencio (uno de los grandes plateros tinerfeños), que la convirtieron en el núcleo más importante de la orfebrería de Canarias durante el siglo XVIII. Además, a este patrimonio es preciso sumar el aportado por las piezas procedentes, sobre todo, de América,  pero también de Europa, especialmente de la Península Ibérica. Si bien la desamortización del siglo XIX diezmó considerablemente este patrimonio, afortunadamente se conserva parte de él.
 
Farol de la Parroquia de la Concepción, La Laguna siglo XVII
Farol de la Parroquia de la Concepción, La Laguna siglo XVII
 
La tradición de la orfebrería en La Laguna se remonta a 1640, alcanzando su apogeo, como se ha dicho, durante el XVIII, en el que existían ocho talleres en la ciudad. “En esta segunda etapa del arte isleño (etapa barroca), sin que otras poblaciones dejen de aumentar el número de sus talleres y de sus artífices, la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, capital de la Isla de Tenerife, es el centro plateril de más importancia del Archipiélago (Marqués de Lozoya, 1929 –1946, tomo IV, p. 586)”. Muchos orfebres visitaban la ciudad, dejando su influencia en los diversos talleres, pero con el tiempo los oriundos fueron creando la escuela lagunera, con características e idiosincrasia propias. Como recoge Hernández Perera (1955, p. 221) “de sus talleres salen piezas para abastecer las necesidades y peticiones de todas las islas. Fue en La Laguna donde nacieron y se desarrollaron las soluciones más características de un arte genuinamente indígena, que trascienden y pasan no sólo a los demás centros productores de país, sino incluso perviven durante todo el siglo XIX”.

Este desarrollo se explica por la abundancia de plata, merced a la mayor prosperidad comercial y al volumen de intercambio con América y con el extranjero desplegados en este periodo por Tenerife frente al resto de las islas.

En esta época, la orfebrería lagunera se caracteriza por la preponderancia del repujado. “Todos los plateros laguneros son excelentes repujadores y las obras de plata labrada que produce el barroco isleño son casi siempre grandes concepciones arquitectónicas recubiertas de planchas de plata (Hernández Perera, 1955, p. 223)”.
 
INRI Stmo Criste de Burgos, La Laguna siglo XX
INRI Stmo Criste de Burgos, La Laguna siglo XX


Los motivos usados por los artistas canarios para sus repujados fueron tomados, fundamentalmente, del barroco sevillano, aunque también hay claras influencias de los repujados mejicanos, más tardíos, y de los portugueses.

En todo este proceso resulta imprescindible mencionar la colaboración entre orfebres, por un lado, y escultores y dibujantes, por otro. Entre estos últimos, destaca el pinto y escultor lagunero José Rodríguez de la Oliva (1695-1777). Esta cooperación “se sucede a lo largo del siglo XVIII y se incrementa notablemente en la época rococó y neoclásica, en la que excelentes dibujantes proporcionan a los orfebres trazas y dibujos para sus obras de plata (Hernández Perera, 1955. Pp. 223 – 224)”.

Desgraciadamente, la tradición casi se ha perdido y, en la actualidad podemos encontrar escasísimos representantes de este arte. Entre todos ellos destaca, dada la importancia y calidad de las obras que han salido de sus manos, don Juan Ángel González García, al que dedicamos una sección posterior de esta obra.

Si bien los Monumentos erigidos en La Laguna son una muestra de la conservación de las tradiciones popular y religiosa, no ocurre lo mismo con otra costumbre perdida en torno a 1955. Hasta ese momento era habitual que las mujeres visitaran los Monumentos ataviadas con la típica mantilla, tradición que aún perdura en ciudades como Sevilla y que no estaría de más rescatar. Como tampoco sobra recordar que visitando seis Monumentos - o entrando y saliendo del mimo seis veces, si en la zona no existen otros -, habiendo confesado y comulgado previamente, se gana indulgencia plenaria. Y es que para los católicos los Monumentos son, en suma, una celebración religiosa.


LOS ORFEBRES MÁS DESTACADOS DEL SIGLO XX


Andas deJuan Ángel González García, nacido en La Laguna en 1946, es uno de los pocos orfebres que continua desarrollando su labor artística en esta ciudad. En su taller restaura y crea piezas para iglesias no sólo de la isla, sino también de la Península y de Latinoamérica.

Se formó en la Escuela Taller “San Alberto Magno”, como discípulo de Rafael Fernández Trujillo Arocha. Su formación como orfebre continuó en el taller de Ventura Alemán.  

Del taller de Juan Ángel González García han surgido obras de gran importancia y calidad, y seguirán surgiendo, dado el volumen de pedidos que incesantemente llegan al mismo - actualmente, por ejemplo, está trabajando en las andas de la Virgen de los Remedios (Buenavista)-. Entre sus obras cabe destacar las nuevas andas y el trono de la Virgen de Candelaria (Candelaria); la urna del Santo Entierro (Guía de Isora); las andas del Corpus Christi (Los Realejos); la Cruz del Cristo de la Expiración (Icod); el solideo, cantoneras e INRI del Santísimo Cristo de Burgos (La Laguna); así como las restauraciones de la cruz de filigranas de la iglesia de San Marcos (Icod), de las andas de plata de Nuestra Señora de Las Nieves (La Palma) y de la urna de plata repujada del Señor Difunto (La Laguna).

Juan Ángel González García se formó con dos grandes orfebres laguneros. Así, para conocer mejor su obra conviene hacer una breve reseña de éstos. Por otra parte, sería imperdonable hablar sobre la más reciente orfebrería en La Laguna y no tratar sobre ellos.

Rafael Fernández Trujillo Arocha

Leopoldo y Rafael Fernández Trujillo Arocha fueron dignos sucesores de la labor de su padre. Hernández Perera (1955, p. 400) dijo de ellos. “Los Fernández Trujillo son de los pocos representantes canarios de esta industria en lo que va de siglo (...) todavía en nuestros días han seguido labrando andas de baldaquino como las que en plancha de níquel repujó labró Leopoldo Fernández Trujillo para la Virgen de La Luz de Los Silos (Tenerife), o el portavoz de plata repujada que conserva el tesoro de La Catedral de La Laguna de Rafael Fernández Trujillo Arocha”.

Sin embargo son menos conocidos que su padre, Rafael Fernández Trujillo (1855 – 1908). Entre la producción de éste último destacan las dos coronas de oro y pedrería con que el obispo de Tenerife don Ramón Torrijos y Gómez coronó solemnemente el 13 de octubre de 1889 a las imágenes de la Virgen de Candelaria y del Niño Jesús. Pero de sus manos salió una ingente cantidad de obras artísticas “que harán imperecedero su recuerdo, pudiendo citar, entre un centenar de ellas que no recordamos en estos momentos, las siguientes: Andas de gran tamaño, de níquel, para la Purísima de Los Realejos; cáliz de plata repujada que la ciudad de La Laguna regaló al sacerdote de grata recordación don Luis Díaz Luis; relicario y trono de la Cruz de la Conquista, frontalera del altar mayor de la parroquia matriz de esta capital; trono del Ecce Homo que se venera en la iglesia de San Agustín, La Laguna; tabernáculo para la parroquia de San Andrés, de este término municipal; copia exacta del monumento de La Candelaria y que fue entregado para obsequiar a S.S. el Papa León XIII en sus bodas de oro; primorosos trabajos en alto relieve que sirvieron de presentes a S.M. el Rey Don Alfonso XIII en su viaje a estas islas; anillo de oro a la filigrana con el escudo de Santa Cruz que la ciudad regaló al sacerdote don Santiago Beyro Martín, etc. (periódico El Tiempo, Santa Cruz de Tenerife, 2 de mayo de 1908)”.

Buenaventura Alemán de Armas (Ventura Alemán)

La bibliografía sobre este gran orfebre lagunero es prácticamente nula, por lo que los datos que ofrecemos a continuación obedecen a la inestimable colaboración de su hermano, Adrián Alemán.

Nacido en La Laguna en julio de 1933, desde muy corta edad destacó por sus excepcionales condiciones para el dibujo. Su formación como orfebre comenzó desde muy temprano, trabajando con Rafael Fernández Trujillo en minuciosa joyería, además de cursar estudios de platería en la Escuela Taller “San Alberto Magno”, sita en la calle Anchieta (La Laguna).

Con sólo dieciséis años inició sus trabajos de orfebrería bajo la tutela de Cesar Fernández Molina, que tenía taller en la iglesia de Santo Domingo, donde realizaba el retablo mayor. Con este orfebre Ventura Alemán aprendió la difícil técnica del vaciado de metales, practicando una orfebrería barroca de gran utilidad, para poder ejercitar el oficio en los talleres isleños.

Montó taller a la edad de 23 años en unas dependencias de la Casa de Lercaro, por Tabares de Cala. Allí se enfrentó, desde la misma soledad, con la solución de problemas, utilización de baños de plata y oro; trabajos en latón, cobre y plata. Soluciones a problemas de la antigua orfebrería con deterioros en templos, altares y tronos.

Diseñó retablos, frontales, tronos de vírgenes, coronas, medallas, útiles religiosos y un sinfín de artilugios para la mayoría de las iglesias de la provincia. Obras de él se encuentran en la totalidad de los templos de La Laguna, en todas y cada una de las islas occidentales; en Venezuela con la entronización de innumerables imágenes de la Virgen de La Candelaria, para las que siempre hizo las coronas.

Una de sus obras destacadas fue el frontón del altar principal de la iglesia de San Agustín, desaparecido en el incendio del templo. Otras fueron diversos trabajos para La Catedral, conventos de monjas de clausura, Hospital de Dolores, Concepción y especialmente el ambón, el comulgatorio y la ampliación del trono del Santísimo Cristo, obras realizadas en plata.

Participó en varias exposiciones de arte colectivas y en tres monográficas individuales. Realizó los escudos en latón que se exponen en el patio del Palacio Episcopal. Hizo infinidad de trofeos para encuentros nacionales y regionales y un buen puñado de murales de grandes formatos, entre ellos el del Banco Atlántico de la calle de La Carrera y el de la oficina principal de “Danone”

Murió con cincuenta y un años, en lo mejor de su carrera.
       
 
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