Por/Fidel Campo Sánchez A vista de Berode
Cuando se lleva más de un cuarto de siglo viviendo en La Laguna, intentando conocer su misterio, su encanto y sus secretos, podemos decir que el paso de las procesiones de Semana Santa, la del Miércoles y Jueves Santo y de los demás días, producían en general sensación de modestia y humildad, frente al enriquecimiento y esplendor actual.
 Fragmento Programa de la II republica década de los 50: colección La Laguna Ahora El Miércoles Santo era un día muy especial, pues, en las Iglesias se estaban dando los últimos toques a los Monumentos, que lucirían el jueves, sus brillos de plata, sus luces de cera, sus flores y sus aromas…
En las Iglesias se oía un bullicio de abejitas trabajadoras entre los damascos, las jarras de flores y los candelabros de plata. Del Miércoles Santo quisiéramos recordar los solemnes cultos de Tinieblas que con tanto esplendor se celebraban en la Catedral. Aquellos gregorianos y viejos misereres originales de antiguos músicos laguneros, tales como Fermín Cedrés, Juan Padrón, Castro Salazar, Tarife y otros que ejecutaba magistralmente la Schola Cantorum del Seminario, dirigida por el maestro Borguñó y a la que asistíamos ansiosos para escucharla y llegado el momento en el que el Preste entonara: “que había llegado la hora sexta”, se oscurecía el templo, mientras sonaban las tronadoras que la chiquillería convertía en oportunidad para hacer el mayor ruido posible y hasta Manolo de la Rosa, el cojo, aprovechaba el momento para golpear con su muleta en un lateral del Coro, con gran indignación del popular maestro Pancho Rojas, dominador de sacristanes y monaguillos, que siempre trataba de imponer orden en el acto, en el que participaban como sochantres Benito y Alayón, haciendo de tenor Manolo el Fofito, siendo sacristán Paco Castro y monaguillos Marcos y Florencio.
 Fragmento Programa de la II republica década de los 50: colección La Laguna Ahora Casi todos los laguneros fueron alumnos del Colegio de Nava y acompañantes celosos de Jesús Nazareno. Llegado el día y con los mejores atuendos se dirigían desde el Colegio a la Iglesia de San Agustín con unos pequeños estandartes, que todos se disputaban para participar en la procesión, cuyo Trono era portado a hombros, como la inmensa mayoría de los pasos. Hoy el Nazareno tiene su Cofradía compuesta por alumnos y antiguos alumnos del Colegio, que con su acertado hábito morado rojizo y llevando el símbolo de La Cruz en lugar de la tradicional vela, sigue desfilando en la tarde del miércoles, bajo la atenta mirada desde el cielo, del bondadoso hermano Ramón, al que se debe su existencia ya que convenció a don Alonso Salazar, Marqués de Siete Fuentes para su final decisión.
Le sigue Nuestra Señora de la Soledad, magnífica talla del escultor Rodríguez de la Oliva, otra de las Dolorosas con que La Laguna, que destaca por su gran patetismo.
Los muros quemados de la Iglesia de San Agustín, permitieron que las noches de los Miércoles Santos, siguiéramos contando con estas dos imágenes, que se salvaron milagrosamente del voraz incendio de Julio de 1967.
Juntamente con los pasos anteriores, sale el miércoles del Ecce Homo. Conocido por el Señor de la Cañita, acompañado de los penitentes de la Cofradía de la Sangre, a quien le cabe el honor de ser esta Hermandad, la decana de las Cofradías que desfilan con hábito encapuchado en nuestra Semana Santa, cuya marcha es marcadamente marcial.
Al recordar la sensación de humildad de aquellos tronos de hace cincuenta años atrás y la entonación que le dieron las cofradías a la Semana Santa, no puede olvidarse a la Hermandad de la Sangre, pues ella fue la pionera de éste esplendor. Ya no es la primitiva imagen, que con tanto amor cuidara su camarera doña Aurora Azcárate y Cúllen, ni el trono que con tanto esfuerzo se enriqueció el que sale en la actualidad. Es otra talla obra del orotavense Ezequiel de León, encargada por don Manuel de Aledo, que sin desmerecer en nada a la anterior, desaparecida para siempre ante el poder ciego y devastador de las llamas, y gracias al esfuerzo ejemplar de los Hermanos de La Sangre, recorrerá las calles de la ciudad, que era acompañado por José Tabares, Francisco Fajardo, Osmundo y Eusebio Cabrera, Santiago Pérez, Marino Mesa, Enrique Martín, Fernando Torres, Víctor Gortazar y el recientemente fallecido Arturo Hardisson de la Rosa, entre otros laguneros insignes. AMÉN- Continuará. |