Por/ Julio Torres Santos
Es ésta una alocución, con tintes de exhortación y un toque de reproche, que pretende ser una charla de un Esclavo con sus Hermanos en la fe, como siervos que somos de Jesucristo. Ésta, mi disertación, a modo de carta abierta, es fruto, por un lado, del respeto que me merece y MERECE –por realengo, historia y significación- la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de la Laguna; por otro, del razonamiento de un creyente inteligente, como otros muchos. No busco ni deseo protagonismo, mucho menos ser esa mosca que cantara Machado; sólo pretendo la reflexión., la introspección y el reconocimiento de los propios errores de mis hermanos -yo también soy esclavo-. Tampoco persigo culpables: creo que nuestro Esclavo Mayor, Francisco González de Aledo y Buergo, se está dejando la piel, con un esfuerzo generoso y filantrópico que, sin embargo, no se ve acompañado y arropado por el resto de los esclavos anónimos y, lo que es peor, por esos esclavos con cargos en su Junta (insisto, “cargo” no es presumir, significa “cargar” con una responsabilidad). Sin acritud, pensemos que nadie es infalible; sólo asumiendo esta premisa podemos crecer.
Sentadas estas premisas, solicito que reflexionemos sobre estos aspectos:
¿Cuántos Esclavos acompañaron (recalco lo que significa “acompañar” a Cristo en su calvario y muerte) al Stmo. Cristo en la procesión de Madrugada?
Fueron pocos, muy pocos; de ahí esta reflexión: Ser Esclavo no es una distinción social, supone un compromiso que, por ejemplo (y es sólo eso, un ejemplo), debe acreditarse en momentos y situaciones como éstas.
¿Cuántos Esclavos escucharon las Siete Palabras?
Con algo más que vergüenza puedo asegurar, pues fui testigo de ello, que una gran mayoría no sólo no escuchó estas Palabras; lo que es peor, se agrupó, displicentemente y fumando, en los alrededores de las parroquias. ¡Y luego dicen que en Sevilla todo es jolgorio y que no hay respeto! Pues comportamientos como estos nunca los he visto en Sevilla. Me pregunto: ¿Dónde estaba el Maestro de Ceremonias cuando esto sucedía? Su cargo conlleva, entre otras, misiones como ésta que no supo ejercer, quizá porque es incapaz.
En toda mi vida ha sido esta Semana Santa la primera vez que he visto que el Santuario del Stmo. Cristo de La Laguna tenía cerradas sus puertas a cal y canto en la mañana de Viernes Santo. Por este motivo fueron muchos los que no pudieron visitar el Monumento. Huelga decir la incomprensión y la rabia que sintieron todas aquellas personas que no pudieron visitar el Monumento. ¿No tenían que estar abiertas sus puertas hasta la tres de la tarde, la hora nona en que murió Nuestro Señor y al golpe de sus tres campanadas se pueden solicitar tres gracias? Todas las demás iglesias estaban abiertas ¿por qué no la del Santuario del Santísimo Cristo?
De todas formas, parafraseando aquélla frase cinematográfica…, “Siempre nos queda nuestro Santísimo Cristo”. Ante Él recitamos estos versos atribuidos a San Juan de la Cruz o a Santa Teresa de Jesús.

Aquellas Procesiones con los artilleros
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que mi tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muénveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.