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Feliz Pascua de Resurrección |
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lunes, 24 de marzo de 2008 |
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 Domingo de Resurrección San Pablo afirma que “si Cristo no hubiese resucitado, nuestra fe sería vana; y seríamos los más desdichados de los hombres”. Es una afirmación fuerte y a la vez una confesión de la fe que reconoce en este hecho inédito y decisivo para la humanidad que todas las promesas de Dios a su pueblo se cumplen.
Tenemos días de gracias por vivir. Todas nuestras celebraciones litúrgicas, retiros, vía crucis serán una fuente para el encuentro con Cristo vivo. Esta fue la pasión de la vida apostólica del Papa Juan Pablo II, a quien recordamos también en su Pascua: procurar que los seres humanos encontraran a Cristo. “¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!”.
Es también la invitación del Papa Benedicto XVI y del CELAM en la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: que seamos “discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. Vida en Cristo, camino, verdad y vida.
Para cumplir esta misión debemos ser una Iglesia viva y reconocer que la Iglesia está viva, como afirmaba el Papa Benedicto, al inicio de su ministerio: “La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque él ha resucitado verdaderamente”.
Cristo entregó su vida y el Padre Dios lo resucitó. Esta es la buena noticia que queremos proponer y anunciar en nuestra sociedad y culturas actuales: la vida en Cristo, el Resucitado. Queremos acompañar a los ancianos que están prontos a dejar este mundo, a los enfermos que padecen dolores, a las mujeres que educan a sus hijos, a los hombres y mujeres trabajadores que se esfuerzan cada día, a los jóvenes que sueñan un mundo nuevo, a los niños que crecen a lo largo y ancho del mundo y también defender y promover la vida de los pequeños que están por nacer. Dice el Papa Benedicto: “No es el poder el que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”. Con la fuerza del Resucitado, con la asistencia del Espíritu Santo, queremos ayudar a construir una ciudad donde se dialogue y que sea auténticamente equitativa a favor del ser humano, capaz de proteger a los más débiles y de promover la vida plena. Los que temen a Cristo y al anuncio de su resurrección son los poderosos; los mismos que en el canto de la Virgen María son derribados de sus tronos, como lo demuestra la historia y el Señor de la historia: el Resucitado. Cristián Contreras V. Obispo auxiliar de Santiago |