Por/Fidel Campo Sánchez A vista de Berode
 Como omitimos la publicación del presente, no queremos dejar de publicar el mismo habida cuenta la sensación espiritual que hemos sentido durante el proceso de dar cuenta de algunos escritos con motivo de la Semana Santa., para dejar constancia no sólo del Arte que encierran las Iglesias sino y, además, en rel recuerdo de aquel se sacrifico por todos nosotros en prueba de su amor.
Estas fechas traen a nuestra memoria la visita que años ha hacíamos a los Santos Monumentos que se realizan la tarde y noche del Jueves Santa y durante el día del Viernes Santo antes de la celebración del entierro.
El Jueves Santo tiene en La Laguna un esplendor difícilmente igualable. Los Monumentos constituyen algo diferente en la Semana Santa, Se mezcla la fantasía con la realidad. Todo es elegancia, suntuosidad, delicadeza, arte y riqueza para albergar al que se hizo pobre entre los pobres, el Unigénito.
En los templos, cargados de riquezas históricas, el rito se hace joya en el esplendor blanco-argentino de la plata, las flores blancas, velas encendidas, el oro de los Sagrarios y dentro El Cristo, la pobreza misma.
La Laguna, para el marqués de Lozoya y Sebastián Darias Padrón, posee los mejores Monumentos Eucarísticos, donde destaca una cantidad ingente de orfebrería de oro y plata, considerada por su calidad y belleza, única en el mundo. La razón está en que a lo largo del siglo XVIII(18), La Laguna fue el núcleo más importante de la orfebrería y platería de Canarias, de cuyos talleres salieron valiosas piezas con excelentes labrados, que dieron lugar a Sagrarios, Tabernáculos, Expositores, frontaleras, andas, cruces, peanas, atriles, candelabros, bandejas, custodias, cálices y copones a los que dedicó estudio y atención especial el desaparecido catedrático de Historia del Arte y ex rector de la Universidad de Canarias en La Laguna, doctor don Jesús Hernández Perera, en su libro “Orfebrería de Canarias”, cuyo trabajo mereció el premio de Investigación Marcelino Menéndez Pelayo, en el año 1951
Cada Monumento que se erige tiene su estilo propio. Así el de la Iglesia de la Concepción, hoy en funciones como sede de la Catedral, es de una elegancia y nobleza únicas. Como motivo central luce las hermosas andas barrocas confeccionadas en 1754 por José Antonio Rodríguez. El de Santo Domingo muestra un magnífico Manifestador obra del platero Pedro Nirín en 1715, así como un retablo, cuya culminación se debe al artista César Fernández Molina, que lo finalizó por los años cincuenta del siglo X(20), por encargo de de aquel celoso párroco que fuera don José García Pérez.
Sobresalen también los Monumentos de Santa Clara y Santa Catalina, en cuya confección intervienen las manos y el gusto artístico inspirado de las monjitas, dando al arreglo floral una nota de primor especial.
El Monumento del Santísimo Cristo, tiene como marco, el nicho donde se coloca la imagen del Crucificado, donde podemos admirar el retablo de plata repujada y el frontal donado por los marqueses de Nava y, además, el Sagrario más antiguo de los que se conservan en Canarias.
El historiador Buenaventura Bonnet y Reverón, recurre a Rodríguez Moure que fue quien recabó la información de un testigo presencial del incendio de 1810, en el que hombres y mujeres trabajaron sin descanso para salvar imágenes, objetos de culto, ornamentos de plata labrada, cuadros de mérito, trabajos que continuaron hasta el momento en que comenzaron a desplomarse las techumbres.
Monumentos del Hospital de Dolores, de las Monjitas del Asilo en la Iglesia de San Sebastián, de las Siervas de María, de San Juan, San Benito, San Lázaro donde se aprovecha la riqueza y belleza de las Alturas, la entrega generosa y cuidada preparación, el esfuerzo y la sensibilidad, de tantos servidores de templos con que cuenta La Laguna.
Destacaremos por último, el Monumento de la antigua Iglesia de los Remedios. Sede de la Catedral, pues lo remataban las magníficas andas que en la Festividad del Corpus Christi, portan al Santísimo Sacramento por las calles laguneras cubiertas por alfombras de flores. Sirve de fondo al Monumento, el extraordinario retablo de Pedro Alonso de Mazuelas, ocasión en la que se luce como ningún otro día, la esplendida serie de tablas flamencas del Maestro Hendrick van Balen.
El monumento de la Catedral no se elabora en estos últimos años, habida cuenta que unas costosas obras de reedificación pendientes de ejecución con el Estado español y su Plan de Catedrales, mantienen cerrada la misma. No obstante tenemos fundadas esperanzas en que la resolución vendrá de la mano e intervención del diputado electo por Tenerife, José Segura Clavell que, sin duda, gestionará su reanudación ante los responsables del Ministerio de Fomento, nada más comenzar la legislatura. En él confiamos todos ya que es un lagunero de integración que como tal ama a la ciudad donde desde niño se formara y de la que fuera su alcalde.
El Viernes Santo es el día grande y nada más entrar el Cristo en la Concepción, -antes en la Catedral-, muy de mañana salía desde el Calvario de San Lázaro, el paso del Santísimo Cristo y los ladrones. Esta procesión se ha trasladado a la noche del Jueves Santo en la que saldrán las imágenes de Jesús y de los Ladrones Crucificados acompañados de María Santísima de los Dolores.
A las once de la mañana, desde la Iglesia de la Concepción sale solemnemente el Lignum Crucis, acompañados de la Cofradía de igual nombre y el paso de la Piedad. La sobriedad del hábito, píes descalzos, sus sogas y cadenas, le proporcionan un algo propio e inconfundible, que lo cataloga entre las cofradías más recias de cuantas desfilan en la ciudad en estos días.
Desde la Iglesia de Santo Domingo, terminados los cultos, procesión del Santo Entierro, en bella urna de plata, se trasladará hasta la Concepción para unirse a la Procesión Magna que es la procesión que pone colofón a una Semana Santa ardiente de fe religiosa. Llegada la hora cumbre se abrirán las puertas de la hoy catedral en funciones, para dar paso al desfile ininterrumpido de todos los pasos, cofradías, hermandades, que los días precedentes han transitado por las calles de la ciudad. No hay adjetivos para esta procesión con unos veinticinco paso, hay que contemplarla y vivirla integrándose en ella, ya que las calles y las plazas se harán pequeñas para albergar al gentío que las llena.
Concluida la Procesión Magna todas las Cofradías y Hermandades de penitentes acompañaran al Santo Entierro. En un profundo y recogido silencio se dará escolta al Señor yacente y solo el leve tintineo de las campanillas de la Urna y un murmullo de oraciones nos incita serenamente a suaves pensamientos y hondas meditaciones.
La visita del Cristo produce una sensación que no se olvida fácilmente. El dramatismo de aquel cuerpo yerto, su delgadez, sus proporciones, hacen que sea esta escultura una de las más expresivas y de las mejores obras de arte religioso que guarda la ciudad.
Y así transcurre nuestra Semana Mayor, pues ha terminado la tarde luctuosa del Viernes Santo. Los cofrades cansados se retiran de la Iglesia de Santo Domingo, después de haber acompañado a Cristo en el silencio y se desparraman por las recoletas calles de la ciudad que parecen más dormidas que en otras ocasiones, para prepararse para el Sábado Santo, que antes de los maitines y cerca de la Vigilia Pascual, saldrá otra Procesión: El Santísimo Cristo Resucitado, acompañado por la Real y Venerable Hermandad del Santísimo Rosario y la Virgen de la Soledad.
Ya se anuncia la Resurrección de Cristo y unos “costaleros” que han previamente han entrenado, cargarán de nuevo con sacrificio a Cristo.
Nosotros entendemos que las procesiones deben ser expresión de fe sentida y vivida. Si no fueran así serian fariseismo y folklore del que tanto abunda por este Mundo.. Feliz Pascua de Resurrección. AMÉN
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