Por/Julio Fajardo Sánchez
El bar Alemán era el bar del Casino de La Laguna, se encontraba en uno de los bajos de la sociedad y fue demolido junto con el edificio cuando ésta fue trasladada a la calle de Nava y Grimón. El bar regresó a las cercanías de su lugar de origen, reinstalándose con el nombre de "La Carrera", en una de las tantas iniciativas hosteleras de Paco Borges. El nuevo nombre obedecía a la calle de su ubicación, aunque, por las fotografías que lo decoraban, podría deducirse la presencia del automovilismo, afición primordial de su dueño.
Antes de esa primera remodelación, el bar Alemán tenía la barra al fondo: de madera, alta y con un apoyapié metálico al uso de la época. las mesas eran de hierro y mármol y, adosados a las paredes, podían verse unos anaqueles con puerta de cristal que contenían repostería variada. Se accedía al salón principal por dos cortos tramos de escalera; el primero desembarcaba en dos pequeños aposentos; en el derecho, una escalera metálica de caracol daba acceso al piso superior, en donde se encontraba el Casino, y el segundo, a la izquierda, era un curioso recoveco con capacidad para una mesa con sillas, presidido en la pared por una curiosa ilustración de una motonave alemana en plena navegación; a su pie se podía leer la siguiente inscripción: "Der neue schneldamfer Cap Arcona".
Este aposento era utilizado todas las tardes, a la hora del café, para jugar animadas partidas de dados. El juego habitual era la Generala y a él asistían Guillermo Jones, José Manuel Cervino, Miguel Lavín, Manolo Gómez Canela, Joaquín Reguero, Quintín Benito, Armando Sigut, mi hermano José Luis, yo mismo, y algunos otros que no recuerdo. Entre porra y porra, allí se hablaba de literatura de pintura y de teatro. Aquella mesa fue testigo del proyecto de montar la obra de Samuel Becquet "Esperando a Codot", por primera vez en España, con el grupo ,"El Tinglado", dirigido por José Manuel Cervino. Hasta allí nos llegaban las entregas de la Editorial Losada conseguidas por Armando Sigut. Sartre, Camus, Pavcse y los ansiados Trópicos de Henry Miller eran desmenuzadas ante la atenta mirada de Federico, toda una institución, que había sido camarero de Capitanía cuando la habitaba Franco.
En la barra, al fondo, se organizaban espléndidas tertulias protagonizadas por buena parte del claustro de profesores de la Universidad de La Laguna, entre los que se podía ver· a los señores Calmez, Fuenteseca, Aledo, Vicens, y otros, acompañados por profesionales del derecho como el Juez Izquierdo. En la barra se consumían whisky, ginebra y combinados, y una especial combinación denominada Mackenzie estilo whisky, invento y demanda de Don Jacobo Melo, que era conocida por un Don Jacobo. Una vez entró aprestar sus servicios en la barra del Alemán un joven camarero, que fue adiestrado inmediatamente por Rámallo y por Daniel.Cuando te pidan un Don Jacobo sirve un coñac mackenzie con hielo y con agua mineral le dijeron. A los pocos días se había terminado el mackenzie y entró un cliente preguntando por Don Jacobo, y el camarero contestó: -¿Don Jacobo? No me queda.
El bar Alemán fue, como luego siguió siendo, el centro de reunión más importante de La Laguna, en él se gastaron bromas, se discutieron asuntos de enorme interés, se vivió la cultura y se evaluaron aprobados y suspensos en las materias Universitarias. Los alumnos de ciencia se arriesgaban entrando al bar, pues enfrente vivía Don Antonio González que llevaba buena cuenta de cuáles de ellos frecuentaban aquel santuario de la pérdida de tiempo, incompatible con el ordenado aprendizaje de las disciplinas universitarias. Cuando algún asiduo terminaba la carrera lo celebraba abundantemente en el bar, el caso más largo duró casi un mes; cuando Julio Gil, un palmero de pro, obtuvo el título de licenciado en Derecho y estuvo un mes despidiéndose del Alemán con la canción: "prepárame la maleta que me voy para los Sauces".
Si La Laguna, en los tiempos gloriosos de su Universidad fue el lugar de encuentro obligado de la juventud de todas las islas, podría decirse que el bar Alemán era el lugar profano donde se acrisolaban dichos encuentros, fuera de los pasillos claustrales y de los colegios mayores. En este sentido, el bar pudo crear beca para distinguir a los colegiales que ejercitaron su convivencia, asignatura por otra parte muy recomendada, en las tertulias desarrolladas en sus mesas. Allí estaban Iconenco, Mariategui, Doreste, Padorno, Pizarro y tantos y tantos canarios que algún día pensaron, en un recuerdo utópico, que un Parlamento en La Laguna pasaba obligatoriamente por el bar de Mariano, para poder degustar su ensaladilla y churros de pescado entre debate y debate de los temas regionales.
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