Hoy jueves es el día grande de la Villa de Mazo en la isla de San Miguel de La Palma Por/José G. Rodríguez Escudero
Las semanas previas a la anhelada festividad han sido de mucho trabajo desinteresado e impagable esfuerzo. Para la exquisita confección artesanal de estas impresionantes formas verticales, llamados arcos, se han invertido muchas horas; ratos alegres y divertidos, pero también penosos y sacrificados. Se endulzan los momentos de trabajo y tertulia con bizcochones y mistelas caseras. Muchos vecinos traen de sus casas postres, chocolate, café, galletas... Así es más llevadera la labor y la espalda duele un poco menos. En las trabajosas tertulias se informan unos a otros de las noticias frescas, de los incidentes, de política, de Venezuela, del Pueblo, de las recientes muertes y bodas, de lo cara que está la vida, de cómo está quedando el arco... Es un pueblo vivo y unido para la ocasión. No existen productos químicos o artificiales. Todo proviene de la naturaleza: musgo, pétalos, semillas, hojas... Incluso el pegamento utilizado es una mezcla de harina, agua y sal: la popular “poliada”. El color de los rostros de los personajes representados, sus vestimentas, los paisajes de fondo, los adornos, etc. viene dado por esos ingredientes naturales. Se trata de un monumento a la Fe, pero también lo es a la Naturaleza. En los cuatro días principales de las fiestas, de Jueves a Domingo, tiene lugar un nutrido programa de actos: pregón, conciertos de música, competiciones deportivas, tómbolas, exposiciones de todo tipo, concursos de dibujo, títeres, juegos infantiles, teatro, verbenas, festival folclórico, homenajes y actos litúrgicos.
Este año, como todos, la preciosa parroquia de San Blas - origen y fin del recorrido triunfal de la procesión- se cubrirá de miles de perfumadas flores rodeando al tabernáculo donde se entronizará la valiosa “Custodia de San Miguel”. Un impresionante enrame que varía cada edición. Por doquier flota el olor a flor fresca, a reluciente limpieza, a espirales de incienso y a ocultos nervios, a devoto fervor, a orgullosa tradición, a agotador trabajo, ojos cansados... Todo está a punto para celebrar dignamente una fiesta especial, elaborada con las manos artesanas de un pueblo, que ya piensa en las del año próximo. No hay descanso en Mazo.
La custodia de plata sobredorada, usada para las solemnidades del Santísimo, perteneció a la orfebrería del extinto cenobio dominico de San Miguel de Las Victorias, hoy templo de Santo Domingo de la capital palmera. Al ser suprimido éste por la desamortización de las clausuras en 1836, pasó a formar parte del tesoro de San Blas. El sol está sostenido por una imagen del Arcángel San Miguel. Es el símbolo del Corpus.
  Tras la solemne “Celebración de la Eucaristía del Cuerpo y la Sangre de Cristo” el Jueves de Corpus, concelebrada por los sacerdotes de la Isla, con la asistencia de las pías hermandades, autoridades de todo rango, un satisfecho pueblo fiel con sus mejores galas, coros de ángeles... da comienzo la suntuosa Procesión. Acompaña a la “Custodia del Arcángel”- protegida bajo palio granate y oro-, la banda de música “Arecida”, la Hermandad con los faroles encendidos, el estallido de los fuegos de artificio, la admiración ante pasillos empinados y arcos “plantados” con lágrimas de emoción, agradecidos descansos y profundas genuflexiones, abrazos de los reencuentros y sentidos recuerdos por los ausentes... La procesión camina dificultosamente entre alfombras de pétalos, musgos y plantas. Asciende tradicionalmente hasta la Plaza Mayor y allí tiene lugar la Bendición con el Santísimo con los acordes de la Marcha Real. A partir de allí, las cuestas, hacia abajo, resultan más llevaderas y se palpa un gran alivio general porque no ha llovido y nada se ha deslucido. Termina la procesión pero continúan las fiestas. Son catorce los barrios de Villa de Mazo: Lodero, Callejones, San Simón, Tiguerorte, Montes de Luna, Malpaíses, Tigalate, Monte Breña, La Rosa, Monte, Monte Pueblo, Poleal, La Sabina y el Pueblo. Son catorce orgullosos trozos de un gran municipio que los une en sus Fiestas Patronales. Celebraciones especiales y añejas que cumplen los 403 años de un importante pretexto al ritmo de la naturaleza y el color de las flores, el aroma de un campo verde y fértil que glorifica a Dios, agradecido por tantas bondades recibidas. Ésta es, en definitiva, una auténtica manifestación artística de la cultura popular en la que lo divino y lo humano, lo sagrado y lo profano, se funden en síntesis armoniosa en Villa de Mazo,
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