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viernes, 23 de mayo de 2008
 
LA ENRAMADA DE LAS CALLES.

Las ordenanzas municipales señalan que las calles por donde pasa la procesión deben estar “barridas y regadas sus pertenencias y entapizadas y enramadas y con perfumes” siendo penados con 300 maravedís los que no lo hicieren . Otro tanto especifican los mandatos episcopales laguneros de 1602: “La parroquia correspondiente se debía adornar con juncos, ramos, otras hierbas, doseles, tafetanes, tapices. Se encargaría de ello el mayordomo de la iglesia y a cuenta de la fábrica de la misma, si la ciudad no hacía cuenta del dinero que el Rey había concedido para gastar con tal fin” .
 
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Desde el domingo de Pentescostés se fija por la Justicia el bando que anuncia la fiesta. La recogida de ramas y flores era desempeñada por los gremios que se turnaban anualmente. En la madrugada del lunes inmediato sus miembros iban al monte a cortar las ramas. En carretas abarrotadas de ramas altas y caballerías cargadas de follaje descendían a la ciudad sobre las 5 de la tarde. Estas labores las efectuaban con ropas viejas y se festejaban con vino y sacrificando un carnero u oveja macho. Al amanecer del martes se limpiaban las gajadas que habían de adornar la procesión y por la tarde las jóvenes comenzaban el deshojo de la rama corta. El miércoles por la noche era la función de vísperas. Mientras crecía en la calle el bullicio y los gremios de panaderos y molineros llevaban artefactos para la iluminación de la verbena de la noche. Se colocaba en cada cuatro esquinas un barril de harina lleno de maravillas rociadas de alquitrán y por el centro del piso gánigos provistos de estopa, cuyos depósitos se incendiaban al comienzo del repique que en todas las iglesias anunciaban el fin de los solemnes maitines. Eran unos focos luminosos que en opinión de Rodríguez Moure simulaban un enorme rosario en el cual los barriles hacían las veces de glorias o pater noster y los gánigos de avemarías .

Desde la madrugada del Jueves ese simbolismo aparece como su configuración natural. Muchachas de procedencia campesina o de otros gremios, según le correspondía por turno anual, en sus carretas esparcían el follaje y las flores por los suelos, precedidas por la hija del alcalde del oficio que tenía el honor de espaciarlos en primer lugar. La suntuosidad y el derroche eran sus rasgos característicos. La vegetación cubría todas las calles con sus arcos frutales, sus ramas altas y el suelo alfombrado con flores y follaje.
 
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Esta apoteosis vegetal ocasionaba una seria sangría en los montes, en especial la rama alta. Los ilustrados querían eliminarla por considerarla lesiva y por contribuir en poco al culto al Santísimo. El 4 de junio de 1765 el Síndico Personero General  solicita que la prohibición de su corte. Su propuesta es desestimada por cuatro de los regidores. Lope de la Guerra manifiesta, sin embargo, que “no se falta a la debida deferencia al Santísimo Sacramento en que no haya rama alta. Por su parte el Marqués de la villa de San Andrés dice que “supone que en obsequio del Adorado Sacramento del Altar todo es poco, pero no concibe por obsequio ni culto el que la procesión vaya por entre monte, pudiendo ir por las calles adornadas de colgadera y cree que Nuestro Señor tendrá a bien que los montes no se destrocen y que se dejen crecer tantos árboles, que más que para adorno son para divertimento de los muchachos”.  Le secundan el Marqués de la Villanueva del Prado y Fernando Molina, pero el Corregidor hace suya lo acordado por los cuatro partidarios de su mantenimiento . Era una muestra del cambio operado en la concepción de la fiesta entre los sectores de la elite afines al pensamiento ilustrado. Entre ellos comienza a reinar una visión crítica y satírica hacia esa visión de la fiesta, como la establecida por la Gaceta de Daute sobre la de Los Silos: “una procesión con dos largas hermandades con palio y guión llevados por títulos de Castilla, caballeros de hábito y oficiales de plana mayor, una carrera adornada de dos filas de ramos verdes clavados en tierra y a cierta distancia de arcos triunfales y altares decorados de rosarios, de tomates, con padrenuestros de brevas, tortas, bollos, uvas, limones, quesadillas, pepinos, flores y garabatos; todo ello compuso una función majestuosa y extraordinaria cargada de pompa” .
 
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