Pedro Ramón Gutiérrez Hernández Presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías
  En la realidad eclesial de hermandades y cofradías, somos especialmente propensos al uso de una amplia simbología. Sin embargo, en ocasiones nos perdemos en cuanto al origen y significado de esa simbología y, por tanto, incluso corremos el riesgo de desnaturalizarla y descontextualizarla. El ámbito cofrade gusta de la simbología, como camino de fe, y en este sentido el Santísimo Sacramento de la Eucaristía esta repleto de simbología, que conviene exponer brevemente y así entender en su amplitud los íconos que admiramos y nos ayudan en ese camino de fe.
Íconos, simbología y camino de fe, cuyos orígenes se pierden en el denominado protocristianismo, es decir los primeros siglos de quienes nos han precedido en el seguimiento del Cristo: El Mesías que nos deja el memorial de su cuerpo y su sangre, para que tengamos vida y vida en abundancia y lo culmina en el sacrificio redentor de su muerte en la cruz. Entrega, sacrificio, muerte y resurrección como donación de vida. Entrega y donación mediante el sacrificio; así entendemos como esos primeros cristianos, inspiran sus símbolos eucarísticos en los relatos evangélico de la boda de Caná, la multiplicación de los panes y los peces y la comida de Jesús con sus discípulos, después de su resurrección. Vino, pan y peces. Compartir el ágape entre hermanos en amor y comunión. De ahí nacen los primeros símbolos sacramentales, considerándose el primigenio de ellos el Pez, directamente conectado con esos relatos Además que el nombre griego del pez constituye un conocido acróstico cristiano. También surgirán y servirán otros símbolos para la simplificación del mensaje icónico, que aludirán a la Eucaristía sea mediante un cesto con panes, sea por medio de las uvas y las espigas. Todo ello conectado igualmente con los milagros arriba descritos y evocando el alimento de la Última Cena, en las dos especies eucarísticas. También la iconografía del Sacrificio de Cordero Pascual, estableciendo un nexo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, fue empleado en las representaciones paleo cristianas hasta llegar a las grandes obras pictóricas flamencas, como la Adoración del Cordero Místico y la Fuente de la Vida. Todo un compendio de expresión del sacrificio eucarístico, fruto del omnipotente amor de Dios, para la comunión de la humanidad.
Otro símbolo, antiguo e importante, es el Pelícano, que alude de nuevo al aspecto sacrificial de la Eucaristía. Bajo las dos especies del Santísimo está el cuerpo y la sangre de Cristo, que se entrega por nosotros y nuestra salvación. Con esa idea se relaciona la creencia antigua, recogida en los bestiarios medievales, según la cual el pelícano alimentaba a sus crías con su propia sangre, la cual brotaba de su pecho dándose picotazos. Esa interpretación movió a conferir también un símbolo pasionista al pelícano, y así se le coloca al pie de la cruz, como ocurre con el Cristo de San Agustín de Granada y el Cristo del Amor de Sevilla, reforzando el mensaje de que por ese Amor nos donó hasta sus últimas gotas de sangre.
Si no perdemos esta perspectiva, comprendemos como los racimos, son vino y es color Rojo y símbolo del Amor. Las espigas son pan y son color Oro, símbolo de la realeza divina de nuestro Señor. Y esas gotas de agua, que añadimos al cáliz de la consagración, que simbolizan pureza y se expresan en el color blanco. Tintes Rojo, Oro y Blanco, que expresan la esencia eucarística: Amor, Divinidad y Pureza.
Nos atreveríamos a decir que toda esta simbología, descrita someramente, alcanza su máxima expresión en el inicio de la festividad del Corpus Christi allá por el siglo XIII. Cuya esencia nosotros conservamos, con las naturales modificaciones cronológicas y nuestras especificidades geográficas y culturales. Recordemos que también, y conjuntamente, en aquel siglo XIII se fundan las primeras cofradías eucarísticas, para la adoración a Jesús sacramentado y la difusión de los símbolos y valores propios.
Que nuestras hermandades y nuestros cofrades, tan receptivos a la representación, el rito y el símbolo, sigamos viendo más allá de la gran solemnidad y protocolo del Corpus Christi, la infinitamente mayor solemnidad y protocolo que contiene toda la iconografía sacramental: el mensaje salvífico del Amor, Divinidad y Pureza de Cristo y llevarlo plenamente a nuestras vidas.
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