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Muchas de las alfombras que con esfuerzo, voluntad y, sobre todo, mucho trabajo, el pueblo lagunero ofrece al Santísimo, ya estaban terminadas desde primeras horas de la mañana. Fue una larga noche de trajín de cajas de brezo, flores y marmolina, de ajetreo incesante de artesanos, empeñados en un quehacer fatigoso, sin más recompensa que brindar sus efímeros monumentos de amor y de fe, de arte y tradición, a la Sagrada Forma. Albañiles, muchos de ellos anónimos, estimulados por sentirse orgullosos continuadores de una admirable y hermosa tradición de estética y sentimiento iniciada por sus antepasados, por generaciones de laguneros y laguneras que amaron su Ciudad, la historia y la cultura que de ella emanan, tal y como ellos y ellas lo hacen ahora. Alfombras, en fin, que han sido, son y serán, fieles y genenerosos cronistas de esa historia, de esa tradición y de esa cultura de una Ciudad con más de quinientos años sobre sus muros, calles, plazas,… Durante esa larga noche contaron y disfrutaron del apoyo mutuo, del trabajo colaborativo, de la generosidad del esfuerzo compartido… y del chocolate caliente y algunas otras dádivas alimenticias para recobrar el aliento y las fuerzas que les permitieran seguir trabajando.
Una noche en la que una caterva de gamberros destrozó, en la madrugada, algunas de estas alfombras, como la del Ayuntamiento, que fue prontamente reparada.
En este largo recorrido de fe, tradición y cultura destacamos, aunque todas ellas merecen serlo, el descomunal y espectacular pasillo del Ayuntamiento y todos los tapices de la calle del Agua. Un extenso trayecto que se logró cubrir en su totalidad, además, siendo mayoritario el uso de materias vegetales. Sin duda, un importante y destacable trabajo de recuperación para la historia del Corpus lagunero, el primero que se celebró en la Isla (1497). El Corpus Cristi siempre ha sido para los laguneros y laguneras una celebración de gran relevancia. Por eso, desde tempranas horas paseaban por las aceras de la Ciudad, Patrimonio de la Humanidad, contemplando el quehacer de los artesanos que ultimaban las alfombras. Muchos de estos artesanos eran, entonces, niños y niñas, en una nutrida participación, que hacía años no constatábamos y que garantiza el futuro de la fiesta.
También desde tempranas horas, las señoras de Cáritas ultimaban los detalles del ventorrillo emplazado en la plaza del Adelantado, para vender diversas viandas que, histórica y tradicionalmente tienen una gran acogida y demanda.
A las 16:00 horas tuvo lugar el concierto de la Asociación Musical Banda La Fe de La Laguna, el primero después de muchos años, recuperándose así una antigua tradición lagunera.
Por entonces, el día era hasta caluroso y el cielo, aunque cubierto, no presagiaba la densa cortina de lluvia que cayó, inclemente e inoportunamente. El agua siempre es bienvenida, y más ahora, pero empezó a llover justo a la hora señalada para el comienzo de los actos religioso. Anegó todo el recorrido, empapando a quienes esperaban para presenciar la procesión y a todos los que se dirigían hacia la Concepción para participar en ella, incluidos los ilusionados niños y niñas de primera comunión.
Suspendido, pues, el recorrido del Santísimo por las engalanadas calles, al término de la Eucaristía se procedió a una procesión claustral y reserva.
Nunca llueve a gusto de todos, pero con el Santísimo llegó la tan esperada y benefactora agua, haciendo buena la voz popular, según la cual “hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo”.
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