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miércoles, 28 de mayo de 2008
Por/Agustín Arias
 
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El baloncesto tinerfeño volvió a escribir una nueva y brillante página. Y lo hizo con letras de oro. Los escenarios fueron el Juan Ríos Tejera y el Santiago Martín. Y un denominador común: SENTIMIENTO. En apenas 72 horas, esta palabra que define el cariño, la lealtad, la pasión y mucho más por un club y unos colores, ha cobrado relevancia.

La gran fiesta de nuestro deporte se vivió en dos frentes, aunque con muchas caras coincidentes en una y otra citas. La primera aconteció el pasado sábado, en la cancha de San Benito; la segunda el martes, día 27, en Los Majuelos. Socas Canarias y Tenerife Rural, arropados por sus respectivas aficiones, fueron sus protagonistas.

No descubro nada nuevo si les digo que Alejandro Martínez y sus jugadores firmaron una gran temporada, con esa sabrosa guinda que le pusieron al pastel al ser séptimos de la fase regular y, en consecuencia, clasificarse para los cuartos de final del “play-off” de ascenso a la Liga ACB. Éxito rotundo cuando el gran objetivo -en el año del debut en la Leb Oro-, era la permanencia.

Esa tarde sabatina fue memorable. Se perdió frente al poderoso Breogán de mi buen amigo Paco García, pero lo hicieron dando una imagen de equipo ganador, en el que la palabra miedo no tiene cabida. Pero la nota destacada de esa cita no fue el marcador y sí la respuesta que, a escasos dos minutos del final, protagonizó la afición. Con todo el Ríos Tejera puesto e pie se coreó con más fuerza y sentimiento que nunca ese grito de guerra característico entre los llamados “fiebre amarilla”. El “Canarias, Canarias, Canarias” se sintió en la Punta de Hidalgo, en Taco, en La Cuesta... Sí, fue tremendamente emocionante ver a la gente reconociendo el trabajo inconmensurable de unos profesionales que desde siempre se han visto identificados con la entidad, sus aficionados, sus colores... “Cuiden esto como si fuera oro en paño; este es el patrimonio más importante que posee este histórico club”, le indicó el técnico vallisoletano al presidente canarista en la zona de vestuarios.
 
Unos escasos kilómetros más abajo, junto a la autopista y en pleno complejo industrial de Los Majuelos, otro momento para enmarcar. Esta vez cambian los colores, el escudo y el nombre del club, pero se vive con pasión otro sentimiento, tan destacado y respetado como el que más. Ver a casi 4.000 personas en las cómodas gradas del Santiago Martín, apoyando al Tenerife Rural de principio a fin del partido, en los buenos, regulares y malos momentos resultaba una gozada. La Peña La6, cada día más crecida en el amor a un club, con la cómplice actuación de la experimentada y ganadora murga Ni Pico Ni Corto, ejerció de “director de orquesta”, con la gran novedad de encontrar, esta vez sí, el acompañamiento del graderío. Fue digno de elogio, de ahí que a la conclusión el “presi” y ex jugador de básquet José Miguel Martín-Fernández, no regateara elogios hacia una realidad: la afición del Tenerife CB. “Somos conscientes que siempre ha estado ahí, aunque dormida, pero ha despertado”, puntualizó el dirigente blanquiazul. El equipo de Sanz se dejó la piel, defendió con garra y peleó para brindar un triunfo que tenía premio extra: otra guinda. Porque también en el caso tinerfeñista los objetivos se habían cumplido con creces al consumar esa quinta posición en la fase regular. Cuando sonó la última bocina estalló de júbilo el Santiago Martín. Rafa Sanz hizo sus 20 metros más rápidos para fundirse en un abrazo con Edu Sánchez en mitad de la cancha, mientras jugadores, técnicos y, en especial la afición, saltaban de alegría por superar el difícil escollo del Lleida y conseguir el pasaporte para la Final a Cuatro de Cáceres. Hacía mucho tiempo que no se escuchaba al orfeón blanquiazul corear, con ritmo y estilo, esa frase tan significativa y preñada de sentimiento que dice: “Esto si que es un pedazo equipo”.

Dos momentos, dos, que quedarán grabados en la historia reciente del baloncesto tinerfeño. Instantes de alegría que, incluso, hacen olvidar esas rachas negativas que, si bien llevaron la incertidumbre al entorno, jamás desató la desconfianza en uno y otro vestuario; en uno y otro club.

Claro que sueño con que esta islita recupere su sitio entre los grandes del baloncesto español. Sería ilógico no desear lo mejor para ti y los tuyos... Pero si por la idiosincrasia de este baloncesto, de esta gente del básquet, de  este pueblo lo de uno, grande y poderoso es inviable, ¿por qué no disfrutar y vivir intensamente lo que Tenerife Rural y Socas canarias nos están ofreciendo? Hay dos maneras de ver la botella y yo prefiero verla medio llena. ¿Se imaginan ustedes contar para la próxima temporada con el Tenerife Rural en la ACB, el Socas Canarias en la Leb-Oro, un Quintercon Tacoronte en la EBA y una cantera amplia y a tope?...

¿El dinero?, que lo busquen quienes dirigen a nuestro pueblo. Y si hay seis millones de euros para albergar una semifinal de la Copa Davis puede haberlo también para que el baloncesto de mi islita, y la de todos ustedes, sea grande de una vez.

Postdata: A mi selecto club de “fans”, gracias por sus destructivas críticas. Me hacen crecer en el día a día y llegar a la conclusión de que cuanto más estupideces leo y escucho –incluso de apredices de periodistas- más quiero a mi perro. ¡Ah!, y no olviden el refrán guanche que dice: “Al pájaro se le conoce por su cagada” y aquí es evidente que nos conocemos todos. Respetar el trabajo, los sentimientos, incluso la edad es de seres honestos, sea cual fuere su nivel intelectual o cultural. Los mediocres valen cinco euros; los criticones se cotizan a diez; los envidiosos están a 50... La gente buena no tiene precio.
 
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