Por/Fidel Campo Sánchez A vista de Berode
…Las primeras alfombras de la Orotava se hicieron en 1847, posteriores a las de 1497 de La Laguna, fueron hechas por la familia Monteverde y en 1907 se reanudó la costumbre en La Laguna y por ello el Gobierno del Estado las declaró como las primeras y, además, Bien de Interés Cultural. En cualquier caso, el que las autoridades políticas dispusieran en los bandos que las calles fueran barridas, regadas, tapizadas y perfumadas, nos da una idea del estado en que podían encontrarse las mismas por aquellos años de 1507, en el que transitaban carros, carretas tiradas por bestias y animales de todo tipo, que dejaban en ellas sus heces. Pero volvamos al principio, pues, nos falta relatar el Corpus en tiempos del Deán don Enrique González Medina, culto y celoso sacerdote, muy estimado en La Laguna ya que desde los púlpitos catedralicios y parroquiales imploraba caridad y misericordia para los que tienen hambre y sed, clamando, una y otra vez contra las codicias de los bienes terrenales. Bien, don Enrique fue además Esclavo Mayor de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, en el año 1916. En una ocasión y cuando en la procesión del Corpus lagunero se estilaba colocar en cuatro esquinas del recorrido procesional, una alfombra con varios cojines, para que el obispo de aquellas épocas y acompañantes se arrodillasen, había un encargado que todos los años cumplía con tal cometido pero… un año no compareció y el Deán don Enrique, en vista de que se acercaba la hora de salida y no estaba preparado ese menester imprescindible, dispuso que se buscase a una persona que se encargase de ello. Salió el sacristán de la Catedral y al primero que encontró fue a aquel feligrés conocido por “Panduro”, sentado en el banco de piedra que estaba situado debajo del reloj catedralicio, como siempre acostumbrada a hacerlo.
Con las prisas del caso, se le hizo cargar con la pesada alfombra y cojines que Panduro colocó en el primer descanso, luego otra vez a cargarlo y a otra esquina y así sucesivamente hasta su regreso a la Catedral.
Cuando terminó de tan pesada labor llegó rendido y sudoroso, máxime si tenemos en cuenta lo elevado que estaba el termómetro y, por ende, el sofocante calor que debía hacer. Unido todo esto a la obesidad de que disfrutaba en aquella época..
Al hacer la entrega del material fue a ver al Deán, con la finalidad de percibir sus honorarios. Don Enrique dispuso que se le pagara del dinero que se disponía en la fábrica de la Iglesia que para tal cometido era la cantidad de dos pesetas. No se conformó Panduro diciendo que este trabajo no lo hacía él por menos de un duro. El Deán, ante la insistencia le hizo saber que para este servicio no se disponía sino de dos pesetas, que era lo que se venía pagando, a lo que Panduro nuevamente se opuso alegando que era un trabajo muy pesado cargar con alfombras y cojines en todo el trayecto y más con el calor reinante. Entonces don Enrique le dijo que en años anteriores se había hecho el servicio en un carrito de tres ruedas, a lo que Panduro contesto: “Pues señor Deán, déme este año el durito y para el próximo yo me pongo tres rueditas y entonces me dan dos pesetitas”. Ante semejante y acertada observación tuvo la fábrica que habilitar un nuevo crédito y darle las cinco pesetas a Panduro.
Nosotros poco sabemos de liturgias, de cabildos catedralicios, pero si tenemos que decir al Deán Julián de Armas que debe coordinar mejor a sus miembros, ¡!es lo que pensamos”…AMÉN
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