Por/Julio Fajardo Sánchez
...Por último, la voz de guitarra hawaiana añadía al efecto vibratorio de las cuerdas una especie de carraspeo, detalle de técnica sutilísima que intentaba reproducir el arrastre de los dedos sobre los trastes. Un sonido gutural comparable al que producen los sifones cuando apenas les queda liquido en su interior o a los intentos vanos de expresarse de los laringectomizados que se niegan a escribir sus demandas.
Don Manuel se prestaba a exhibir sus habilidades cada vez que se lo pedían, cuestión que él confundía inocentemente con el éxito. Algunos oyentes, ya molestos, le ordenaban que se callara pero siempre había un coro de vacilonistas profesionales a su alrededor dispuestos a defender su arte. Era absolutamente resistente e invulnerable a las risas y a las bromas con tal de ser escuchado: y aunque aguantara cogotazos, empujones, insulto y pedorretas, no interrumpía nunca su actuación hasta finalizarla completamente.
De noche solía ser solicitado para acompañar serenatas que él realizaba cubriéndose la cabeza con una bolsa de plástico para evitar la oxidación, con el sereno de sus cuerdas vocales, sobre todo de las que servían para imitar el sonido de la campana y de la guitarra, según él: sus voces metálicas.
En el momento en que se encontraba cubierto le llovían los pescozones por todos lados, cuestión que parecía no molestarle demasiado. El límite de su paciencia se colmó en una serenata que le encargaron en Las Palmas donde, según contaba le habían orinado encima desde un balcón.
Para poner en forma sus cuerdas vocales hacía gargarizaciones de bicarbonato, echando una pizca que tomaba entre sus dedos hasta el interior de su garganta y produciendo un sonido parecido al de un tren a punto de descarrilar. Alguien en una ocasión le sugirió sustituir el bicarbona por pimienta en polvo. El resultado fue terrible: se puso rojo de repente, a punto de quedarse sin respiración, se retiró tosiendo estrepitosamente y estuvo una semana sin aparecer.
Don Manuel el campana también era poeta y manejaba el pareado con escasa fortuna.
Practicaba el género amoroso, siendo un exponente claro de su métrica los siguientes versos:
"Eres bella y gentil entre mil.
pareces una estrella de cine
Tienes talle de palmera
y cintura de avispa,
y tu andar es dulce y melodioso
como las notas de un acordeón.
Pon, pon.
Nunca llegó a incorporar la poesía a su repertorio musical, lo cual era agradecido por sus seguidores. La dependencia que tenía con su público era como la de un ludópata con la mesa de juego, por lo cual, al cabo del tiempo, los cogotazos que empezaron de broma terminaron en serio y se vio nuevamente abandonado por las masas, antes enfervorizada y sin tener a la vista un eclipse que echarse a la mano para volver a cortarse los bigotes. Agotado el filón de La Laguna, o exprimido por el lagunero el personaje hasta la última gota de sus posibilidades humorísticas, anunció su retirada a la isla de La Palma, donde estaba inédito, dejando en paz y en silencio al bar Alemán. que siempre ha esperado su regreso como agua e mayo.