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Un golazo de Villa a los 91 minutos volvió a darle el triunfo más que merecido a la selección, cuando ya parecía imposible ganar.  Suecia jugó siempre según le iba en el marcador; el equipo de Luis nunca dejó de buscar el marco contrario, con fe ciega en que llegaría la victoria.
España juega a lo que juega y ése no es un misterio para nadie. Tampoco para Suecia, que jugando como decimos que lo hace España, encajó un 3-0 en el Santiago Bernabéu la noche en la que España enfiló la recta final de su clasificación. Conociendo la forma y maneras en la que se manejan los de Luis Aragonés por orden expresa de éste y por la naturaleza de sus futbolistas, que son exquisitamente técnicos, no fue de extrañar que en un choque en el que le iba mucho de su futuro Suecia renunciara a luchar por el control del cuero y del medio campo, donde le consta que es inferior a España. A los tres minutos de juego (disparo alto de Iniesta) todo el mundo sabía que los suecos iban a plantear esencialmente una defensa de su arco como fundamento primero de su juego. A no ser que las cosas cambiaran drásticamente de signo. Lo hicieron… y lo hicieron a lo largo de todo el encuentro, en un vaivén táctico que hizo a España variar de sistema y de generadores de su fútbol y a Suecia jugar de forma rotundamente contraria según empataba o perdía el encuentro.
La selección de Luis Aragonés se reencontró de salida con lo que el técnico estima como una inequívoca señal de identidad. No ocurrió, pues, como frente a Rusia, que, de salida, achicó al equipo nacional o, cuando menos, eso persiguió con denuedo. Pero tener a España a la contra puede ser tan malo para el rival como lo ha sido siempre intentar contenerla con el balón en los pies. No fue de una de esas jugadas repetidas de la que salió el gol que le puso en ventaja, sino de un córner, que Xavi, diestro, botó desde el lado izquierdo del ataque español. El balón fue y vino, pasó por los pies de Silva, éste lo colgó en diagonal en el área y allí apareció la bota de Torres para batir a Isaksson.
El partido cambió naturalmente entonces y del conservadurismo sueco de los primeros 15 minutos se pasó a un leve dominio de los nórdicos, dispuesta España a sacar ventaja de su contragolpe. Suecia, que se había mostrado más voluntariosa que efectiva, se encontró a los 24 minutos con que Puyol debía dejar su puesto por una inoportuna lesión. A España, sin embargo, le costó más enhebrar sus contras de lo que le había costado frente a Rusia, pero a cambio de eso los arreones suecos apenas si se tradujeron en sobresaltos para la zaga española. Era un peligro no poder controlar el esférico, pero, aún así, la selección tenía el partido donde quería en una de sus dos opciones de juego: con ventaja en el marcador, con metros para responder y sin ahogos porque el ataque sueco no culminaba. Una excelente acción individual de Torres a los 33 minutos estuvo a punto de sellar la seguridad de los españoles, pero en el balón siguiente, Ibrahimovic, inesperadamente, salvó a Sergio Ramos y por bajo batió a Casillas. Suecia, naturalmente, volvió a echarse hacia atrás.
Lars Lagerbäck, seleccionador sueco, había confesado el día antes del choque que el 3-0 del Santiago Bernabéu no iba a repetirse. Tenía razón. Como en Madrid, sin embargo, Suecia optó por conservar su puerta a salvo (en el Bernabéu lo hizo, pensando que el último partido de la fase de clasificación lo jugaba en casa ante Letonia y que le bastaba con ganarlo para clasificarse), lo que dice mucho de las cautelas del técnico sueco y de su forma de entender el futuro. Arriesgó hasta encontrarse con una jugada aislada para empatar y, luego, mandó a sus huestes a que protegieran a Isaksson. Es decir, con el 1-1 se volvía al 0-0. Un clarísimo empujón a Silva en el área en el minuto 46 del primer tiempo que el árbitro no aceptó como penalti no cambió las cosas.
La segunda parte fue un calco de los primeros minutos de la primera. Suecia no hizo la menor intención de encarar el partido con ambición y no era sólo porque no estuviera el goleador Ibrahimovic; era, también, porque pensaba que el empate era bueno y porque podía llegar alguna ocasión más de gol. A los 58 minutos se produjo un cambio radical de la situación, un cambio absolutamente inusual en España, la sustitución de sus dos más acreditados manejadores del balón, Xavi, algo tocado, además, e Iniesta, la esencia del espíritu del equipo, la de los que dan forma al toque, que no estaba produciendo, ciertamente, los resultados perseguidos. Luis buscaba con ello más velocidad en el trato del balón aún a costa de perder posesión, lo que dice de su ánimo en oposición al de su colega Lagerback. A los 62 minutos, España rozó el 2-1 en una larga jugada en la que el gol rondó el portal sueco en remates de Silva y Villa, que no se materializaron por dos dedos. El caso fue que algo había cambiado.
A los 67 minutos, Isaksson sacó con apuros un trallazo lejano de Senna en una fase en la que el mando español era claro y, además, la selección movía el balón con más rapidez. De esa manera España arrinconó a Suecia, que redujo a la mínima expresión sus ansias expansivas. A los 88 minutos, el miedo escénico y del otro de Suecia a punto estuvo de costarle lo que tenía ganado, pero el buen disparo de Torres lo atajó Isaksson. Cuando parecía que la selección no encontraría en ese período lo que en justicia merecía en un partido atípico, Villa cazó un balón que le metió Torres a los 91 minutos, controló el cuero y con la derecha cruzó el balón lejos del alcance del guardameta sueco. Los españoles estallaron de justo júbilo en el campo y en las gradas, donde se vivió un minuto de extrema felicidad colectiva. La diana ponía el sello a un choque árido a veces, difícil de ganar y, si se quiere, poco brillante, pero en el que España echó el resto y ganó por ello, por fe, por coraje, por ganas, por técnica, porque fue superior, cambiando sus modos y maneras y hasta sus generadores de juego. O sea que el equipo tiene variantes. Y eso es bueno, buenísimo. Por eso pudo con Suecia y se clasificó para cuartos. Un éxito, sin duda alguna.
Ficha técnica.
Resultado: España, 2 (Torres y Villa); Suecia, 1 (Ibrahimovic).
Goles: 1-0 (14 minutos) Xavi bota el primer córner del partido por el lado izquierdo del ataque español, el balón acaba a pies de Silva, que centra en diagonal para que Fernando Torres meta la pierna derecha, batiendo a Isaksson. 1-1 (34 minutos) Ibrahimovic se zafa de Sergio Ramos y supera a Casillas por bajo.
2-1 (91 minutos) Torres cede a Villa, que entra en el área, se libra de su marcador y por bajo cruza en la salida de Isaksson.
Suecia: Isaksson; Stoor, Nilsson, Mellberg, Hansson; Svensson, Elmander (S. Larsson, 78 minutos), Andersson, Ljungberg; H. Larsson (Källstrom, 86 minutos) e Ibrahimovic(Rosenbergh, 46 minutos). España: Casillas; Sergio Ramos, Puyol (Albiol, 24 minutos), Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cazorla, 58 minutos), Xavi (Cesc, 58 minutos), Silva; Torres y Villa.
Árbitro.- El colegiado holandés Pieter Vink. No apreció penalti en un claro empujón a Silva dentro del área en la última jugada del primer tiempo. Amonestó a Marchena a los 53 minutos y a Svensson a los 55.
Estadio: Tivoli (Innsbruck). Lleno, pero esta vez con mayoría de seguidores suecos (15.000). Tarde nublada y fría. Miles de aficionados españoles lucieron no sólo los colores de España, sino sus puntos de origen: Burgos, Linares, Talavera, Utrera, San Pedro de Alcántara, Melilla, Getafe, Albacete, Benicarló, Zaragoza…
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