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Domingo García Barbuzano Pregón leído en La Laguna el 16 de junio de 2007
   Dignísimas autoridades, señoras, señores, queridos amigos que llevo en el corazón, muy buenas noches y gracias por asistir a la lectura del pregón de las Fiestas de San Juan Bautista 2007 y por acompañarme en esta noche tan especial para mí.
Este momento es especial porque la Hermandad de San Juan llevaba varios años invitándome a ser el pregonero de sus centenarias fiestas, lo cual, aunque es un gran honor para mí, nunca acepté, pero no por descortesía, sino porque, al haber escrito un libro y numerosos artículos sobre las fiestas y tradiciones de San Juan, tenía que tener algún dato inédito o poco conocido, algún mensaje para poder aceptar el ser pregonero, es decir, una cosa que fuera tan hermosa que despertara mi mente y mi corazón para poderles hacer sentir algo en lo más profundo de sus almas y pregonar las fiestas de San Juan con un mínimo grado de dignidad y originalidad.
Este año acepté por haber contado con datos curiosos, y porque algo prodigioso me pasó cuando me encontraba en la Casa de mi Hermandad de Las Palmas de Gran Canaria con motivo de la fiesta de El Rocío, en la Aldea Almonteña de Huelva. Un día, estando cerca de la Virgen del Rocío, sonó el teléfono y era Domingo Rodríguez Álvarez, tesorero de la Hermandad San Juan para informarme de la fecha en que tenía que dar lectura al pregón. Y fue en ese momento cuando ocurrió lo especial, porque, mientras pensaba en cómo abordaría el pregón, un señor mayor y afamado escultor, que conozco muy poco, se me acercó y me dijo que al día siguiente me iba a llevar con mi mujer a ver a la Virgen del Rocío. Aquello representó un honor para quien les habla. Conocí a las camaristas de la Blanca Paloma y, al final, el dato prodigioso, ya que, a la indicación del buen señor y ahora amigo, las camaristas me entregaron, como sagrada reliquia, un trozo del traje de la Virgen del Rocío, bordado en oro. Aquel acontecimiento y muestra de cariño, me abrieron los ojos y el corazón y dirigieron mi pensamiento hacía dónde debía dirigir el pregón, sobre todo porque, ese mismo día, aquí, en la ciudad de La Laguna y entrada ya la noche, mi querida madre, al regresar a esta ciudad, me contó que se le apareció la Virgen del Rocío en un sueño y le dijo que le enviaría conmigo un recuerdo especial, que estoy convencido que es el trozo de su manto.
Estos hechos me llevaron a escribir el siguiente pregón, que no pretende ser un trabajo de investigación ni una exposición de la información que tan bien conoce el pueblo, sino hacerles llegar unos datos históricos de interés de San Juan, enlazados con un único hilo conductor, donde el copatrono de La Laguna, primo de Jesús y pariente de la Virgen, nos acerca a ésta, fruto de lo cual he encontrado connotaciones marianas en la fiesta de San Juan que me parecen relevantes y que paso a describirles.
San Juan, hijo de Isabel y Zacarías, es un santo ecuménico, modelo y tema de escultores, pintores y escritores como William Shakespeare, quien escaló la cima de las maravillas al crear la obra “El sueño de una noche de San Juan”, que ha sido llevada al cine, recibiendo en España un Premio Goya.
San Juan fue el último sumo sacerdote del Antiguo Testamento, según dice la Sagrada Escritura, y, además, es el representante del ser humano, y como sumo sacerdote, en la época del Nuevo Testamento, fue el que pasó todos los pecados del mundo a Jesús y lo bautizó para que nuestro Dios salvara a todas las personas de sus pecados. Fue más que un profeta y exhortó a practicar las virtudes y la justicia entre nosotros y la piedad con Dios. Nunca debemos olvidar las siguientes palabras de Jesús: “No ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan Bautista”.
A esa persona tan especial vamos a resaltar en nuestro pregón porque es un intercesor popular en quien se mezclan la magia, la fe y la superstición, es el Precursor que abrió los caminos a Jesús, por lo que está en la cúspide de la fe, a la que quiero llegar esta noche en una de las menudas estrellas que nacen de las hogueras, cuyas lenguas de fuego purificador me han contado datos dispersos que, por haber llegado recientemente de hacer el camino de la Blanca Paloma Almonteña, uniré al final de mi pregón a la Virgen del Rocío por encontrar en esta imagen símbolos muy ligados a la fiesta del compatrono de La Laguna, San Juan Bautista.
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