Domingo García Barbuzano Pregón leído en La Laguna el 16 de junio de 2007
Alzado lateral ermita de San Juan La Laguna Indumentaria Caballero s.XVI La fiesta de San Juan Bautista comenzó a celebrarse con regularidad a partir de 1593, gastando el Cabildo en sus diferentes actos la cantidad de 50 ducados, decayendo el apoyo económico después de 1619, pues el 11 de junio de 1756 los dirigentes políticos de La Laguna hicieron constar que la imagen de San Juan Bautista hacía años que no salía en la festividad del Santísimo Corpus Domini.
En 1934, el industrial Florencio Álvarez Marrero, que vivía en la calle Marqués de Celada, en calidad de presidente de la Comisión de Fiestas de San Juan, pidió al alcalde permiso para instalar en la plaza del Adelantado un bazar benéfico para recaudar fondos.
En 1949, Juan Ríos Tejera, con domicilio en el barrio de San Juan, fue el presidente de la Comisión de Fiestas de San Juan, y solicitó al Ayuntamiento de La Laguna una ayuda de 600 pesetas para afrontar el gasto de la banda de música, fogatas y hogueras, gigantes y cabezudos traídos de Las Palmas, competiciones deportivas y fuegos artificiales.
Entre 1950 y 1967, el Ayuntamiento concedió siempre las ayudas solicitadas de 1.000 pesetas para la celebración de las fiestas, siendo notorio que en dicho tiempo sólo el presidente de la Comisión de Fiestas, Ángel Martín González, vecino de la calle El Ciprés, tuvo la valentía en 1955 de pedir 3.000 pesetas, aunque sólo le dieron 1.000 pesetas. En 1969, el Ayuntamiento aumentó la ayuda a 3.000 pesetas y en 1972, siendo alcalde, José Luis Mederos Aparicio, el presidente de la Comisión de Fiestas, Jorge Bas García, recibió 10.000 pesetas.
Es una pena que los actos populares de San Juan Bautista hayan desaparecido, como la gran fiesta que tenía lugar en la pista de La Alhóndiga en la calle de La Carrera amenizada por una orquesta, en la que se elegía a la reina de las fiestas y su corte de honor; la cabalgata con carrozas, gigantes y cabezudos y la Banda del Patronato de Música de La Laguna y una Banda de Cornetas y Tambores, con quema final en la explanada frente a esta iglesia, y esto es importante, no sólo de las hogueras sino de las fallas que se hacían para San Juan; la carrera de sortija en bicicleta; la carrera ciclista que recorría La Laguna, Tacoronte, Valle de Guerra y Tejina; la exhibición folclórica en la que era una constante el buen quehacer musical de la rondalla Hespérides; el Concurso de la Copla Canaria, y los grandes encuentros de Fútbol, Luchas Canarias y Baloncesto. Queridos amigos, mis últimas palabras están dedicadas a la Virgen del Rocío, como les dije al principio. Y ustedes se preguntarán qué relación tiene con la festividad que pregono esta noche, pues algunas y muy hermosas. En primer lugar, en las calles laterales del altar de la Virgen del Rocío se sitúa, junto a San José, la imagen de San Juan Bautista, y además hay un relieve del Bautismo de Cristo.
Pero todavía hay algo más increíble y es que la flor del agua que aparece ante los ojos de determinadas y afortunadas mujeres la mañana de San Juan, pertenece al arcano tercero del tarot cosmopsicológico que habla de virtudes de la Virgen aplicables a la del Rocío, como mujer hermosa, símbolo de la pureza al ser su compañera una paloma blanca y representativa de la belleza imaginativa.
Como broche de oro encontré en un viejo documento que la rosa es la reina de las flores de los rituales sanjuaneros, porque, con su inmaculada belleza, encierra la sabiduría espiritual más inefable del Universo. Esas rosas adornan el manto de la Virgen del Rocío, y en el retablo de la Aldea, en Huelva, la Virgen del Rocío y la imagen de San Juan Bautista se miran fijamente, y yo, como rociero igual que mi mujer, he visto que San Juan le ofrece a la Virgen Rocío hogueras y la Blanca Paloma le corresponde al Bautista con las candelas de los romeros, formando ambas un fuego divino en el que, arden al mismo tiempo, espiritualmente, los corazones, y, materialmente, los troncos de la leña bailan una maravillosa danza del fuego, para dos imágenes en la que las gotas de rocío son un símbolo singular.
Las gotas de rocío que caen en la víspera de San Juan en La Laguna se quedan sobre nuestros campos y nuestra ciudad, acrecentando todo lo bueno, pero las de Huelva, concretamente las de La Aldea, son cogidas con especial cariño e introducidas en un colgante especial, que abro en este pregón tan entrañable para mí, para que humedezcan vuestros corazones y los haga latir con fe, esperanza, caridad, pureza, humildad y amor, que es lo más grande que como talismán transforma todo en maravilla.
Espero que mi pequeña estrella, salida al comienzo de mi pregón de la tradicional hoguera de San Juan, sirva para recuperar tradiciones como la que he guardado para el final, y que está relacionada con el encender una hoguera en las laguneras montañas de Guerra y Taco que indicaban a todo Santa Cruz el momento de comenzar la gran fiesta del fuego.
Con la mano en el corazón, este humilde pregonero se pone de pie, se encomienda a San Juan Bautista y solicita felicidad, prosperidad y salud para cada uno de ustedes con la siguiente y antigua copla hecha oración: “Padre mío, Señor San Juan,/ante el Santo en que he nacido,/tu has de ser mi medianero/en este don que te pido”.
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