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La selección derrotó (4-2) a Italia en la tanda de penaltis, pero debió hacerlo en el tiempo reglamentado, en el que superó al campeón del mundo.   Dos paradones de Casillas a lanzamientos de De Rossi y Di Natale meten a España por tercera vez en semifinales de una Eurocopa
Hay partidos que nunca se olvidan. Son ésos que causan enormes alegrías, los que llevan a los títulos, los que consagran a los mejores. Son partidos que se quedan en la retina de la gente por lo que suponen. El que enfrentó a España e Italia en el Ernst-Happel de Viena será uno de ellos. Como el de Inglaterra en Río, como el de la Eurocopa del 64, como el de la goleada a Malta, como los jugados ante Alemania, Dinamarca y Francia en 1984… Hay muchos, pero éste será uno de ellos, porque el dramatismo duró hasta más allá del minuto 120, en la lotería de los penaltis, cuando Casillas, después de atajar memorablemente el que lanzó De Rossi para el 2-2, volvió a detener el que tiró Di Natale para el 3-3, después de haber errado Güiza y marcar antes que él Villa, Cazorla y Senna. Cesc no perdió la oportunidad del 4-2 y entonces estalló el estadio y la felicidad de los españoles se desbordó en el campo y fuera de él. Se había roto una larga e injusta sequía ante Italia y España se metía en semifinales, de nuevo contra Rusia. Una victoria memorable, de las que dejan huella, justísima, fuera cuando fuera, porque el equipo se desbordó de entusiasmo, de fe, de gallardía, de todo. Tenía razón Luis: el grupo se lo merece.
Jugar ante un campeón del mundo obliga a tomar precauciones. Es lo que aconseja la lógica y no puede ser de otra manera. Italia lo es porque ha sabido ganárselo en razón a un fútbol de calidad, al que suma una experiencia acreditada. Italia no es campeón del mundo de regalo y así lo entendieron, y lo entendieron bien, los jugadores españoles, que durante la primera mitad del primer tiempo decidieron congelar el balón, hacer correr a la “squadra azzurra”, obligarla, en resumen a algo tan árido, desagradable y físicamente costoso como lo es perseguir el balón que va y viene. Sus años y el calor añadieron leña al fuego que encendió Luis, el de un juego pausado, reiterativo, de control casi absoluto del esférico y del campo, salvo en el primer cuarto del primer período, que fue cuando asomó el campeón del mundo.
El dominio del esférico es cuestión primordial para el equipo de Luis, ya lo sabemos y lo es más allá de otras razones. Tenerlo ante Italia era fundamental para minar sus fuerzas, para que no pudiera accionar con él y a eso jugó España para desesperación de los campeones del mundo, que tras la fase inicial de dominio decidieron replegarse en busca de algún contragolpe que permitiera accionar a Luca Toni. A España le costó encontrar vías de sorpresa, porque las dos cosas, tener el cuero y desplazarlo con suma rapidez para aprovechar el fútbol de sus puntas, no podían ir aparejadas. Cuando Italia remitió en sus ansias de buscarle las vueltas a Casillas, siempre por banda izquierda con Grosso, Cassano y Toni, la selección de Luis halló las rutas que perseguía y más cuando Silva pasó a banda derecha e Iniesta, a la izquierda. Fue la conjunción de esos astros la que causó mayores angustias a Buffon de las que pasaría Casillas durante tres cuartos de hora y a quien sólo sobresaltó un centro de Cassano, que cabeceó Rossi y que despejó un hombro de Marchena. Dos disparos de Villa y otro de Silva, atajados todos por el excelente guardameta italiano dejaron huella de la igualdad en el marcador y de la leve superioridad española en la primera mitad del choque. Los datos de ése tiempo fueron reveladores: España tuvo el cuero en sus pies en un 58% de los 45 minutos disputados, que es de suponer que era lo que el seleccionador deseaba. Al tenerlo, dispuso de más llegada y de más remate, y si bien ése fútbol no le permitió demasiadas alegrías ni les dio espacios a Torres y Villa si se los proporcionó a los volantes. El canario Silva fue el que tuvo más presencia en las inmediaciones del área, pues dentro era imposible hallar huecos. A pesar de ello, Italia tampoco encontró respuesta por los caminos del contragolpe. Toni fue generalmente bien sujetado y Cassano fue diluyéndose con el paso de los minutos. Italia jugó, prácticamente, sin banda derecha, pero España no se perfiló en exceso por ésa zona. Prefirió tener el balón y no arriesgarse. El partido tenía todo el aspecto de que un gol podría ser definitivo. No lo tuvo lejos Silva, que a los 49 minutos se encontró con un rechace defensivo de Panucci que golpeó en Chiellini y que no pudo aprovechar Silva. Italia decidió, como en los primeros minutos del primer tiempo, que a España sólo podría vencerla si salía de la guarida y lo hizo. Fue una trampa en la que cayó, porque permitió que empezaran las galopadas de Villa, que se encontró con buenos balones que aprovechar. No lo hizo en dos ocasiones, pero eso permitió ver la otra cara de España, la que tan buenos resultados le había dado ante Rusia y Suecia y, naturalmente, eso animó el cotarro.
A la hora justa de partido, inmediatamente después de los cambios, Italia dispuso de su mejor ocasión de un partido al que había metido otra velocidad. El balón rondó el área de Casillas, tras una acción por la izquierda de Cassano, pero el remate final de Camoranesi lo sacó providencialmente Iker. La presencia de Cazorla y Cesc avivó el juego español, que ya no tenía tanto el balón, en lo que era una copia de otros partidos, sencillamente porque el tiempo se iba agotando y se hacia preciso encontrar un agujero en la zaga italiana y en el seguro Buffon. El partido se equilibró ofensivamente hasta la entrada en la segunda mitad del segundo período, en el que los de Luis volvieron a tomar la iniciativa. El campeón del mundo había renunciado a su refugio y, así, a Villa y Torres se les dieron más metros. Pero el gol, sin embargo, estuvo en pies de Senna, que a los 80 minutos lanzó un lejano derechazo, el balón se le escapó a Buffon, golpeó en su poste izquierdo y fue de nuevo a las manos del guardameta italiano, en una acción más de la fortuna que suele acompañarles ante España. Era la ocasión buscada y habría sido el premio a la constancia de la selección, al no tenerle miedo al adversario, a su coraje, aún desde la premisa del control del balón, a su seguridad defensiva, a su trabajo en la zona vital del centro. Habría sido también el premio al enorme partido de Senna.
A falta de seis minutos para concluir el tiempo reglamentado, Luis sentó a Torres, que había sufrido un tremendo desgaste. No tuvo miedo el seleccionador a lo que pudiera pasar. Sacó a otro ariete auténtico, Güiza, en una clara intención de ganar el encuentro. El seleccionador podría haber optado por contemporizar, pero no lo hizo. Eso demuestra su talante. El dominio español no se tradujo en nada práctico y se alcanzó la prórroga, probablemente nada para los méritos del equipo, que había demostrado que podía frenar, tutear y superar al campeón del mundo. Güiza, Silva y Cesc, todos en la misma acción, pudieron batir a Buffon (92 minutos), pero también Toni a Casillas a los 95, que se lució sacando un cabezazo que entraba. Como en todas las prórrogas, el choque había entrado en una dinámica suicida. Suicida, pero, desde luego, obligada. Villa se topó con Buffon a los 110 minutos. El duelo había adquirido ya los caracteres épicos de un partido con los dos equipos extenuados. A los 119 minutos, un izquierdazo de Cazorla confirmó la grandeza del equipo. No sirvió para evitar los penaltis, pero sí para dar prueba de la gran talla del equipo.
Las penas máximas resolvieron el partido. Fue un drama en el que se impuso el temple y en el que Casillas puso la rúbrica con dos paradones también inolvidables. Marcó Villa (1-0), empató Grosso (1-1),volvió a adelantar a España Cazorla (2-1), Iker desvió el que ejecutó De Rossi (2-1), amplió la ventaja Senna (3-1), marcó Camoranesi (3-2), Buffon se lo paró a Güiza (3-2), pero también Casillas a Di Natale (3-2), y Cesc cerró la cuenta con el quinto de España (4-2) final.
Así se cerraba una jornada histórica. De las que ponen la piel de gallina, de las que desbordan las lágrimas de los aficionados, de las que jamás se borran del cerebro. Llevábamos muchos años esperándola, 88. No podíamos esperar más.
Ficha técnica.
España, 0; Italia, 0. Penaltis: España, 4 (Villa, Cazorla, Senna y Cesc); Italia, 2 (Grosso y Camoranesi). Casillas detuvo los lanzados por De Rossi y Di Natale e Italia no lanzó el quinto que le correspondía. España: Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cesc, 59 minutos), Xavi (Cazorla, 60 minutos), Silva; Torres (Güiza, 84 minutos) y Villa.
Italia: Buffon; Zambrotta, Chielini, Panucci, Grosso; Aquilani (Del Piero, 107 minutos), De Rossi, Perrotta (Camoranesi, 56minutos), Ambrosini; Cassano (Di Natale, 73 minutos) y Toni.
Árbitro.- El colegiado alemán Herbert Fandel. Amonestó a Iniesta (10 minutos), Ambrosini (30 minutos), Villa (71 minutos) y Cazorla (112).
Estadio.- Ernst-Happel de Viena. Prácticamente lleno. Noche muy calurosa, rondando los 30 grados.
Incidencias.- Presidieron el partido los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía y el presidente de Austria, Heinz Fischer; los presidentes de la UEFA, Michel Platini, y de las federaciones de España e Italia Ángel María Villar y Giancarlo Abete, además de numerosas autoridades deportivas y políticas españolas, italianas y austríacas.
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