|
Por/Domingo García Barbuzano
PRÁCTICAS Y CREENCIAS SUPERSTICIOSAS
Uno de los capítulos más subyugantes, por sus variados matices, de la fiesta de San Juan es, sin duda alguna, el que trata de las prácticas y creencias supersticiosas, las cuales están muy arraigadas en la médula del pueblo, centrándonse en el bienestar de la persona, en el conocimiento del futuro – propio de la inseguridad y del deseo de vivir – y en tomar la flor como símbolo de ornamento de la ciudad, de agasajo en cumpleaños o de preservamiento de la belleza femenina. La creencia en las prácticas sanjuaneras, obedece a que en un principio hubo probablemente una coincidencia entre deseo y práctica que se generalizó y adquirió popularidad, creyéndose fervorosamente en lo que no tiene sentido y que sólo contribuye a que las suertes o desgracias tengan una explicación en términos de relaciones sociales anómalas, en una sociedad fundamentalmente pre - literaria como fueron las Canarias de antaño. Las prácticas y creencias de la fiesta de San Juan quedan reflejadas muy bien de la siguiente manera.
Los baños de mar
Una de las costumbres más arraigadas de la mañana de San Juan, es la de tomar baños en la playa con finalidad médico - preventiva, pues es de creencia popular que el sereno de la víspera del Bautista transfiere virtudes curativas a las aguas. Por ello, aconsejaban nuestros mayores lo siguiente: "Hasta San Juan no te bañes que te hace daño el agua".
Los baños sanjuaneros se popularizaron hasta tal punto, que se pasaba todo el día a orillas de la playa, donde se alzaban casetas con palos y sábanas, lugar idóneo para comer y hacer la digestión, mientras se esperaba la hora del próximo baño ritual y purificador, pues la mayoría no se conformaba con un sólo chapuzón.
Pero estos baños no sólo los tomaban las personas, sino también los animales, a los que, en el caso de las cabras, según Manuel J. Lorenzo Perera, se les "echaba" macho después de salir del agua , práctica que está relacionada con la fecundidad. La práctica de los baños se remonta hasta el tiempo de los aborígenes canarios, pues Viera y Clavijo habla de la presencia del primitivo habitante de La Palma en los charcos verdes, para disfrutar y beneficiarse de las aguas sulfúreas , y no dejan de ser significativos los baños de las harimaguadas con fines purificadores, como los tomados por Guayarmina y Tenesoya Vidina .
|