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La selección necesita reeditar las armas que le han llevado hasta semifinales, toque y contragolpe, entrega y fe para asegurarse su tercera finalísima en un Europeo. España goleó a los rusos la noche de su debut, pero desde entonces los de Hiddink no han hecho sino mejorar. Ya no son los de entonces.
El tercer gran día en la historia de la selección española en una Eurocopa está a sólo unos pasos. Pasado mañana, jueves, España y Rusia volverán a medir sus fuerzas en un suceso inusual en la fórmula del Torneo, que no sabe de cruces. Es decir, volvemos a vernos las caras con el equipo al que España goleó (4-1) en Innsbruck. Para que esto se produzca otra vez han tenido que suceder una serie de cosas. Algunas tan inesperadas como que Rusia derrotará a Holanda en la prórroga de cuartos de final (3-1) con una facilidad aplastante en ésa fase del juego. Ésta es una de las grandes sorpresas del Campeonato y hay que tomarla como se merece.
Las vías de llegada de ambos equipos al penúltimo asalto han estado marcadas por la continuidad en el juego de España y con una notable recuperación del equipo de Guus Hiddink, que tras caer ante la selección de Luis ha ido derrotando paulatinamente a Grecia, Suecia y Holanda, tras concluir el tiempo reglamentado frente a ésta con empate a un gol. La capacidad de reacción del equipo ruso, del que los técnicos españoles siempre han hablado muy bien hasta después del 4-1, es la más llamativa de las notas y lo es más si se tiene en cuenta que para poder enfrentarse con España ha tenido que eliminar al primero de los favoritos del Torneo: Holanda. La “naranja”, que había arrasado a Italia, Francia y Rumania contaba como líder en la opinión de los apostantes. Pero el fútbol no es una casa de apuestas.
España ha decidido su suerte a través de la regularidad si bien esa regularidad ha estado salpicada de dificultades lógicas, resueltas con extremada solvencia. El primer partido ante Rusia fue una prueba de ello. La segunda mitad del equipo, con 2-1 a favor, resultó un compendio de lo que debe ser y de cómo ha de montarse un contragolpe. Fueron cuatro los goles que encajó Rusia y pudieron ser muchos más. Entonces parecía que ése resultado liquidaba las aspiraciones rusas de hacer algo importante en la Eurocopa. Fue una falsa apreciación que pagaron, los primeros, los griegos, después los suecos y más tarde los holandeses.
El 4-1 del primer partido no debe tomarse como un valor referencial de lo que vaya a ocurrir el jueves en Viena, donde a España la esperarán otros siete mil aficionados, avanzadilla, si es que el equipo nacional alcanzar la final, de la marea que se esperaría para ésta. Y no debe ser un valor referencial por cuestiones obvias: el esfuerzo del Torneo, sumamente exigente en lo físico, está empezando a pasar factura al recibo ya alto de una campaña apretadísima y los rusos de hoy nada tienen que ver con los del día 10 de este mes. De modo que las prevenciones retomadas de quienes ven más allá de actuaciones puntuales han de ser tomadas muy en cuenta.
Todo indica, sin embargo, que España optará por transitar por los mismos caminos que tan excelentes resultados le han dado hasta ahora. Tener el balón ha sido capital para el equipo y no hay más vía alternativa a ésa que la del contragolpe, que tan bien manejó la selección precisamente frente a los rusos. En base a esos dos fundamentos actuará el equipo nacional si es preciso pasar del uno al otro. Así ha sido, al menos, hasta ahora y aunque sea más del gusto de muchos el contraataque, que es un arma emocionalmente muy apreciada, conviene no olvidar que las posesiones del esférico han sido la causa, entre otras, de la fatiga que ello provoca en los contrarios. Como dice Juan Padrón, vicepresidente de la RFEF y ex jugador, “no hay nada que desgaste más, nada más duro que perseguir el balón y de hacerlo en vano”.
Ésa fórmula tan “sui géneris” de Luis se ha revelado como un fenómeno de más que agradables sensaciones y es de suponer que así seguirán siendo las cosas pasado mañana contra los rusos, que ya sintieron en sus carnes eso de contemplar como el balón iba de pies a pies españoles sin que encontraran contestación para ello. Pero hay que ver hasta donde puede llegarse así y como están las fuerzas de los jugadores, que ante Italia hicieron un esfuerzo sobrehumano. Resulta evidente que eso de tenerlo, pasarlo, volver a tenerlo, volver a pasarlo, buscar el hueco, desplazarlo mucho para obligar al adversario es la mejor receta para la fatiga.
El partido tiene mucho que jugar, pero España ya está entre los cuatro mejores del Europeo y ésa es una gratísima noticia, que conforma y confirmar la gran salud de un fútbol a todos los niveles y que nadie en su sano juicio discutiría, salvo que por medio hubiera, y los hay, oscuros intereses. Que España suba algún peldaño más no será sencillo, porque tiene rival y éste ya sabe como se las gastan los de Luis. España y Rusia jugarán, pues, una final a cara de perro, sin solución de continuidad. Hay que ganar para llegar a la tercera final en una Eurocopa, lo que ya no podrán hacer cinco de los más grandes del fútbol europeo: Holanda, Italia, Francia, Portugal… e Inglaterra, que ni se clasificó.
Para que nos entendamos: ésta España es mucha España y quizás el jueves a las 22.30 lo será más. Pero para ello será preciso no bajar el pie del acelerador, dejarse la piel, mantener el tipo y la enorme moral de un grupo espléndido…y desconfiar. Nada se logra sin trabajo y sin humildad.
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