Por/Fidel Campo Sánchez A vista de Berode
 Ofrenda floral 1955 Las fiestas de San Benito dieron comienzo el pasado jueves, con un magnífico y original pregón del periodista César Fernández Trujillo, que escogió para relatar y elogiar la típica Romería, datos curiosos, anécdotas e historias de La Laguna tradicional.
La gran sorpresa final fue convertir el Salón de Plenos en un estudio de Radio, donde se pudieron oír voces y rondallas del pasado, rescatadas de archivos radiofónicos, como el de Radio Nacional de España, Radio Popular y Radio Club Tenerife.
Al volver César los ojos atrás, no pudo menos que recordar aquella juventud de entonces, tan bulliciosa y tan penetrada en el sentir de nuestro pueblo. Se preparaban las carretas con pocos medios y mucha imaginación, pues no solamente había que participar, sino que la Romería estaba animada por un lagunerismo que ennoblecía la colaboración de todos. Los jóvenes de entonces, los que hoy tenemos grises las sienes y buscamos en las generaciones nuevas una fiesta tradicional simplemente y no la versión devaluada y un tanto hortera y chabacana que cada vez más se nos está ofreciendo.
La ermita de San Benito fue fundada en 1532. En aquel año, al haberse perdido los sembrados, se echaron suertes para sacar un Santo Patrono que protegiera la Isla en la calamidad que padecía, y salió San Benito. La ermita decayó a principios del siglo XIX, por la desaparición del gremio de labradores que la había tenido a su cargo durante tres siglos. En 1862, al producirse la epidemia de fiebre amarilla, fue cedida como centro de acogida. Más tarde ocupada por algunas tropas e incluso por algunos caballos. A principios del pasado siglo resurgió casi de las ruinas. Pero fue en el año 1947, con don Domingo Bello del Castillo y con don Narciso de Vera, alcaldes muy queridos y admirados en La Laguna, cuando se reinstauró y dio comienzo la Romería y de cuyos orígenes queremos recordar detalles y personajes, que aportaron la simpatía popular que nunca le ha faltado.
 Ganado de la "Villa arriba" 1947 Recordamos aquel San Benito de los años cuarenta. Era como una Romería de juguete, dos docenas de vacas de las gañanías próximas, engalanadas con los collares llenos de campañillas, mientras las campanas de la pequeña torre repicaban. San Benito se asomaba a la puerta, el cura bendecía el ganado, unos pocos voladores y un par de coronillas encendían las primeras horas de la noche, mientras unas parrandas de guitarras y timple afinados, contaban folías, isas, malagueñas, seguidillas. Lo mismo eran aquellos primeros desfiles romeros, con una parranda venida de San Andrés, otra de la Punta con Sebastián el Puntero y su hermano, y la famosa Rondalla Hespérides. Participaba la danza de San Diego, la carreta de don Cirilo Hernández, otra de su hermano don Cipriano. También en el Valle de Tabares se preparaba para doña Luisa Machado, una carreta con parvas de trigo, con la inseparable compañía de Mateo y Aurora Benítez.
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