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Por/Fidel Campo Sánchez
A vista de Berode  Casa del Caminero Canario En la misma entrada a la ciudad de Aguere, en la Plaza de San Cristóbal, también conocida por La Milagrosa y antiguamente Tanque Abajo, se encuentran varias casas terreras que, son un auténtico testimonio del pasado lagunero, entre ellas destaca la Casa del Caminero, de cuya historia queremos ocuparnos en este comentario.
Este lugar fue durante años, campo de ejercicios militares de las tropas acuarteladas en La Laguna. Concluida, hasta hace poco en un puente de hierro sobre el barranco, que fue suprimido siendo alcalde Ángel Benítez de Lugo, cuyo proyecto fue encargado por Narciso de Vera Marrero, al ingeniero militar, señor Pinto de la Rosa. Los trabajos consistieron en cubrir el barranco, en cuyos laterales frondosos, se desarrollaron unas especies arbóreas esbeltas. Entre las mismas había una muy singular, pues, sus semillas eran como una especie de pequeñas guindas, que al pisarlas daban un pésimo olor. Los chicos las utilizaban para gastar bromas en el Colegio de los Hermanos, en el Instituto, en las procesiones, en la Iglesia, en todos aquellos lugares donde se pudiera hacer una pillada para llamar la atención y poner en apuros a las personas más ingenuas.
Una vez tapado el barranco, se extendía la plaza hasta las primeras casas de la calle de Santo Domingo y, por otro lado a la calle Consistorio y Herradores. En medio de la plaza se levanta el monumento a la Virgen Milagrosa, la cual es de mármol y fue adquirida por suscripción popular a iniciativa del padre Chavo Juste, de los padres Paules de San Agustín. Paso por varias vicisitudes antes de colocarla en su pedestal, pues, los trabajos fueron suspendidos en tiempos de la Republica. Estuvo depositada en la Escuela de Magisterio, hasta que al fin un gran sacerdote, el padre Marcos logro, se colocara en el lugar que se encuentra ubicada y que fue inaugurada en el mes de mayo de 1961.
El lugar lo conformaba, la casa que hace esquina con Herradores. Allí vivía el famoso pintor Cristóbal Hernández de Quintana. En el lado de la plaza este una pequeña Capilla, que es conocida por el nombre de Cruz Verde. Esta casa ha sido conservada pero modernizada. En la parte trasera a la actual calle de Barcelona, los más viejos del lugar recuerdan ver un bonito balcón canario y un drago de grandes proporciones en el jardín. Allí vivía Ildefonso Salazar de Frías y del Hoyo Solórzano, que la vendió a su amigo Leoncio Oramas Tolosa, tío carnal de nuestra alcaldesa.
Al bajar, en dirección a Santa Cruz, a la derecha, había una serie de pequeñas casas. En la esquina una muy ajardinada y con flores, la casa de Chelo, con unas descendientes muy bellas. A continuación la casa de Antonio el dulcero la siguiente era de la familia de Manuela Marrero. La siguiente la ocupo el Padre de Luís Pérez, don Nicolás, magnifico mecánico del automóvil, que habían sido desalojados del antiguo Teatro Viana, donde ejercía desde siempre su oficio. A continuación tenia su casa un personaje singular, Emilio el Buey, especialista en carrocerías de camión y republicano de siempre. En la esquina tenía su venta don Pablo, con pocos productos, ya que era la época pobre de la posguerra.
Al otro lado de la esquina, tenía su Herrería Maestro Cristóbal, en cuyo salónn se organizaban bailes por la festividad de San Cristóbal.
Este personaje, era encargado de las propiedades que, a continuación de la Herrería, tenía don Juan de la Rosa, casado con una señora inglesa, muy fina y de cuidada vestimenta, llamada doña Gertrudis. Al lado se montó el Bar Evaristo, el más conocido de la Plaza. Fue un gran deportista de la lucha Canaria, por lo que lucía en las estanterías varios trofeos ganados en luchadas. Vendía vino de Tegueste, procedente del Infierno de donde era su procedencia. Lo despachaba en garrafones con la clásica manguerita.
Junto al bar que venimos haciendo referencia, vivió don José Fumero, funcionario judicial y taquillero de el Cine Parque Victoria. A continuación la casa de José Luís, Juan Miguel y Maribel. Al lado, tuvo su negocio don Pelegrín Santana, mayorista de cereales y luego don Ángel Palazón, propietario del servicio de guaguas de Bajamar y Punta del Hidalgo. También recordamos la empresa de torrefacciones San Cristóbal, propiedad de don Juan Valentín. En ese lugar estaba ubicado el surtidor de gasolina, propiedad de la viuda de Yánez, que fuera adquirido por la familia Montesdeoca, actuales propietarios.
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