Los laguneros por su honor y memoria histórica
En 1796, España y Gran Bretaña estaban en guerra; el 14 de febrero de 1797, la marina española sufría una grave derrota en la batalla del Cabo de San Vicente. A mediados de este año ya circulaban algunos rumores por estas Islas sobre las intenciones de la flota inglesa. Por estas fechas, en la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife, en La Laguna, se tiene también conocimiento de que, al parecer, se preparaba un inminente ataque a Tenerife.
Por el mes de julio de aquel mismo año, el Ayuntamiento de La Laguna capital de Tenerife, ante las alarmantes noticias se apresta a tomar las inmediatas precauciones para el caso de que se produjera algún ataque a la isla. Entre otras medidas se dispuso la evacuación de mujeres, ancianos y niños hacia La Laguna, así como de caudales y documentos; se reforzó con las milicias toda la costa del litoral por la que podía producirse el asalto Taganana, Valle Seco, Punta del Hidalgo, Tejina, Bajamar, San Andrés, Santa Cruz y Candelaria, distribuyéndose entre los que custodiaban estos lugares unos tres mil barriles de harina, además de otras provisiones procedentes de donativos y requisas. El día 22, el vigía de la zona de Anaga, un tal Domingo Izquierdo, da la voz de alarma al avistar en el horizonte a la escuadra inglesa. Ese mismo día el general Gutiérrez envía un escrito al teniente coronel D. Juan de Castro Ayala, a La Laguna, comunicándole que baje urgentemente a la plaza fuerte de Santa Cruz con toda la tropa y gentes de armas tomar, bagajes, etc. para la defensa de dicha plaza que el enemigo se disponía a atacar.
Este bizarro militar lagunero moría dos días después al frente de sus milicias de La Laguna, en un enfrentamiento con las tropas inglesas que se había apoderado del convento de Santo Domingo, ya desaparecido y donde actualmente está el Teatro Guimerá.
Un dato curioso y muy oportuno para lo que intentamos dejar claro en estas líneas es un interesante relato de los acuerdos tomados en aquellos días por el Ayuntamiento lagunero y que transcribimos a continuación:
"En la Ciudad de La Laguna Capital de Tenerife a veinte y cuatro de Julio de mil setecientos noventa y siete años:
El señor Alcalde mayor por S.M. de esta isla, D. Vicente Ortiz de Rivera, y los señores D. Lope de la Guerra, D. José Saviñón. D Antonio Riquel, D. Cayetano Peraza, Regidores; D. Francisco Bello, D. Miguel de Laysequilla y D Juan Calderín, Diputados; dijeron (...) inmediatamente que el 22 corriente al amanecer, se supo que la escuadra del enemigo que se había presentado a la vista y muy cercana del puerto y plaza de Santa Cruz, y que aún había hecho algún desembarco, como en efecto se supo después de haberse ejecutado, en mucho número de lanchas en Valle Seco, conduciéndose a la alturas de aquellas partes con el fin dominar y batir el castillo de Paso alto, para abrir camino al parecer sobre dicha plaza; se congregó sin la menor dilación este Ayuntamiento con aquel grande celo, y el honor ha que acostumbra y debe su amor al servicio de Dios, del Rey. De la conservación de este estado de dominio, y que gloriosamente tiene la defensa de su propia tierra y hogares; y se comenzaron a dar todas las providencias que en semejante caso se requieren, después de haberse tocado al arma y a rebato con todas las campanas de la Ciudad Capital haciendo congregar todos los laguneros sanos y útiles que hay en la ciudad y pagos de su jurisdicción, despachándose oficios por la Justicia , -para que los alcaldes de todos los pueblos del Partido hicieran congregar y remitir a esta Capital La Laguna, cuantos paisanos hubiere de armas tomar, con efecto se han juntado y remitido hasta el presente bastante numero que se han destinado a las órdenes y disposición del Exmo. Comandante General de estas Islas, y otra partida para que se uniese a la tropa que se destinó para tomar las alturas por dicho Valle Seco, y atacar a los enemigos, habiéndose conseguido que en el día de ayer se les obligara a retirarse enteramente de tierra y embarcarse".
Se hicieron traer y presentar los planes y reglamentos que para estos casos estaban prevenidos con nominación de los caballeros comisionados para los diferentes ramos, y hechos llamar, se ofrecieron gustosamente a este desempeño (...).
Se despacharon igualmente oficios para el apronte de bagajes, carruajes y toda especie de bastimentos; y aquí se procuró hacer amasar pan, no sólo a todas las panaderías, sino a las demás personas capaces y que tienen utensilios para ello, lográndose el haber un surtido y repuesto competente, y haber suministrado a la gente, por todas partes que lo han necesitado y pedido de pan, vino, carne, arroz y otras especies como constará de los cuadernos de apuntes que para este efecto han hecho..."
Y sigue una larga narración de órdenes y comunicaciones al clero, hospitales, abastecimientos, etc.
Una de las hazañas más notables de aquellos días fue protagonizada por veinte milicianos del Regimiento de La Laguna que, alentados por el cabo Florencio González, ascendieron por la ladera de La Altura, llevando a hombros las cuatro piezas de artillería con todos sus accesorios y municiones, logrando cubrir aquella zona y rechazar al enemigo.
En el castillo de San Cristóbal, principal baluarte de las defensas en aquellos días, tenía su residencia y puesto de mando el Comandante General don Antonio Gutiérrez de Otero. Este castillo, lamentablemente también desaparecido, ostentaba el nombre del Patrón de la ciudad San Cristóbal. El lagunero Don José Monteverde era su Gobernador y fue quien mandó en aquellos días del ataque inglés abrir urgentemente una nueva tronera en la parte que daba a la playa, colocando un cañón de metralla que causó enormes estragos a los invasores y que, según se supone, hirió al Almirante Nelson en el brazo.
Según relatos de la época, los componentes de las distintas unidades que intervinieron en aquellas históricas jornadas fueron: 330 milicianos de La Laguna y La Orotava, 387 artilleros veteranos y de milicias, 245 rozadores de La Laguna, 247 del Batallón de Canarias, 110 Cazadores provinciales, 60 del Regimiento de la Habana, 110 franceses de la corbeta Mutine y 180 pilotes y auxiliares paisanos.  Milicias Provinciales de Canarias El 27 de julio de 1797, el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, aprovechando la festividad del patrón San Cristóbal, dispuso celebrar con toda solemnidad la victoria con un gran desfile y Te Deum en los Remedios.
Días más tarde, el 30 de ese mismo mes, se celebró en la plaza fuerte de Santa Cruz una misa.
Con estos datos pergeñados en las anteriores líneas, sólo intentamos dar una pequeña idea del ataque de Nelson a La Laguna de Tenerife, y la gran importancia que tuvieron los hijos de esta Noble e Invicta Ciudad de San Cristóbal de La Laguna en los hechos de estas efemérides que ahora se conmemora.
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