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DESEO DE QUE LA SOLUCIÓN PARA LA CATEDRAL SEA LA MÁS ADECUADA
 
ORGANIZACIONES CÍVICAS DE LA LAGUNA MANIFIESTAN SU DESEO DE QUE LA SOLUCIÓN PARA LA CATEDRAL SEA LA MÁS ADECUADA
 
Varias de las organizaciones cívicas de La Laguna con mayor tradición, entre las que se encuentran el Ateneo de La Laguna, la Asociación de Amigos de La Catedral, la Asociación en Defensa de La Laguna, el Orfeón La Paz, la Junta de Hermandades, la Asociación de Vecinos “Casco Histórico de La Laguna”, el Casino de la ciudad, y la Real Sociedad Económica de Amigos del País, entre otras, hemos mantenido durante las últimas semanas una serie de reuniones para abordar la situación de la Catedral de la Diócesis Nivariense.

Ante el anuncio de que a principios de diciembre se hará público el plan de actuación que el Ministerio de Cultura propone para el inmueble, las agrupaciones mencionadas deseamos manifestar nuestra esperanza por que la solución adoptada sea la más acertada y duradera.

Este emblemático edificio ha permanecido cerrado siete años, durante los cuales se ha ido convirtiendo poco a poco en una ruina. Para una ciudad que presume de ser Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, es inaceptable que perdure una situación que está a punto de destruir uno de sus principales monumentos arquitectónicos.

Abogamos por que las medidas que se presenten en los próximos días supongan una solución definitiva para este grave problema. Sería nuestro deseo que se cumplieran todos los plazos señalados para evitar dilatar más esta penosa situación, y que la rehabilitación que se acometiera fuera abordada con voluntad de perdurabilidad.

Ha habido comentarios que apuntaban la posibilidad de que la reforma que se realizara fuera de carácter parcial y con una duración estimada de sólo cincuenta años. Nuestro criterio es que tal medida sería un error, y que debería apostarse por una construcción más duradera, puesto que medio siglo en la vida de una catedral es muy poco tiempo.

Con estas líneas sólo pretendemos estimular a las autoridades competentes para que sean conscientes de la importancia de sus decisiones sobre este asunto, las cuales afectarán a muchas personas que, ya sea por creencias religiosas, orgullo cívico o respeto por la historia y la cultura, desean que la Catedral de La Laguna vuelva a abrir sus puertas en perfectas condiciones de uso.

En La Laguna, a 28 de noviembre de 2008
 
 
D. Antonio Porlier y Sopranis, I Marqués de Bajamar (I) Imprimir E-Mail
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sábado, 09 de agosto de 2008
 
Por/Julio Torres Santos
 
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D. Antonio Porlier y Sopranis, I Marqués de Bajamar, pertenece, por su edad, a la que podríamos llamar segunda generación de ilustrados, a aquel grupo de hombres que, nacidos en el primer tercio del s. XVIII, se caracterizaron por sus afanes reformistas.

Pero a su etapa de gobierno llegó tarde, con bastante retraso cronológico, por haberse hallado ejerciendo de jurista en Indias cerca de veinte años. Ello hace que su incorporación a las tareas políticas en la metrópoli se produzca cuando se acerca a los sesenta años y se está ya en el último cuarto de siglo.

Sexto hijo de D. Esteban Porlier y Du-Ruth y Dña. Rita Sopranis Dutari, nació el 16 de abril de 1722, en la casa número 54 de la lagunera calle de La Carrera.

Conoció Porlier hasta seis reinados, cinco de la casa de Borbón y el de José Bonaparte. Si bien cuando muere Felipe V, en 1746, sólo cuenta Porlier veinticuatro años y estudia en la Universidad de Salamanca, sirvió y recibió honores de todos los demás. Así, Fernando VI -durante cuyo reinado escribiría varios trabajos sobre Canarias- le nombró, en 1757, Fiscal Protector de Indios; Carlos III le hace, en 1765, Oidor de las Audiencias de Charcas; dos años más tarde, Fiscal de la de Lima; y en 1773, Fiscal del Consejo de Indias.

De regreso a Madrid, le nombra miembro de la Cámara de Indias, donde viene a coincidir con Huerta, Machado Fiesco, lriarte, etc.

En 1787 es nombrado ministro del despacho de Gracia y Justicia de Indias, en cuya etapa consigue para Tenerife el Jardín Botánico. Muerto Carlos III, su hijo Carlos IV le lleva a los máximos cargos y honores: Consejero de Estado, en 1789; Ministro de Gracia y Justicia de España e Indias, en 1790; Marqués de Bajamar, en 1791; Gran Cruz de la Orden de Carlos III, en 1792.
 
Cuando cae Floridablanca, Carlos IV le releva del ministerio y le nombra Gobernador del Consejo de Indias. Tiene nuestro hombre setenta años y él mismo se considera ya fuera del juego de la Corte. No quedan de esta etapa sus Discurso exhortatorios, que año tras año a pronunciando, entre 1793 y 1805.

En 1807 Bajamar cree despedirse de la vida pública: en mayo concluye su Autobiografía; en septiembre fecha la Relación puntual de su paso por el Ministerio. Cuenta ochenta y siete años... Pero otra cosa le tenía reservada el destino.

Los sucesos se precipitan y encadenan, y entre ellos queda cogido el Marqués de Bajamar. Del proceso de El Escorial pasamos al Motín de Aranjuez. De las renuncia reales de Bayona al Dos de May madrileño. Bajamar jura ante el Rey José en Madrid con el Consejo de Estado; pero después de Bailén, con el propio Consejo presta juramento a Fernando VII, afinales de septiembre.

La presencia de Napo]eón en Chamartín y la capitulación de Madrid, a primeros de diciembre determinan el definitivo afrancesamiento de nuestro personaje.

Vuelve al Consejo de Estado "josefino". Se le sanciona por la Junta Suprema, instalada en Sevilla: con él, aunque mucho más comprometidos con José, se encuentran Estanislao de Lugo y Bernardo Iriarte, que habrán de seguir el camino del exilio y morir fuera de España.
 
Bajamar no. En primer lugar, no sigue a José en sus marchas de Madrid; y cuando se produce la de agosto de 1812, después de la batalla de Los Arapiles, da por c1ausurada su actuación pública, se mete en su casa y el 8 de febrero de 1813 fallecerá.

De la extensa biografía de este activo personaje, sólo podemos extendermos en algunos puntos.
 
 continuará
 
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