Por/Carlos Garcia García
Desde la Mesa Mota
Primeros y sucesivos templos.- Alonso Fernández de Lugo encontró, en 1497, a la Santa Imagen en la cueva de Achbinico o de San Blas, celebrando allí la primera fiesta de la Purificación, según lo narra Espinosa, viéndose por vez primera una procesión católica en las playas de Tenerife, portando a la Virgen a hombros de los menceyes de Güimar, Taoro, Anaga y Tacoronte, distinción que correspondía de justicia y en las que, años adelante, los descendientes de los guanches fundamentaron el derecho de pertenecerles el cargar la Santa Imagen, por juro de heredad.
Pero ésta cueva no fue el primer asentamiento donde permaneció la Virgen. Antes, y desde el momento de su aparición, fue venerada por los aborígenes de Chinguaro, en el auchón propio del mencey de Güimar, donde por acuerdo de todos los menceyes de la isla, permaneció y recibió culto y veneración. Se estima que la estancia en este lugar fue de cincuenta y cuatro años.
La intervención de Antón Guimares, al conocer la existencia de la Virgen en este entorno, condiciona el traslado de la misma a la cueva de Achbinico o de San Blas, por no ser decente el lugar donde se encontraba, y donde el mismo Antón y Pedro de París, sacerdote francés, quedan al cuidado de la cueva, lugar conocido por los naturales ya que el lugar era utilizado para ordeñar sus ganados. En esta cueva permanece la Virgen hasta después de la conquista, sumando unos cincuenta años de permanencia.
En 1526, treinta años después de que Lugo localizase en Achbinico a la Virgen, por orden del 2º Adelantado, Pedro Fernández de Lugo, se le construye el primer templo de fábrica, a escasos metros de la famosa cueva, aunque este no parece del agrado de la Señora, pues, según cuenta la leyenda, por la noche se restituía la imagen a su primitiva morada, hasta que por fin, mediante ruegos y oraciones, se logró que la misma quedara fija en el templo.
Desde ese momento y al salir la Virgen de Achbinico, se coloca en el altar la imagen de San Blas, por lo que, el 3 de febrero se celebra su fiesta y comienza a conocerse la gruta con el nombre del santo. Esta se convierte en iglesia parroquial, a partir de 1543, hasta la nueva construcción de la parroquia de Santa Ana.
Junto a esta cueva-templo, y en vista de las frecuentes romerías, se construyen algunas dependencias para los capellanes y para los peregrinos que no encontraban donde guarecerse.