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miércoles, 13 de agosto de 2008
Por/Carlos Garcia García
Desde la Mesa Mota
 
ImageLitigio con los aborígenes.- Los descendientes de los primitivos guanches sostuvieron con las autoridades del Cabildo y con la misma iglesia, un pleito que se prolongó muchos años por mantener el privilegio, que sus razones poseían, de cargar a la imagen en las procesiones.

La causa deriva de que el 2 de febrero de 1587, por parte del Cabildo, los guanches fueron despojados de su derecho, habiendo sido maltratados e interrumpidos durante la procesión. Por ello acudieron a la Audiencia, la que despachó una Real ejecutoria, dándoles la posesión y amparo que pedían, con obediencia por parte de todos. Volvieron en otra ocasión a pleitear su derecho hasta delante de Felipe III, quién los amparó y les encomendó la comisión de defender y vigilar el santuario, bajo las órdenes de los Capitanes Generales, los cuales delegaban en los Priores del convento.

Los hechos que Rodríguez Moure nos relata parecen haberse desarrollado de la forma que a continuación se refiere.

Cristóbal Trujillo de la Coba, Regidor del Cabildo, asistió a la fiesta el 2 de febrero de 1587 en representación de este cuerpo. Era hombre violento y en su calidad de castellano, soberbio y despectivo hacia la raza guanche, como pensara que era mucho honor para los naturales el tener la exclusiva de cargar a la Virgen, trató de arrebatarles esta prerrogativa, ordenando ser él quien sacara las andas del trono. Los naturales rodearon las andas y, tomándolas, sacáronla fuera de la Capilla Mayor, hecho que provocó la ira de Trujillo, quién intentó arrebatar las andas que llevaban los guanches, gritándoles ofensas contra ellos, tales como, vellacos, pícaros y guanches de baja suerte. Con este tumulto el Vicario del convento determinó que dos frailes y dos naturales sacaran a la imagen, por lo que de nuevo Trujillo trató de arremeter contra ellos, cosa que no logró al amenazarle con la excomunión el Vicario de la isla.

Cuando ya había recorrido un buen trecho la procesión, de nuevo acomete contra los que llevaban la imagen, diciéndoles insultos y afrentándoles por su origen, actos que obligaron a la concurrencia a amotinarse, en cuyas revueltas se rompieron las andas y resultaron varios contusionados y heridos, entre estos un hombre y un niño a los que se les fracturó un brazo al caer atropellados en la pelea.

La sentencia de la Audiencia fue: “Fallamos que Pedro Fernandes, representante de los naturales, queda amparado junto con los naturales a la posesión de sacar a la Imagen de Ntra. Sra. De Candelaria en sus hombros, tomándola desde el altar y restituyéndola a él, bajo multa de 50.000 maravedíes a los que perturvaran”.
 
El siguiente pleito fue con los Dominicos, por negarse éstos a cumplir la sentencia, cuando la Virgen fue traída a La Laguna en 1588. Estos religiosos pretendieron ser los que llevarían a sus hombros a la Patrona.

Por fin, en 1601, se resuelve el litigio, con las condiciones de que fueran los frailes quienes sacaran las andas hasta fuera de la Capilla, que allí la entregarían a los naturales, quienes en ese sitio y a pie firme, sin dar un paso, las darían a los Regidores para que la condujesen hasta  fuera de la iglesia, donde nuevamente la tomarían los naturales.

Lo que sí es cierto es que en lo que sería la futura villa de Güimar se concentraron familias que presumían orgullosamente de naturales, esto es, aborígenes, y por ello alegaban preferencia en algunas prácticas populares del culto a la Virgen. Hasta el siglo XVIII, en el pago de Guasa, se pretende que los vecinos son naturales de Tenerife frente a los  pobladores del resto de la isla.

El valle de Güimar, y por razón de su culto cristiano anterior a la conquista, constituyó un refugio y una especie de seguro para los aborígenes, y parece estar demostrado que el primer núcleo sedentarizado de estos pastores estuvo en el lugar de Candelaria, aunque nomadizasen en todo el valle.

En la actualidad lo que conocemos con el nombre de la Ceremonia, tiene evidentemente su origen en lo que acabamos de relatar.

El rito de los guanches frente a la Patrona, reproduciendo con más o menos fidelidad los hechos históricos conocidos, tiene su entronque directo con los primitivos naturales.
Los hombres que representan teatralmente el motivo, derivan del mismo pueblo y no todos pueden optar a este honroso cargo ya que esta potestad se transmite hereditariamente.
Estos, cubiertos con zaleas y pieles, con largas pértigas, ejecutan saltos y gritando y silbando, dan un sello característico al espectáculo. Es la Ceremonia el mejor de los motivos que tiene la fiesta. Y la representación es remunerada pues se cobra un jornal que a    antes era de dos pesetas o medio duro y que cobraba cada uno de los “guanches” intervinientes
 
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