Por/Carlos Garcia García
Desde la Mesa Mota
Motivos típicos de la fiesta.- La romería de antes comenzaba con la llegada de los peregrinos a Candelaria desde el 13 de agosto que, a pie, recorrían los senderos y caminos de toda la isla.
Se visitaba el santuario y se ofrecían velas y latas de aceite que, en promesa, se traían, y a cambio se recibían unas diminutas velitas verdes y unas cintas de colores amarillas y rojas.
El día 14 se recibía a la mayoría de los peregrinos que, en carros engalanados o a lomo de bestias, se acercaban de los pueblos más cercanos o, incluso, llegaban en embarcaciones desde Santa Cruz.
Eran éstos últimos los más alborotadores y animados pues con sus parrandas, animaban la calle de la Arena, que se vestía de turroneras, ventorrillos y un sinfín de puestos verbeneros. La Plaza, antes llamada de la Cera o de las Arenas, se animaba con miles de fieles y se escuchaba el tronar de los voladores.
Existía la costumbre de saltar a los claustros del convento, llenándose los corredores de personas que saltaban violentamente sobre los pisos de madera, haciendo crujir y tambalear los mismos.
Mientras esta manifestación alegre sucedía, otro grupo de mujeres, más devotas, cumplimentaban sus promesas de caminar de rodillas por la misma arena o dentro del templo con velas encendidas.
La culminación de la fiesta llegaba al anochecer con la procesión de la Virgen, quién a lo largo de la playa desfila en compañía de los fieles, alumbrando la comitiva las luces de las bengalas y las antorchas, con sonidos de ajijides y cantos.
Pero no solo hay devoción en la fiesta. También lo pagano y popular, lo mundano, tiene cabida en la misma.
Las letras de las isas y las coplas que entonan las parrandas tienen fama merecida de cierta amoralidad rozando en lo irreverente. Es la suma de factores como la diversión, las risas, los tragos de vino, el “carro de romeros” que, como cuenta maravillosamente Amaro Lefranc en sus “Turrones de la Fiesta”, hace decir a un forastero mientras escucha los
chillidos y ajijides al pasar :
” Cual gritan esos malditos.
Parecen cacareos de pavos y relinchos de potros”.
A lo que le contesta un mago presente en la fiesta :
“No son relinchos de potros
ni cacareos de pavos
son voces de gente humana
! Son rejijides de magos !
En referencia a las coplas subidas de tono y de color, recordemos estas tan conocidas que dicen :
La criada del cura
de Candelaria
no se lava el conejo
por falta de agua.
Lo que vi en Candelaria
yo no lo digo
el Obispo en la playa
rompiendo virgos.
Hoy la romería ha cambiado de estilo. Ya nos son carros sino algunos camiones enramados. La caminata ha ido en franca regresión aunque aún podemos ver en la víspera algunos grupos de peregrinos camino de la Villa Mariana. Ya no se traen viandas y comidas y las parrandas de músicos ya casi no se escuchan. Es el progreso.