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La Laguna Ahora agradece las colaboraciones de todas las personas que han expresado libremente su opinión en este periódico y puntualmente las que hacen referencia al último tema que propusimos: la candente controversia entorno a la decisión de prohibir la presencia del ejército en las procesiones de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, especialmente en las de Su Stmo. Cristo, impidiendo así cumplir la promesa que hicieron los laguneros y laguneras para que sus hijos (o maridos, nietos, sobrinos,…), artilleros de la Batería de Montaña del acuartelamiento del Cristo, regresaran sanos y salvos a sus hogares tras la dura campaña de África.
Evidentemente somos conscientes de que el tema levanta pasiones, que a veces hacen perder la perspectiva. Como todos nuestros lectores saben, nos caracterizamos por respetar, rigurosamente, la libertad de expresión; por eso hemos publicado y publicaremos todas las opiniones que nos hagan llegar, siempre que no sean difamatorias, denigrantes, falaces... Sin embargo, ante un atropello como el que está padeciendo Tenerife, las opiniones de nuestros lectores se han exacerbado de tal manera que es preciso reclamar calma, apaciguar apasionamientos, para así poder expresar con claridad los argumentos. En todas las opiniones subyace un deseo común, que es un clamor, pero expresiones desmedidas sólo conseguirán dividir y herir sensibilidades. Por el bien de la misión que los laguneros y laguneras y todas las personas de bien que quieran colaborar para conseguir este objetivo legítimo que nos mueve, debemos dejar de lado los arrebatos que nos hacen perder la razón. Es por lo que desde estas páginas agradezco y ruego sensibilidad, mesura y respeto; sólo así llegaremos a ser una misma voz, que no es otra que la voz de la Historia, la voz de un pueblo con un tradición que se niega a que lo pisoteen y ultrajen sus tradiciones, la fe de sus promesas y oraciones; en suma, la voz de nuestros bisabuelos y de nuestros abuelos, que han contribuido a conformar la voz del pueblo de Tenerife, del pueblo lagunero, que ahora se expresa a través de nosotros. Cuando se acaloren los ánimos, propongo reflexión. Reflexión para D. Bernardo:
“Nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”.
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