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martes, 26 de agosto de 2008
 
Por/Fidel Campo Sánchez
A vista de Berode
 
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Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos. La victoria pertenece al más perseverante.

¿Es una fe sincera la fe que no actúa? ¿Qué dirá el lector?

La noticia ha pasado casi desapercibida, relegada a las páginas de los periódicos donde se dan a conocer extrañas biografías o anécdotas increíbles. Un cura aragonés le quitó la espada a la imagen del apóstol Santiago, por aquello de que se ofende al Islam y ofrece una imagen agresiva del cristianismo, otro "idiota" o soberbio como el obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, señor de las Breñas la ha emprendido contra la imagen del Santísimo Cristo y su Escuadra de Artilleros, hasta posiblemente rayando la apostasía, predicha por Pablo.

Entre los pocos datos de Historia de España que recordamos, se nos han quedado grabadas las imágenes de Favila comido por un oso, la reina Isabel sin mudarse de camisa hasta conquistar Granada, y el apóstol Santiago derrotando a los moros en la batalla de Clavijo allá por el 844. Por supuesto que todas son leyendas, pero no por ello se debe destruir cualquier referencia a hechos legendarios, pese a que estos dos, el del curilla aragonés y del obispo palmero sean recientes y que deben proponerse al premio de la insensatez y  estupidez

Por ejemplo, la universalmente conocida imagen de San Jorge matando a un dragón sería ya totalmente incorrecta, puesto que los ecologistas en cualquier momento pueden protestar por usar a un santo como asesino de animales e incluso de haber contribuido a la extinción de los dragones, si es que alguna vez existieron independientemente de cuestiones mitológicas. Y por la misma razón podría irse eliminando el tercer cuartel del escudo de Aragón donde aparece la cruz de San Jorge rodeada de cuatro cabezas de moros. No creo yo que al cura aragonés le agrade, por iguales motivos, la pesca milagrosa de Jesucristo en el lago Tiberiades, con las redes cargadas de peces hasta el punto de que las embarcaciones casi zozobraban. Al fin y al cabo podría ser calificada como una depredación ecológica. Y no quiero ni mencionar el ataque de ira del mismísimo Jesucristo cuando la emprendió a palos con los comerciantes que estaban a la puerta del templo de Jerusalén. Por razones similares podría el buen cura arremeter contra las cabezas de San Emeterio y san Celedonio, decapitados allá por el 300 DC en Calahorra y arrojadas al Ebro, con absoluto desprecio a las más elementales normas sanitarias. Algo que el buen párroco aragonés debiera conocer, y en consecuencia tomar medidas.

Pero al lado de tratar de borrar leyendas, este cura bobalicón ejerce su catequesis en un pueblecito donde había una imagen del apóstol Santiago, patrón de España precisamente por haber luchado contra los invasores musulmanes. Y no se le ocurre otra cosa que quitarle la espada y dejarle como un jinete montando un caballo de batalla, con los faldones remangados y la mano alzada no se sabe para qué, quizás para bendecir a los combatientes. Cuando le arrebata su arma a Santiago, ese clérigo de allende los mares y el de aquí, señor de las Breñas actúan como nuevos inquisidores decidiendo lo oportuno o lo inoportuno de cualquier imagen, como símbolo o como objeto de arte. Hoy decidieron amputar la espada al Apóstol de su pueblo y, el benahorita (palmero) cargarse la Escuadra de Artilleros. Si pudiesen, eliminaría la misma imagen del transepto sur de la catedral de Compostela, o los retablos que reflejan el episodio o cualquier estatua y pintura que rememore el acontecimiento, como la imagen del Cristo de todos los canarios.
 
En Aragón y en La Rioja existe una importante colonia inmigratoria procedente del Magreb y otros países. Un cura tan políticamente comprometido no toma esta medida para convertirlos a la fe cristiana, sino para hacernos más simpáticos a los ojos de los hijos de Alá.

Personalmente  nos importa un bledo saber quién mató a más gente durante la Reconquista, si los católicos dirigidos por Santiago, por el Cid o por Alfonso el Batallador o los musulmanes al mando de Abderramán, de Almanzor o del moro Muza. No nos condiciona la vida saber si eran más sanguinarios los leoneses, los navarros, los almohades o los benimerines. Pero sí nos gusta recordar aquellas enseñanzas del bachillerato infantil en la que se nos mostraban caballeros, espada en mano, rompiendo cabezas en derredor como Ricardo Corazón de León en las Cruzadas, a Juan de Austria dirigiendo sus naves contra el turco en Lepanto, e incluso al cardenal Cisneros desembarcando en Orán. Y no por ello nos sentimos en deuda alguna con el mundo musulmán, que estamos seguros, comparten nuestra opinión cuando piensan en el pirata Barbarroja, en la conquista de Constantinopla o el tributo de las cien doncellas cristianas para el califa de Córdoba que dio lugar a la batalla de Clavijo, y la leyenda de Santiago Matamoros.

Claro que, a lo mejor, estos dos curitas piensan que eso de entregar cada año un centenar de doncellas o donceles  para solaz del moro, no justifica que los católicos se hartasen y dijesen que ni una más y en Clavijo nos veríamos las caras. Hay muchos tontos sueltos, y alguno alcanza su minuto de gloria y estupidez. Este párroco aragonés ha disfrutado del suyo. Lo malo es que, a partir de ahora ya verán como empiezan a surgirle discípulos, como en La Laguna el señor de las Breñas, quizás todo un “adelantado” contra el arigón en su cruzada contra los laguneros y la Escuadra de Artilleros que debe acompañar al Cristo, al menos en las fiestas de septiembre , por mor de una promesa hecha a nuestro Señor, en 1922, con motivo de la Guerra de África para que regresaran a sus lares todos, sanos y salvos, como así ocurriera.

En este país de iconoclastas, en el que no nos sentimos cómodos hasta que cualquier estatua, placa conmemorativa, retrato o incluso narración sobre los acontecimientos pasados analizados con criterios actuales nos parecen insostenibles, el episodio de Santiago Matamoros  como el de la Escuadra de Artilleros de La Laguna son uno más de la insensatez y la soberbia de los marcados por el nacional catolicismo. Hoy le toca el turno a Santiago, patrón de España desde 1648. Mañana eliminaremos de la Historia a todo aquel personaje que no se ajuste a nuestra moral actual: desde Felipe II al conde duque de Olivares, desde Fernando VII hasta el dictador Franco que, nos guste o deje de gustarnos, éste último forma parte de la Historia reciente que debe darse a conocer a futuras generaciones pese a ser, junto con Hitler, Pinochet, Stalin, Chauchescu, paradigmas de lo que no se debe hacer contra los Derechos Humanos y las libertades individuales.

Nuestras críticas solemos argumentarlas,”en buena lid” y para que se cumplan las promesas, por aquello de que: ¡lo prometido es deuda!. Deuda que, más que le pese al “ínclito” Bernardo, tienen los laguneros con  el Santísimo Cristo.

Y finalizamos pidiéndole al Cristo ilumine a alguna persona influyente con el señor de las Breñas, pues, dadas sus testarudeces y tendencias exóticas cualquier día tiene la “genial” idea de colocarle unas maracas a San Miguel o San Cristóbal para que hagan juego con esas extravagantes estolas solideo traído de los confines del mundo. AMEN

 

 

 
 
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