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El pasado jueves, se procedió al solemne traslado de los restos exhumados del Cura Díaz desde el cementerio de Santa Cruz de La Palma hasta la parroquia de El Salvador. Con tal motivo publicaremos una serie de artículos de nuestro apreciado amigo José Guillermo, para dar a conocer entre nuestros lectores al Cura Díaz. Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
Manuel Díaz nació en el seno de una familia humilde en Santa Cruz de La Palma, cuando en Canarias, gracias a los planes de renovación que el monarca Carlos III había logrado en la política y en la economía del país, se respiraban unos aires de transformación y reformas muy profundas. Algunos de sus reales logros fueron, por ejemplo, la libertad de comercio con América iniciada en 1778 y una firme potenciación de las relaciones multilaterales con el extranjero. El monocultivo insular más importante era la vid, pero gracias a los intentos de la Sociedad Económica de los Amigos del País, se logró la introducción de nuevas plantas, como el tabaco, el algodón, etc. Unos progresos que tuvieron más auge en las islas de Gran Canaria y Tenerife, a pesar de que el puerto de la capital palmera rivalizaba en tonelaje con los de las islas mayores. También La Palma quedaría rezagada en el despliegue cultural de sello laico y liberal que se había gestado en dichas islas. La nueva orientación del arte iniciada a mediados del siglo XVIII y regida por las normas de la Academia de Bellas Artes recién fundada, llega también a Canarias y se divulga a través de la Escuela de Dibujo de Las Palmas, establecida en 1782, reflejándose en la obra de los escultores canarios dentro del carácter barroco que se mantiene constante. En La Palma, los franciscanos y dominicos seguían impartiendo la enseñanza, mientras que en Tenerife, por ejemplo, los jesuitas se encargaban de la educación de los hijos de la aristocracia y los agustinos habían fundado la primera universidad canaria en el convento de La Laguna (1744). Los dominicos en La Palma habían creado una especie de universidad en el seno de las dependencias conventuales. Así, impartían clases de la básica y superior y darían una extraordinaria importancia a la creación artística. Sería en este cenobio donde se formarían los hijos de las familias más ilustres de la ciudad de Santa Cruz de La Palma. Fue en 1794 cuando en ella se fundara la primera escuela pública. El “Padre Díaz” contaba con veinte años.
Precisamente, sería este importante personaje en la historia de La Palma quien se constituiría en crucial eslabón entre la cultura del siglo XVIII y la siguiente. El llamado Siglo de Oro de La Palma se iniciaba a partir de los años veinte del siglo XIX, en el que surgieron importantes figuras en el ámbito, no sólo insular, sino, incluso, nacional. Se convertiría en la primera figura de talante ilustrado que conocía La Palma, encabezando, como diría Fuentes Pérez, “todos los movimientos, tanto de índole socio cultural, como político”. El mismo investigador lo denomina “fundador de «La Palma cultural». Fue iniciador de grandes empresas y hombre convencido de que el Evangelio no era una realidad aislada o separada de los acontecimientos sociales, sino que era parte integrante de los mismos. Luchó incansable y tenazmente contra la incultura de su pueblo.
“El padre Díaz resume y representa, por sí mismo, toda una época en la historia de Santa Cruz de La Palma. La modernidad de su pensamiento, la relevancia de su acción pastoral y pedagógica, la propia leyenda del liberalismo, independencia de criterio y bondad que envolvió su existencia son algunos de los sillares sobre los que se sustenta, como el albo pilar de su estatua en la Plaza de España, el símbolo democrático más noble y duradero de nuestra Ciudad” |