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domingo, 31 de agosto de 2008
 
Por/J.Lavín Añonso

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Tal vez no ocurra en la presente década; o en los próximos quince o veinte años. Tal vez tengan que pasar varios lustros, pero su llegada es inevitable, y su presencia catastrófica, salvo que se adopten medidas extremas contra su advenimiento, si es que aun es tiempo. Me estoy refiriendo a la desertización de buena parte del plantea, maléfica lotería para la cual nuestro país, y mas concretamente nuestro archipiélago, tienen adquiridos bastantes décimos.

Hoy por hoy, la pauta de la economía y el desarrollo industrial del mundo la marca el fluir del petróleo y sus avatares bursátiles, pero llegará, al decir de no pocos científicos y expertos en medio ambiente, el día en que el oro negro cederá su puesto a la humilde y sencilla molécula compuesta de oxigeno e hidrogeno, sin la cual no es posible la vida en nuestro entorno. Y me refiero no solo a nuestro planeta sino a un ámbito de incontables millones de kilómetros, incluso años-luz, de diámetro.

En un futuro no bien definido aun, el agua será la sustancia mas afanosamente buscada y su posesión en mayor o menor abundancia será la pauta de  separación  entre países ricos y países pobres. De hecho, ya lo está siendo en bastantes lugares de la Tierra.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala la desertización como un fenómeno de degradación de la Tierra en zonas áridas, semiáridas y sub-húmedas secas, derivado de los efectos negativos de actividades humanas. Por este fenómeno desaparecen cada año del orden de seis millones de hectáreas  de tierras productivas con pérdidas millonarias por la decreciente productividad agrícola, que es la base primordial de la alimentación humana, no importa cual sea el nivel de riqueza de las distintas comunidades.
 
El estrepitoso fracaso del Protocolo de Kyoto y similares y el incremento de tamaño del agujero de ozono de la Antártida, ya del tamaño de Europa según las últimas estimaciones, son dos factores que contribuyen grandemente al incremento del fenómeno en cuestión, y no parece que los dirigentes del G-8, que engloba  a los países mas ricos del mundo, estén por la labor de paliar el avance de los secarrales. El agua escaseará cada vez más y no será infrecuente que futuros conflictos bélicos estén generados a causa de  tan vital elemento. Tal vez el futuro nos alcance mucho antes de lo que esperamos… y perdón por el exceso de optimismo.
 
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