Por/Fidel Campo Sánchez A vista de Berode
¿Estamos mal del "tarro"? Leemos en este periódico digital, valiente y democrático en defensa de la verdad: Las injusticias nos hacen hervir la sangre.
¡Ay Señor, Señor!, cuando en esta La Laguna de nuestros amores y sufrimientos, a un tapiz tienen el atrevimiento manipulador de denominarlos como la alfombra incorrupta y, que ante tamaña barbaridad, el señor de las Breñas. Se haga el bobo para que lo carguen, nosotros, los ciudadanos de a píe tenemos, como mínimo, que rasgarnos las vestiduras. Nos hemos quedado petrificados por el espanto que nos ha producido la lectura de este tema, en la web de la Esclavitud en relación al calificativo que se atreven a considerar como un milagro, en relación a la alfombra hiciera el artista alfombrista, don Ezequiel de León, en homenaje a su padre y que don Carlos Silva, después de pasar el Cristo y ser pisada por el clero y asistentes, recogiera el 80% de la misma, por tres cuestiones especiales: arte, representación del significado de el Cristo y el homenaje al Teide que representan sus arenas.
Nos producen indignación los mensajes de prácticas medievales que, para la descripción del “milagro” utilizan determinados personajes como el del que recogió el 80% de las arenas en parafernálica pretensión de depositar las mismas en clausulas de cristal adornadas de plata en dependencias de la Esclavitud y en el palacio Salazar, víctima del fuego y de la irresponsabilidad de quienes tenían la obligación de cuidar de una joya del Patrimonio de La Laguna. Todo esto son alardes de vanidad que evidencia que son frecuentes las huellas de falta de caridad y amor al prójimo, en unas Islas que en plena recesión económica, un clero y la compaña se permiten gastos ingentes de dinero en la reconstrucción del lujo más sofisticado del palacio Salazar, antigua sede del Obispado de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, ¡mirando para otro lado!, a fin de no ver la realidad: las necesidades de muchos de nuestros hermanos que carecen de lo más necesario y de un techo bajo el cual cobijarse y, otros, mayorías que no pueden pagar sus hipotecas debido al cambio económico.
Que el entonces esclavo mayor, señor La Roche se atreva a invitarnos a fomentar la práctica de las virtudes cristianas y ejercitar la caridad que, precisamente él y el obispo ignoran, ¡clama al cielo!, pues no podemos admitir el que se nos presenten falacias milagreras, con modelo de esa compasión hacia los otros que no sienten, que es hipócrita e injusta, mas de civilización antidiluviana y para propiciar la superstición y el fanatismo que tanto daño hace al crecimiento espiritual de los creyentes.
O que Bernardo Álvarez, representante máximo de los católicos en La Laguna que, para nosotros cristianos está en plena apostasía cual ha sido el abandono de sus obligaciones hacia el rebaño del que, en principio, parece su pastor, entendiendo como tal el rebaño católico pese a que tengan el atrevimiento de consideren portavoces de todos: cristiano, musulmanes, testigos, evangelistas…
Que este ciudadano se atreva a hablar de que no hagamos sufrir a nadie con nuestra conducta que, por cierto él considera desacertada y que nuestras pésimas conductas nos deben llevar a soportar la pesada cruz de quienes nos necesitan. Haciendo el tal Bernardo alardes de humildad farisea al obligar a los laguneros cargar una cruz impuesta para que soportemos esas medidas inquisitoriales de un sínodo diocesano al que se aferra para mostrar sus soberbias de inquisidor contra la Escuadra de artilleros y los sentimientos de los laguneros.
Este ciudadano estimamos que el único camino que debe seguir es el cambiar de actitud o mandarse a mudar para Benahoré, de donde no debió salir para dar esa pésima imagen que da de los benahorita (palmeros) que le han situado muy alejando del Evangelio de Cristo y, nosotros apurando la copa del infortunio, de la desgracia que han supuesto para Aguere, personas alineadas clericalmente con los placeres del mundo, como dijo Teresa de Jesús: en la Cruz está la gloria. Y el honor. Y en el padecer dolor, Vida y consuelo. AMEN, AMEN
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