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Participan en la muestra los artistas Pedro Déniz, Óscar Hernández y Beatriz Lecuona, Guillermo Lorenzo y Nacho Ramírez Se trata de una selección de cuatro formas de afrontar la performance como actividad creativa y de su captación en vídeo
La exposición Acciones retenidas. 4 tendencias de la vídeo-perfomance, que puede visitarse en el espacio cultural El Tanque, dependiente de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, desde el pasado 18 de julio, cierra sus puertas al público este domingo, 7 de septiembre. En la muestra se pueden apreciar diferentes acercamientos al arte de la acción a través del vídeo y la manera de afrontarlo que tienen Pedro Déniz, Óscar Hernández y Beatriz Lecuona, Guillermo Lorenzo y Nacho Ramírez.
Acciones Retenidas es una selección de cuatro formas de afrontar la performance como actividad creativa y de su captación en vídeo, siguiendo pautas más o menos conservadoras pero igualmente válidas, donde la proyección se asume como una obra autónoma.
El arte de la performance hunde sus raíces en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX. Movimientos como el futurismo o el dadaísmo hacen de la acción su razón de ser, siempre con una voluntad crítica tanto social como política.
Así, Pedro Déniz asume la utilización del vídeo como documento, sus obras utilizan al público como parte integral de la obra y la cámara se convierte en registro documental de lo sucedido en tiempo y forma, si bien, posteriormente realiza edición de imagen aunque suele mantener el sonido original, como en su obra Welcome.
La presencia de performances realizadas exclusivamente para ser grabadas son escasas y suelen llevar una motivación social y crítica importante, sus contenidos son herederos de la tradición de la performance donde es importante el carácter crítico de la pieza, son temas recurrentes de sus obras la inmigración o las desigualdades sociales.
Por su parte, Óscar Hernández y Beatriz Lecuona presentan una unidad formal en casi todas sus piezas. Sus obras se caracterizan por el empleo de un punto de vista fijo en plano secuencia.
Ello les obliga a preparar una puesta en escena rígida, sus movimientos son calculados y la improvisación no forma parte de sus obras; el espectador tiene que completar la acción debido a que los artistas entran y salen de campo constantemente.
Emplean sonido directo y no utilizan público, en este sentido, sus performances son realizadas expresamente para ser grabadas aunque tiendan a un estilo documental.
Guillermo Lorenzo se enfrenta a sus obras de forma variada, registra sus acciones en vídeo del directo y luego las convierte en piezas de vídeo, modificando el sentido de la propia acción, le da importancia a los recursos narrativos de la imagen en movimiento y juega con el tiempo de representación. Dota al sonido de una gran importancia y generalmente la música es compuesta por el propio autor.
Finalmente, Nacho Ramírez concibe sus piezas de video como unidades con valor autónomo, no plantea la grabación de acciones como forma de registrar sus performances sino que les da un sentido audiovisual, sus obras son creaciones de video con características propias de la performance. Sus piezas reflejan la importancia del cuerpo, su obsesión por las texturas y del control del tiempo narrativo.
Es, en definitiva, un autor cuya sensibilidad estética le lleva a producir una forma de belleza plástica basada en lo abyecto, según la definición de Julia Kristeva. Como indica Carlos Arenas, “la iconografía de la abyección se conforma con los líquidos y sustancias que se desprenden del cuerpo, como sangre, babas, semen, vómitos y otras viscosidades que provocan la alteración del cuerpo humano ideal”, y Nacho Ramírez se acerca a esta imagen donde sus escenas imitan la sustracción de dichos líquidos.
Videoperformance
En los años cincuenta y sesenta esta manifestación experimenta un fuerte auge de la mano de autores como John Cage, Allan Kaprow o del grupo Zaj con nuestro referente canario Juan Hidalgo a la cabeza.
Canarias no vive al margen de estas novedades en las manifestaciones artísticas y como bien indica Franck González en el catálogo de la exposición Radio de Acción (CAAM, 2001), -un libro fundamental para acercarse al arte de la acción en Canarias- “la performance llega a las islas en una fecha relativamente temprana. En julio de 1965 Juan Luis Alzola y Luis Sosa realizan una acción en la Plazuela de las Ranas (…)”.
Acciones Retenidas representa un pequeño ejemplo de la herencia que se recibe en la actualidad del camino iniciado por Juan Hidalgo, Pedro Garhel, Nacho Criado, Concha Jérez, etc.
Sin embargo, los cambios no sólo en el mundo artístico sino también a nivel social provocan que las constantes de la performance hayan cambiado y las motivaciones de los propios artistas sean diferentes en la actualidad a las que impulsaron a los artistas de los setenta, ochenta y noventa.
En este sentido, términos como arte efímero, alternativo o corporal entran en cuestionamiento porque el uso de los nuevos medios técnicos de expresión modifica el propio concepto de performance. La imagen en movimiento potenciada por la aparición del vídeo o los nuevos programas de edición de vídeo y de composición musical ha provocado la aparición del término videoperformance, para definir la captación y registro de las acciones.
Como afirma Rodrigo Alonso en En los confines del cuerpo y de sus actos, “la incorporación de la imagen planteó la posibilidad de realizar obras con el único objetivo de ser registradas, lo que dio origen a la fotoperformance y a la videoperformance”, aunque con ello desaparezca el ideal romántico de lo efímero.
El vídeo modifica la concepción y la interpretación de la performance; modifica y manipula el punto de vista y el espectador es dirigido por la cámara, su visión no es libre y aleatoria.
Por otro lado, el montaje y la edición en vídeo determina significados diferenciados que en directo son totalmente opuestos, o cuanto menos diferentes, la edición cambia la realidad vivida y por tanto, el espectador se encuentra ante otra experiencia diferente a la performance.
En definitiva, el vídeo aboca a la performance a situaciones contrarias a la propia definición de acción. El vídeo convierte a la acción en un arte objetual, en un arte retenido, no efímero y donde lo físico se transforma en una pantalla, el contacto entre artista y espectador desaparece.
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