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EL «SEÑOR» DÍAZ (1774-1863) EL CURA ILUSTRADO (VI) Imprimir E-Mail
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viernes, 05 de septiembre de 2008
 
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
                   
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También en La Palma se le recuerda por su práctica filantrópica. Ya desde 1822 había trabajado con mucho esfuerzo para conseguir la traslación del Hospital y la Cuna de expósitos al monasterio de Santa Águeda, que ofrecía mayor espacio y luminosidad, etc. También había solicitado al Cabildo la expropiación del convento de monjas dominicas para establecer la Casa de Maternidad y el de religiosos franciscanos para la Casa del Socorro, quedando siempre el de Santa Agueda destinado a la Hospitalidad. Aunque estos objetivos no fuesen alcanzados, fueron una prueba de su preocupación social y, en cierto sentido, hasta de sus  ideas liberales.

El 21 de enero de 1836, con la reorganización de la Real Sociedad Económica de Amigos el País de Santa Cruz de La Palma, Díaz fue elegido Director de la misma.

Tampoco se puede olvidar sus esfuerzos de cara al fomento de la enseñanza:

“Su amor a toda ilustración le había hecho trabajar sin descanso en unión de otros buenos patricios por introducir en su pueblo la enseñanza mútua bajo el método de Lancaster, y en una de sus pláticas parroquiales ensalzaba la instrucción y deseaba que se abriesen en las escuelas clases especiales donde se enseñase la doctrina cristiana esplicada”.
 
El llamado Siglo de Oro de La Palma se iniciaba hacia 1821, con la fundación de una escuela primaria moderna, organizada de acuerdo con el sistema lancasteriano. Esta escuela, suprimida por la reacción política de 1823, había sido introducida en La Palma por las ideas liberales y benéficas del Cura Díaz, del presbítero y arquitecto José Martín de Justa (1784-1842) y del patricio Francisco García Pérez (1797-1883), quienes constituyeron la Junta Local de Instrucción Pública en 1821. Esta escuela modelo, caso único en Canarias y uno de los pocos de toda España, en sus dos años escasos de existencia, caló tan profundamente en las figuras más representativas de la educación palmera, que su fermento, una vez abolido el absolutismo, ya no se extinguió hasta el primer tercio del siglo XX.

Fue, más bien, un hombre ilustrado, es decir: culto, docto, erudito, sabio, instruido… Recordemos que la Ilustración era un movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII, que acentúa el predominio de la razón humana y la creencia en el progreso humano. Asimismo, se considera un don sobrenatural con que Dios ilumina el entendimiento, siendo una de las formas de la gracia actual. Manuel llegó a practicar la literatura, la música, la política, la oratoria –tan profunda y sagaz que más de una vez tuvo que asistir a las llamadas de atención que le hacia el Santo Oficio.

Renunció al cargo de canónigo de la Catedral de La Laguna, creada el 21 de diciembre de 1719, por comprender que La Palma  necesitaba  de su asistencia tanto como sacerdote como hombre de saber.

Con la llegada al poder del rey absolutista Fernando VII, soberano que había abolido todas las reformas de Cádiz, el liberalismo de 1814 a 1820 acudió a la conspiración, al secreto de la masonería y al apoyo del ejército por carecer de fuerza propia. En 1820 la sublevación iniciada por Riego permitió un período liberal, terminando con la intervención extranjera de los Cien Mil Hijos de San Luis (abril de 1823). Unos conflictos que se dejaron sentir en el seno de la comunidad canaria que, tras el restablecimiento de la Constitución de 1812, se produce un cambio de personas en los cargos de la Diputación Provincial y de todos los Ayuntamientos. Es el momento de nombrar a Santa Cruz de Tenerife capital de Canarias. En todos y cada uno de estos movimientos, actuaría el Padre Díaz, manifestándose abiertamente liberal, e incluso usando el púlpito para tales fines.
 
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